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HINDUISMO Y ECOLOGIA, CAPITULO 12

UNA SOCIEDAD ALTERNATIVA, por SWAMI PRABHUPADA

“Si nos olvidamos el propósito de la vida humana, y solamente nos apropiamos de los recursos del Señor pata la gratificación de los sentidos, enredándonos cada vez más en la existencia material – lo cual no es el propósito de la creación – ciertamente nos transformamos en ladrones, y por ello somos castigados por las leyes de la naturaleza material.” … A. C. Bhaktivedanta Swami Prabhupada.

De todos los maestros del Hinduismo del siglo XX, pocos han sido tan valientes y vehementes como A. C. Bhaktivedanta Swami Prabhupada. Cuando joven, era adepto incondicional de Gandhi, y compartía su principio de “vida sencilla y pensamiento elevado”. Al hacerse discípulo de su futuro gurú Bhaktisiddaaraswati a los 22 años, añadió a esta filosofía un firme compromiso con el mensaje de Krishna. Estos dos principios llegaron a ser el fundamento de su vida.

En 1975, a la edad de 75 años y después de haberlo pensado toda su vida, dejó la India en su misión solitaria. Primero, eligió dirigirse a los Estados Unidos de Norteamérica.donde consideraba que su mensaje hacía más falta. Pocas personas hubiera esperado que lograra tanto. Era viejo, estaba solo y no tenía dinero. No sabía prácticamente nada de Occidente, le estaría pidiendo a la gente que renunciara al materialismo - que para el incluía la intoxicación, el comer carne, el sexo ilícito – y que se dedicara a Krishna. ¿Cómo podrían los norteamericanos acceder a abandonar su estilo de vida y venerar una divinidad sobre la cual no habían oído nada? ¿Porqué iban a escuchar?

Sin embargo, jóvenes de Nueva York y San Francisco sí le escucharon. Su convicción, su práctica impecable de todo lo que predicaba, y su calidez y fuerza de carácter personal resultaron ser atractivos para muchos. Trataba el problema principal que ls preocupaba – el materialismo excesivo del estilo de vida en Occidente. A las personas con la paciencia para escucharlo, tenía un mensaje desafiante. Proponía una manera espiritual de vivir la vida, basada en la simplicidad y la devoción a lo divino.

Prabhupada creía que la naturaleza era capaz de satisfacer todas las necesidades de la humanidad, si tan solo viviéramos con más simplicidad. Estimaba que el desarrollo industrial constituía un error, ya que perturbaba el equilibrio de la vida pacífica.

“La prosperidad se propaga gracias a dones naturales, no a emprendimientos industriales agigantados. Esto últimos son productos de una civilización sin espiritualidad y causa la destrucción de los anhelos más nobles de la vida humana. Mientras más seguimos aumentando estas industrias molestosas y estrujando le energía vital del ser humano, más inquietud y desconformidad habrá entre la gente en general.”

El preveía las consecuencias de explotar los recursos de la naturaleza. La industria moderna contaminaba el atmósfera y acentuaba la desigualdad, la injusticia y la pobreza. En particular, le privaba a la gente que trabaja en el mundo industrial de la belleza natural de la creación divina de la naturaleza, que es capaz de ayudarle a desarrollar sus instintos espirituales más finos:

“Las fábricas y los molinos deterioran los sentimientos más finos del ser humano y la sociedad. La energía humana debe ser utilizada de manera apropiada en desarrollar los sentidos más finos para la comprensión espiritual, la cual encierra la solución de la vida. Frutas, flores, jardines hermosos, parques y presas de agua con aves acuáticas jugueteando entre flores de loto, y vacas produciendo abundante leche – todas estas cosas son esenciales para desarrollar los tejidos más finos del ser humano íntegro.”

Prabhupada enseñaba que la prosperidad de la sociedad humana dependía en último término de recibir las bendiciones del ser divino.

Si el ser divino es complacido, cada parte de la naturaleza será complacida. El río fluirá generosamente para fertilizar la tierra. Los océanos proveerán suficiente cantidad de minerales y materiales preciosos. El bosque proveerá cantidades suficientes de madera, hierbas y otras plantas, y los cambios de las estaciones ayudarán en efecto a producir frutos y flores en profusión.”

Prabhupada nuestra relación con la divinidad, la naturaleza y los otros seres vivos de manera personal. Dios era nuestro padre, la naturaleza nuestra madre, y los otros seres nuestros hermanos y hermanas menores. Era nuestra responsabilidad hacia el resto de nuestra familia no crear un caos debido a nuestra propia avaricia.

El ser humano es el hermano mayor de los otros seres vivos. Cuenta con una inteligencia más potente que los animales para que pueda comprender el curso de la naturaleza y cumplir con las indicaciones del ser divino supremo. La civilización humana debiera depender de lo que produce la madre naturaleza, sin intentar un desarrollo material que crea un caos de avaricia y poder solo dirigido a los lujos artificiales y a gratificar los sentidos.

