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JAMES LOVELOCK – TEORIA GAIA:

Propone que las condiciones físicas y químicas de la superficie terrestre, atmósfera y océanos han ido y continúan manteniéndose cómodas para la vida debido a la presencia de los mismos seres vivos. Ello contrasta con la idea tradicional de que la vida se fue adaptando al medio ambiente mientras ambos, medio y seres vivos, evolucionaban por caminos independientes.

1. La vida en la tierra apareció por primera vez hace alrededor de 3,500 millones de años. Desde aquella época hasta hoy, la presencia de fósiles demuestra que el clima de la tierra ha cambiado muy poco. Sin embargo, casi con certeza se han producido cambios grandes en la cantidad de calor entregado por el sol, las propiedades de la superficie de la tierra, y la composición de su atmósfera.

2. La composición química de la atmósfera de la tierra no guarda relación alguna con lo que esperaríamos encontrar en un estado de equilibrio químico. La presencia de metano, óxido nitroso, y hasta nitrógeno en nuestra actual atmósfera oxidante, representa violaciones de las leyes de la química de decenas de órdenes de magnitud. Desequilibrios en una escala tan grande sugieren que la atmósfera no es solo un producto de la biología, sino más bien una construcción de ella – no viva en sí, pero, cual piel de gato, plumas de ave o papel de nido de avispas, una extensión de un ser vivo diseñada para mantener un medio ambiente específicamente elegido. De este modo se descubre que la concentración atmosférica de gases como el oxígeno y amoníaco se mantiene en un nivel óptimo, del cual las variaciones, por pequeñas que sean, pueden tener consecuencias desastrosas para la vida.

3. El clima y las propiedades químicas de la tierra en la actualidad y durante la historia parecen haberse mantenidas óptimas para el desarrollo de la vida. Que haya ocurrido por coincidencia es tan poco probable como manejar a ciegas por medio del tránsito “peak” y sobrevivir sin accidente.

Definimos a GAIA como una entidad compleja que involucra la biósfera, atmósfera, océanos y suelo – la totalidad constituye un sistema cibernética (de retroalimentación), que procura mantener un medio ambiente física y químicamente óptimo para la vida en el planeta. La mantención de condiciones relativamente estables por medio de un sistema de control activo puede convenientemente llamarse “homeostasis”.

Si la tierra fuera un objeto sólido e inerte, su temperatura variaría según las fluctuaciones de energía solar. Ninguna cantidad de vestimenta aislante protegerá una estátua de piedra del frío invernal o calor estival. Sin embargo, durante 3 eones y medio, la temperatura de la superficie se ha mantenido constante y apropiada para la vida ... de la misma manera que nuestra temperatura corporal se mantiene constante, en verano o invierno, y sin importar que estemos en un medio ambiente polar o tropical.

La historia climática de la tierra es significativa. Del registro de las rocas sedimentarias, sabemos que durante 3 y medio billones de años el clima nunca, ni por períodos breves, se ha tornado totalmente hostil a la vida. Debido a ese registro vital ininterrumpido, también sabemos que los océanos nunca han podido hervir ni congelarse. Es más, registros más sutiles del contenido de oxígeno en sucesiones de capas rocosas sugieren que el clima siempre se ha asemejado bastante al clima de hoy – con la excepción de los períodos glaciales y el comienzo de la vida, cuando hacía algo más calor que ahora. Las épocas de frío – o Edades de Hielo, como a veces se nombran con exageración – afectaron sólo a las latitudes superiores a 45º Norte o Sur. Tendemos a olvidar el hecho que el 70% de la superficie terrestre queda fuera de esas latitudes más extremas. Las edades de hielo solo afectaron la vida que había colonizado el 30% restante, zona que queda parcialmente congelada hasta en la actualidad.

La estabilidad de nuestro clima llama mucho la atención por lo siguiente. Nuestro sol, siendo una estrella común, ha evolucionado según un padrón estándar muy bien conocido, un efecto del cual es que durante la vida de la tierra, la energía emitida por el sol ha crecido en por lo menos un 30%. Una emisión solar de 30% menos significaría temperaturas terrestres muy por debajo del punto de congelamiento del agua. Si el clima fuera determinado solo por la emisión solar, la vida en la tierra se habría desarrollado durante los primeros 1,500 millones de años en temperaturas bajo cero. Sabemos de los registros fósiles, geológicos y climáticos que tal situación nunca se ha producido.

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