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INTRODUCCION - John Seed

"Escuchar el llanto de la tierra dentro de nosotros"

Nuestra conexión con la tierra se encuentra disminuida, si no perdida – y es la pieza clave para equilibrar y hacer más efectiva nuestra relación con la naturaleza, nosotros mismos y nuestra labor en pro de ella.

El planeta está en peligro. Todos lo sabemos con mayor o menor nivel de conciencia. La acelerada crisis ecológica que amenaza la supervivencia de la vida sobre la Tierra ahora es evidente -no sólo para biólogos, botánicos, ecólogos y otros científicos, sino para cada uno de nosotros.

Se hace evidente en la calidad del aire que respiramos, los alimentos que comemos, los ríos donde ya no podemos pescar ni nadar, los montones de desperdicios que destilan sus toxinas hacia fuentes de agua pura, los derrames de petróleo en los mares, la lluvia ácida y el agujero en la capa de ozono. Los desastres de Bhopal, Chernobyl, el Rin, Indonesia y el Caribe ya no pueden ser vistos como aberraciones aisladas, sino como parte de una contaminación progresiva, que está ocurriendo continua y diariamente.

Las estadísticas son decidoras. Diez hectáreas de selva se destruyen cada minuto - una cancha de fútbol cada segundo, todos los días. Un millón de especies de plantas y animales se habían extinguido a la vuelta del siglo, un promedio de cien al día. La destrucción de material genético y hábitat ha alcanzado tal grado que nos enfrentamos a una catástrofe ambiental tan completa e irreversible como una de las grandes extinciones. Las cifras y proyecciones de los científicos, combinadas con las evidencias de cada día, son perturbadoras no solo porque desafían nuestra capacidad de negarlas. También son casi imposibles de integrar a nuestra realidad cotidiana.