Sin embargo, no era tan ingenuo o poco práctico como para esperar que el mundo renunciara la tecnología de inmediato. Recomendaba que, si era preciso emplearla, debería ser mpleada para fines correctos. En el sentido esctricto, una máquina no es ni buena ni mala. Lo que importa es la forma en que se utiliza.

“Si el mundo Occidental – el ciego – toma al cojo – la India – en sus hombros, entonces el cojo puede enseñarle el camino al ciego de manera espiritual, y el ciego puede sostener a los dos de manera material. Si Norteamérica e India comparten sus recursos tecnológicos e espirituales, esta combinación generará una paz y prosperidad perfecta en el mundo.”

La visión alternativa para la sociedad humana puede ser resumida el los dos conceptos, de proteger a los brahmanes y a las vacas. Los brahmanes son los maestros espirituales de la sociedad. Deben ser apoyados para que entreguen su consejo espiritual. Se invierte tanta energía en la educación moderna, aun cuando dicha educación no tiene ninguna dimensión espiritual. Prabhubada estimaba que la dimensión más importante de la educación es la dimensión espiritual. Las otras formas de educación solo tienen valor en la medida en que se relacionan con ella.

Mientras los brahmanes aseguran el bienestar espiritual, la protección de las vacas asegura la prosperidad material. Las vacas comen pasto, que los humanos no podemos comer, y lo convierten en el “alimento milagro” de la leche, que es versátil y llena de nutrientes. De la leche proviene el yogur, queso, mantequilla, y ghee (aceite de mantequilla). Como recompensa por su leche, las vacas merecen ser protegidas y cuidadas como miembros de la comunidad, y nunca deben ser matadas. Los machos son igualmente valiosos por su trabajo duro en los campos – arando, moliendo y tirando carretas. Mientras los machos hacen posible el cultivo de granos y verduras, las vacas dan leche. Los productos lácteos combinan con los granos y verduras para producir el dieta perfectamente equilibrado para el ser humano. Por ende, la protección de los dos es el fundamento de une vida sencilla y próspera. Según la tradición hindú, el toro representaba el Drama – los principios morales – y la vaca representa la tierra. Si ambos se encuentran contentos, la sociedad humana florecerá.

Es una tragedia que la sociedad moderna no aprecia el significado de cuidar las vacas y los toros, sino al contrario los explota y mata. La economía de muchos países se basa en la matanza de animales, y en todas partes se acepta el consumo de carne animal como un comportamiento civilizado por parte del ser humano. Sin embargo, Manu-Smriti, el libro de preceptos fundamentales del hinduismo, considera que el que mata animales es un asesino. Dice que todos los que se involucran en el acto – el que faena, el carnicero, el cocinero y el que come la carne – sem sujetan al castigo de la naturaleza. Cada año en Gran Bretaña, por ejemplo, se eliminan muchos millones de vacunos, ovejas y cerdos en los mataderos del país. El efecto kármico de una matanza de tal envergadura no debe ser tomado a la ligera. Entre sus resultados se producen los desastres trágicos y las guerras.

Prabhupada paso los últimos 12 años de su vida, desde 1965 hasta 1977, viajando constantemente. Durante este lapso estableció la sociedad internacional de conciencia de Krishna (ISKCON) para practicar y difundir el mensaje de Krishna. Abrió más de 100 centros e inició a miles de discípulos. También fundó 12 comunidades rurales en Europa, Norteamérica e India, dedicadas a los principios de vida simple y pensamiento elevado.

Esta comunidades apuntan a la autosuficiencia. Crían vacas y toros, y usan técnicas orgánicas para cultivar su propio alimento. Los toros son entrenados para efectuar todas las tareas normalmente realizadas por las maquinas, tales como el arado, transporte, molienda y la generación de energía para mecanismos sencillos. Las vacas dan más leche que otras porque son más contentas. Son tratadas con amor y atención personal. Cuando envejecen se sueltan a los potreros a pastar, así que no tienen nada que temer. Las comunidades experimentan con técnicas de autosuficiencia como la producción de combustible de los granos y gas de metano, el compostaje, manejo de desechos, rotación de siembras y control natural de pestes y malezas.

En el mundo de hoy, lograr la autosuficiencia no es tarea fácil. El sistema económico de Occidente presupone un estilo de vida artificial basada en la producción centralizada y comercio internacional. La producción local de todas la necesidades no encaja en la matriz de la vida Occidental. Sin embargo, en 1994 existían más de 20 comunidades ISKCON habitadas por más de mil hombres, mujeres y niños. Siguen creciendo en números y en experiencia. Prabhupada escribió a una de ellas:

“Es mi ambición que todos los devotos puedan permanecer independientes por medio de la producción de hortalizas, leche, frutos y flores, y por el hilado de su propia tela en telares de mano. Esta vida simple es muy agradable, ya que deja tiempo libre …para la práctica espiritual ... ”

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