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DR JAMES LOVELOCK SOBRE EL CAMBIO CLIMÁTICO GLOBAL

El diario británico “The Independent” entrevistó en enero 2006 a James Lovelock, FRS, científico atmosférico considerado uno de los 100 pensadores más relevantes del mundo, sobre su reciente libro “La Venganza de Gaia”.

“Los centros climatológicos mundiales (el equivalente del laboratorio patológico de un hospital) han entregado su reporte sobre la condición física de la tierra, y los especialistas la ven como gravemente enferma, próxima a padecer una fiebre morbosa que puede durar hasta 100,000 años. Tengo que decirles, como miembros de la familia de Gaia, que Uds y nuestra civilización corren grave peligro.”

Nuestro biósfera Gaia se ha mantenido en condiciones sanas y aptas para vivir, al igual que un animal, durante la mayor parte de sus 3 billones de años de existencia. Fue desafortunado que empezamos a contaminarlo en una etapa en que el calor solar excede niveles cómodos. Le hemos dado una fiebre, que pronto empeorará hasta estado de coma. Gaia ha experimentado

esto y recuperado antes, pero demoró más de 100,000 años. Somos los responsables y sufriremos las consecuencias en este siglo. La temperatura subirá 8 Grados Celsius en zonas templadas, 5 en zonas tropicales. Mucho de la masa terrestre tropical se volverá desierto y chaparral, dejando de servir para regular el clima y agregándose al 40% de la superficie terrestre que ya debilitamos cultivando alimentos. Antes del fin del siglo billones de personas habrán muerto, y muchos sobrevivientes habitarán zonas polares donde el clima será más tolerable.

Al dejar de ver que la tierra regula su propio clima y composición atmosférica, hemos cometido el desatino de tratar de hacerlo nosotros mismos, como si fuéramos capaces de cumplir el cargo. Antes de tratar a Gaia con tanta ignorancia, disfrutábamos el hecho de que ella lo hacía por nosotros a la perfección, y libremente.

Cabe preguntar porqué la ciencia ha tardado tanto en reconocer la verdadera naturaleza de la tierra. Creo relevante la clarísima visión de Darwin sobre la adaptación de organismos al medio. Sin información sobre la química atmosférica y oceánica, él no podía preguntar si ocurría al revés, y nos demoramos hasta ahora en digerir su teoría. Teniendo esa información, sin duda se habría dado cuenta.

Si en esos tiempos hubiera existido conciencia de la compleja interconexión entre seres vivos y su medio, Darwin habría visto que la evolución involucra no solo al organismo, sino a la superficie entera del planeta, incluyendo cada nicho ecológico. Habríamos llegado a entender instintivamente no dañar los ecosistemas, porque son parte de la tierra viva.

¿Qué debemos hacer? Primero, tener claridad absoluta sobre la vertiginosa rapidez del cambio, y cuán poco tiempo nos queda para actuar. Segundo, cada comunidad debe optimizar el uso de sus recursos disponibles para sostener su civilización el mayor tiempo posible.

El cambio ambiental es global, pero necesitan manejarse distintas consecuencias locales. Inglaterra, por ejemplo, es casi como una gran ciudad, con escaso espacio disponible para cultivos y bosques. Depende por su alimento del mundo mercantil. El cambio climático lo privará de suministros regulares de alimento y combustible. No veo que los mayores contaminantes – Estados Unidos y las economías emergentes de China y la India – frenen sus emisiones a tiempo. Sucederá lo peor, y los sobrevivientes tendremos que adaptarnos a condiciones climáticas infernales.

Por nuestra inteligencia y comunicación, somos el sistema nervioso del planeta, y debemos ser su corazón y mente, no su patología. Reconozcamos que hemos dañado a la tierra viva, y necesitamos hacer la paz con ella. Hagámoslo mientras todavía nos quedan fuerzas suficientes para negociar, y no como una muchedumbre violentista.

Sobre todo, recordemos que en verdad es nuestro único hogar.

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