Sin embargo, se vuelven más reales y aceptables en la medida en que realizamos acciones personales concretas en pro de nuestra naturaleza real. Así incorporamos a la experiencia los conocimientos intelectuales sobre nuestra interrelación con los otros seres- sean ellos ambientalistas, madereros, árboles u otros habitantes de los bosques. Entonces aclaramos nuestra percepción de cuan profundos son los lazos que nos conectan con la tierra entera. Nos damos cuenta que ya no actuamos por nosotros mismos o ideas del intelecto, sino por la madre tierra … nuestro verdadero ser mayor … y llegamos a sentirnos parte de ella, defendiéndose a sí misma. Estas conexiones, y los conocimientos y sentimientos que despiertan, existen en todos nosotros. Sólo debemos traerlas a conciencia, si queremos parar la destrucción y permitir que la tierra se sane con nosotros. Debemos encontrar la forma de hacerlo con su misma claridad y fuerza, para sostenernos a nosotros mismos, y una vida más armoniosa sobre el planeta. Está claro que, por cada bosque que se salva, se pierden cientos cada año y mientras tanto, el resto de la tierra va desapareciendo … sin océanos o capa de ozono, no hay bosques. Queda claro que el planeta no puede ser salvado peleando un tema aislado a la vez. Es preciso trabajar sobre la psicología humana, en esa enfermedad espiritual que hace que los seres humanos destruyen la tierra como si fuera algo ajeno, cuando no lo es. Es nosotros mismos. ¡Qué insensatez, destruir el mismo tejido biológico del cual nosotros mismos estamos formados! ¿Cómo podemos cometerla? El distinguido científico atmosférico James Lovelock propuso la teoría Gaia, que la tierra, lejos de ser una bola inerte con "recursos" creciendo encima, funciona como un ser vivo que se autorregula. Comenta que lo que estamos haciendo a los bosques es tan torpe como decidir que el cerebro es el órgano más importante del cuerpo, y comenzar a cosechar el hígado. Los bosques nos enseñan que son un órgano vital del planeta vivo. Usar argumentos utilitarios y económicos para salvarlos nunca logrará conservar más que relictos muy aislados. La tierra es como el árbol. Puede perder una cierta cantidad de su corteza, pero la mayoría debe conservarse, o morirá. Aplicando esta metáfora al mundo natural, vemos que el modelo de los parques nacionales y áreas silvestres protegidas, tampoco es suficiente. Los bosques no solo son necesarios por sus alimentos, medicinas y productos industriales, sino porque son la verdadera base del sistema de apoyo a la vida. Mantienen el balance de gases atmosféricos en la justa proporción para que el complejo sistema de la vida continúe. Los ciclos hidrológicos han sido irrevocablemente dañados, por destrucción de vastas selvas tropicales, responsables de reciclar agua fresca alrededor del mundo. En efecto, estamos desmantelando el termostato de la tierra. Si pensamos solo en términos separados como “vida silvestre” o "valores estéticos", nunca podremos darnos cuenta que toda la tierra es parte de nosotros mismos. El solo hecho de hablar de “medioambiente” sutilmente saca el concepto hacia afuera, volviéndolo objeto, ajeno a nosotros. Así, lenguaje y sistemas económicos, el mismo aire conceptual que respiramos, todo contribuye a la increíble, dominante ilusión de separación de la tierra. El hecho de que es una ilusión puede ser fácilmente demostrado, al simplemente tratar de contener la respiración por ¡sólo un minuto! No hablamos de nada místico, esto es real. Y hablamos de la atmósfera, como si la atmósfera estuviera "allá afuera", cuando en realidad nada está "allá afuera". Todo se está constantemente moviendo y reciclando a través de sistemas que envuelven nuestro cuerpo. Lo vivimos, pero no lo sentimos … John Seed aceptó el desafío de diseñar nuevas dinámicas gracias a su protección del bosque nativo, y el trabajo de Joanna Macy en los rituales de “Desesperanza y Potenciación” en Australia. Joanna estaba convencida que la destrucción de nuestro sistema de apoyo vital es la fuente más profunda y penetrante de ansiedad de nuestros tiempos. No es un peligro hipotético como una guerra, sino algo aquí y ahora que, por mucho que se quiera negar, se palpa claramente, a veces en niveles inexpresables del cuerpo humano. La inmensidad del peligro hace difícil el hablar de ello, mucho menos encararlo. Joanna y John estaban se inspiraban también por los escritos de Arne Naess, profesor emérito de filosofía de la universidad de Oslo. Comprendían el temor semi-expresado ante las amenazas ambientales en la perspectiva de la profundidad ecológica que presentaba Naess en sus publicaciones sobre su visión biocéntrica de la tierra. Decidieron unir técnicas de "Desesperación y Potenciación" con las premisas ecológicas de Naess, para animar en la gente el compromiso y valentía de emprender acciones por la madre tierra. De estas discusiones surgió el "Consejo de Todos los Seres", una forma de trabajo grupal que prepararía y permitiría a las personas a "oír dentro de sí el llanto de la tierra" (frase que tomaron prestada del maestro zen vietnamés, Thich Nhat Hanh). Permitiría que otras formas de la naturaleza se expresaran a través de seres humanos, creando experiencias concientes tanto del dolor como de la fuerza de nuestra interconexión con toda vida. Poco después, se llevó a cabo el primer Consejo de Todos los Seres en un las afueras de Sydney, Australia. Cuarenta seres humanos participaron, al son del tambor y didgeridoo, instrumento ancestral aborigen. Desde ese día de Marzo 1985, el Consejo de Todos los Seres ha sido convocado en bosques, centros de conferencias, salas de clase y hasta iglesias. John Seed los ha facilitado en Australia, Pat en Inglaterra, Joanna en Tibet y California. Llamados telefónicos y cartas de muchas partes del mundo testimonian que las experiencias han sido profundas y potentes. El Consejo de Todos los Seres trata de un ritual actuado, y también una serie de ejercicios y procesos grupales, de los cuales el ritual es parte importante. Dos corrientes fluyen juntas en esta forma de trabajo grupal.

Desesperanza y Potenciacion Una de las dos raíces principales del Consejo de Todos los Seres es el trabajo de "Desesperación y Potenciación", desarrollado por Joanna Macy. Muchos ambientalistas han notado que, aunque peligra la supervivencia, la gente se muestra apática. Erróneamente suponen que las personas no cambian por falta de información y que el principal trabajo del activista sería proveer la información faltante. Sin embargo, experiencias con grupos de "desesperados" sugieren que la apariente apatía no se debe a ignorancia o indiferencia, sino que al contrario. Muchos se dan cuenta de la destrucción del planeta en niveles profundos de su ser pero no alcanzan a encararla y traerla al nivel conciente por miedo a la ansiedad que la información puede provocar; temen que los sobrepase. Es más, la sociedad ha creado tabúes en contra de la expresión de angustias de este tipo. Este rechazo a sentir nos cobra un pesado peaje, empobreciendo la vida en aspectos emocionales y sensoriales. Impide nuestra capacidad de procesar la información y responder adecuadamente, porque filtra y elimina aquellos datos que nos provocan ansiedad. Sin embargo, es justamente esa capacidad que necesitamos mantener íntegra para adaptarnos y sobrevivir. Las experiencias grupales han demostrado que la desesperación, tristeza y rabia pueden ser encaradas, asumidas y canalizadas de manera creativa. Lejos de ser aplastados por ellas, podemos generar nueva energía, creatividad y potenciación. Una vez desbloqueados esos sentimientos, nos podemos abrir a nuestra ancestral interconexión con la vida entera. Así, después de muchas experiencias, la gente se motiva a apoyar o formar grupos, para tomar acciones en pro de la paz o del medioambiente.

El pensamiento auténticamente ecológico requiere de una visión que traspasa fronteras convencionales. De la misma manera que nuestra piel es ecológicamente comparable a la superficie de un arroyo o al suelo de un bosque, y no a una coraza que impide toda interrelación con el medio, nuestro ser se revela extendido - partícipe esencial de un paisaje y un ecosistema. La belleza y complejidad de la naturaleza son una extensión de nosotros mismos y nosotros una manifestación de ella. Podemos afirmar que el mundo literalmente es parte de nuestro cuerpo, y nosotros parte de él. Esta nueva (y también antigua) percepción de la naturaleza, profundamente ecológica, es la segunda raíz del Consejo de Todos los Seres. Hace eco a la sabiduría aborigen, como la del jefe Suwamish Sealth. En contraste con el ambientalismo convencional, que apenas alcanza a tratar algunos síntomas de la crisis ambiental, la ecología más profunda cuestiona las premisas y valores de la civilización industrial. Construye un espacio para pensamientos innovadores, enfocando el núcleo mismo de la existencia social urbana con un escrutinio insistente y perspicaz. Comprende que solamente un cambio total de la conciencia colectiva será de utilidad duradera para preservar los sistemas de apoyo a la vida del planeta. El sistema comercial moderno, en contraste, coarta y absorbe toda crítica de fondo, aceptando que las partes separadas pueden ser cuestionadas pero nunca en conjunto. Los seres humanos no somos la última medida de valor, cual corona de la creación. Ecológicamente somos "un miembro común y corriente de la comunidad biótica" y nuestra arrogancia frente a esa comunidad es un peligro que amenaza no solo a nosotros, sino la biosfera entera. Debemos comprender que la resiliencia de todo sistema natural reside en su interrelacionada diversidad, y por ello es imprescindible que otros seres vivos puedan contribuir sus características íntegras a esa diversidad. No son una pirámide con nuestra especie en el ápice, sino más bien somos una red circular, donde cada nudo se conecta con todos los demás. Al entender que somos conectados, vemos que envenenar aire, agua, suelo, es envenenarnos a nosotros mismos, debido a los grandes ciclos biológicos, dentro de los cuales también vivimos, inextricablemente insertados. Casi toda nuestra participación en la sociedad occidental va en contra de estos conceptos. Intelectualizarlos no nos sirve, se requiere más energía que eso para lograr cambios prácticos. Arne Naess sugiere absorber el conocimiento, hacerlo parte de nuestra verdadera identidad - no negarla, sino ponerla en la perspectiva mayor del ser humano o "ser ecológico". Mientras la aceptación total de la verdad inherente en esta idea puede ser difícil de lograr, por el poder del ritual podemos captar posibilidades y aspectos de esta identidad más amplia, ecológica, que realmente tenemos. Rituales para la Transformacion La filósofa y escritora ecologista, Dolores LaChapelle, en su libro Earth Wisdom (Sabiduría Terrestre) reflexiona: "...harina de rocas, producida por glaciares y bosques muy antiguos, ha tomado unos 25 mil años en transformarse en suelo fértil. Aún así … hemos perdido más de la mitad de ese suelo vegetal en los últimos 150 años. Presentar estas cifras, para que sean absorbidas en las mentes racionales, no nos sirve de mucho. Pero, entregadas en un ritual, con cantos y danzas, puede traer comprensión a los niveles más antiguos del cerebro, empatía con el suelo mismo, tal como fue hecho en el pasado en celebraciones rituales" Dentro de nuestra era y cultura nuestro sentido del ser ecológico se ha atrofiado. Religiones y ciencias antropocéntricas han llegado a dominar la conciencia colectiva, y la cultura perdió de vista la importancia de los rituales - reafirman la interconexión entre los mundos humanos y no-humanos que existe en cada cultura aborigen. La existencia del ritual atestigua que nuestro sentido de separación tiene raíces muy profundas en la especie. También sugiere que es preciso esforzarnos para mantener firme el sentido de unión con la naturaleza. Los rituales nos indican direcciones donde podemos buscar para recuperar esas conexiones. Si bien somos capaces de descartar con esfuerzo algunos aspectos dañinos de la cultura que nos ha formado, cambiar el ser que está impreso en nosotros desde el momento de nuestro nacimiento, requiere de mucho más trabajo. Habiendo sido modelado por educación y cultura, solo se puede transformar sustancialmente con un tremendo despliegue de energía. Jung pensaba que la mente moderna estaba muy equivocada al pensar que podía prescindir de rituales y ceremonias, y recordar y actuar efectivamente sobre nuestra interconexión por mera decisión de voluntad. Sin contar con un espíritu religioso universal que reafirme la interconexión y evite creer en el centralismo humano, se deja a los rituales y "experiencias afectivas" la tarea de lograr las transformaciones al nivel más profundo de nuestro ser. En su libro "Woman and Nature" (Mujer y Naturaleza), Susan Griffin expresa las posibilidades de esta transformación: "Amo a ese pájaro; cuando veo el arco de su vuelo, yo vuelo con él, lo penetro con mi mente, me dejo ir … vivo en el cuerpo del ave; sin su cuerpo no puedo vivir y, como parte de éste, entraré en el cuerpo de mi hija, porque sé que soy hecha de esta tierra … Todo lo que conozco me habla a través de esta tierra y quiero decirte, tú que escuchas y también eres tierra, mientras hablamos de aquello que sabemos: la luz está en nosotros."

Recordando Evolucion Hay muchas maneras de evocar el cambio de identidad ecológica, por inspiraciones profundas. Varían desde rezos a poesía, de visualizaciones a acciones en defensa de la tierra o los rituales realizados en este taller. El Consejo de Todos los Seres canaliza la energía librada durante todo el proceso para facilitar un cambio hacia una conciencia ecológica más amplia. Según cuenta John Seed, la "educación afectiva", el aprendizaje de corazón y cuerpo, del cual el Consejo es un ejemplo, va más allá de intercambiar ideas, porque se basa en la premisa que ya poseemos el conocimiento que necesitamos, y lo único que precisamos es traerlo al nivel conciente. Ese conocimiento requerido está enterrado en nuestro ser interior y necesita ser despertado. En el vientre materno, el cuerpo embrionario va recapitulando la evolución de la vida en la Tierra. Entonces comenzamos a percibir la sensación corporal de ser anfibio, reptil, mamífero inferior, y durante las primeras etapas de nuestra vida somos, literalmente, parte del desarrollo ontogenético de nuestro sistema natural. El primer requisito para re-unirnos con la naturaleza es tener la verdadera intención de reestablecer el contacto. Descendemos de miles de generaciones humanas que han practicado rituales reconociendo nuestras interconexiones. Una vez establecida la intención de terminar la separación que hemos creado, los resultados deseados vienen naturalmente de los rituales en forma muy auténtica. Tal como algunos ya lo hacen, podemos resucitar nuestros propios ritos ancestrales para solsticios y equinoccios, reafirmando así nuestra conexión con los ciclos de las estaciones. Nuevos rituales están disponibles para todos, siempre que expliciten las sinceras intenciones - sin importar cuáles sean sus orígenes o tradiciones.

El Consejo de Todos los Seres El taller llamado Consejo de Todos los Seres comprende una serie de procesos en que se tejen juntos tres importantes temas: el Duelo, el Recuerdo de nuestros procesos evolutivos y la Expresión de la perspectiva de otras formas de vida. El taller provee un lugar seguro donde decir lo que está ocurriendo al planeta, conocer y enfrentar el dolor, y experimentar el duelo de la separación y pérdida sufrida. Puede aflorar la ira, junto con una apasionada preocupación. Al no reprimir el dolor, la sensación de pertenencia y conexión emerge naturalmente. Varios ejercicios ayudan a recordar nuestra desvinculación de la naturaleza. En cada Consejo, se realizan sensibilizaciones que sirven para desviarnos del acostumbrado estilo racional. Visualizaciones guiadas hacen que nuestro viaje de cuatro y medio billones de años se haga presente, y movimientos corporales recapitulan la evolución, reafirmando el conocimiento de estados anteriores insertos dentro de nuestro sistema neurológico. El Consejo culmina cuando nos despojamos de identidad humana para hablar desde la perspectiva de otro ser vivo. Sólo necesitamos algo de tiempo para ser elegidos por una planta, animal o paisaje, que luego se presenta en el Consejo. La estructura del consejo alienta la expresión espontánea y sugerencias creativas para el conducto humano. La invocación a poderes y conocimientos de otros seres fortalecen a todos los que asisten.

Ritual y Acción La relación entre los rituales del Consejo y las acciones que tomamos en defensa de la naturaleza es compleja, ya que la vida no tiene dobleces, existiendo una absoluta continuidad, flujo e intercambio entre lo interno y lo externo. Los rituales no son un sustituto de otras formas más directas de actuar. Más bien, nos preparan y proveen un contexto más amplio para la acción. Nuestras estrategias, ya formadas e informadas por este contexto más amplio que nuestros angostos egos, nos muestran que no actuamos por opiniones y creencias propias, sino por un ser mayor, la tierra, y con la autoridad de billones de años de evolución ya vividos. Entonces, nos sentimos más fuertes y perseverantes, menos limitados por dudas o pequeño interés. La apatía que afecta a muchos, esa terrible sensación de parálisis, es un producto de nuestro marchito sentido de identidad. Trabajando con el ritual del Consejo, vemos que las personas sienten una identificación profunda con la tierra, y recuperan la energía necesaria para luchar por proteger la naturaleza silvestre y trabajar por la paz. El Consejo ejemplifica el carácter ritual de virtualmente todas las acciones no-violentas, ayudando además a hacer que dichas acciones sean más potentes. Cuando defendemos un bosque, una cadena de montañas o un río, la defensa servirá de símbolo de la defensa de todos los árboles, todas las montañas y todos los ríos que lo necesitan, y una invitación a apoyar a todos que entienden las amenazas. Cuando tratamos de proteger la tierra contra la destrucción, también pedimos que sus d estructores experimenten la misma transformación; que recuerden quienes realmente son, salgan de los límites de su papel de policía, político, empresario o consumidor, y empiecen a actuar en defensa de un interés mucho más grande que el propio.

Una vez que logramos entender esto, podremos seguir el poeta que dice "enamórate hacia afuera". Una vez que experimentamos la vital fiereza de esa identidad extendida hacia la naturaleza, nos damos cuenta que "dentro" y "fuera" son continuidad. Entonces, nosotros también podemos compartir y manifestar toda la tremenda belleza y gracia espontánea del mundo natural. Escuchando hablar a la tierra, comprendemos nuestras acciones desde otra perspectiva. Como lo expresa Dave Foreman, fundador de ¡Earth First!, “Esas máquinas, sabes, son hechas de tierra así que me pueden hablar, y yo escucharlas porque soy hecho de la misma tierra. Y odian, te digo, odian ser usadas para destruir la tierra, y me dicen, “Dave, no queremos hacer esto, reducirnos a metal. ¡Ayúdanos a oxidarnos!”

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