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VIVIR COMO MONTAÑA

Hacia un Consejo de Todos los Seres

Título Original: THINKING LIKE A MOUNTAIN - Towards a Council of All Beings

Autores - John Seed, Joanna Macy, Pat Fleming, Arne Naess 1988, New Society Publishers, Philadelphia, USA

Adaptación y traducción Rod Walker, Adriana Hoffmann

Editado por Imprenta Artesanal La Loma Mallín Ahogado, El Bolsón, Argentina Julio 2006

------- LA EDAD DE LA TIERRA (Gracias a Greenpeace, 1982)

El planeta Tierra tiene 4,600 millones de años de edad. Si convirtiéramos este período de tiempo, prácticamente imposible de imaginar, en un concepto más manejable, podríamos imaginar que la tierra es una persona de 46 años de edad. (Significaría que cada año de su vida equivaldría a 100 millones de la tierra).

No se sabe nada en absoluto de sus primeros 7 años de vida, y existe muy poca información hasta la edad de 42 años, cuando empezó a florecer la tierra.

Los dinosaurios y los grandes reptiles aparecieron hace apenas dos años, cuando la tierra tenía 44. Los mamíferos llegamos hace apenas 8 meses. A mediados de la semana pasada, simios parecidos al ser humano evolucionaron en seres humanos parecidos a simios. Recién el fin de semana pasado la tierra se vio envuelta en la última edad de hielo. El “ hombre moderno” habría vivido solo unas cuatro horas. Durante la última hora, descubrió la agricultura. La revolución industrial comenzó hace un minuto. Durante estos últimos sesenta segundos de tiempo biológico, el ser humano ha convertido su paraíso en un basural.

Ha causado la extinción de centenares de especies de animales, saqueando el planeta en busca de combustibles, y ahora se queda saboreando su espectacular y veloz ascenso a la modernidad, cuando en verdad está al borde de la última extinción masiva, y la destrucción de este oasis de vida en el sistema solar.

++++++

TRADUCCIÓN Y ADAPTACIÓN

Estas reflexiones pretenden inspirar a reconectar la vida cotidiana cada vez más con GAIA, nuestro (propio) ser-tierra viviente, Esperamos que los elementos de la teoría GAIA del Dr James Lovelock que acompañan el proceso transformador del Consejo de Todos los Seres, ayuden a vislumbrar la nueva espiritualidad, aterrizada, acorde con estos tiempos de cambio.

Agradezco a los autores del hermoso libro Thinking Like a Mountain, y la colaboración y buen ánimo de Adriana Hoffmann en la traducción de esta versión. Considerando que Thinking Like a Mountain ya tiene casi 20 años, quedaba claro desde el principio que para traducirlo habría que adaptarlo a nuevas realidades y otros niveles locales de educación. Por esas razones opté por simplificar la presentación de ecología profunda, junto con otras modificaciones como parafrasear poesías, comprimir algunos textos originales y agregar otros. El aporte de Lovelock es el cambio principal, junto con el discurso original del jefe Seattle.

Asumiendo responsabilidad por los defectos, espero que sean más que compensados por la fuerza de los escritos originales. Por último destaco el propósito más importante, que es, distribuir este creativo y desafiante material ¡ya! ... porque es urgente. Hay tanto por hacer, tanta gente, tan poco tiempo.

Rod Walker ... Santuario Cañi,

Junio 2006 ... Pucón, Chile +++++++ Equivalencias aproximadas (ver textos):

1. 4,6 billones de años (vida de Gaia) en 24 horas
1 hora 92,000,000 años (araucaria, dinosaurios)
1 minuto 3,200,000 años (homínidos)
1 segundo 53,200 años (migración Asia a Américas)

2. 3,200,000 años (vida de homínidos) en 24 horas
1 hora 130,000 años (Homo sapiens)
1 minuto 2,222 años (era Cristiana)
1 segundo 37 años (elección de Allende).

INDICE

La Edad de la Tierra ... Greenpeace

Traducción y Adaptación ... Rod Walker

Prólogo – GAIA ... James Lovelock

Invocación a GAIA ... John Seed

Introducción ... John Seed

CONSEJO DE TODOS LOS SERES (Pauta y Ejemplo - Joanna Macy, Pat Fleming)

PAUTA para Conducir el Taller

Intención – Preparándose – Estructura - Duelo – Recuerdos Evolucionarios

Meditación sobre Gaia – Consejo

EJEMPLO de un Consejo de Todos los Seres

Autorrealización Arne Naess

Oh, Bella Roca Robinson Jeffers

Más allá del Antropocentrismo John Seed

Meditaciones sobre GAIA John, Joanna

Recuerdos Evolucionarios John, Pat Fleming

Palomas Pasajeras Robinson Jeffers

Nuestra vida como Gaia Joanna Macy

Recopilación JEFE SEATTLE Rod Walker

Discurso Histórico, 1854 Versión Adaptada, 1971 Bestiario Joanna macy

El Proceso de Caminar

Epílogo ... GAIA James Lovelock

Espíritu de Amor Barbara Denning

+++++++ PROLOGO

GAIA

El diario británico “The Independent” entrevistó en enero 2006 a James Lovelock, FRS, científico atmosférico considerado uno de los 100 pensadores más relevantes del mundo, sobre su reciente libro “La Venganza de Gaia”.

“Los centros climatológicos mundiales (el equivalente del laboratorio patológico de un hospital) han entregado su reporte sobre la condición física de la tierra, y los especialistas la ven como gravemente enferma, próxima a padecer una fiebre morbosa que puede durar hasta 100,000 años. Tengo que decirles, como miembros de la familia de Gaia, que Uds y nuestra civilización corren grave peligro.”

Nuestro biósfera Gaia se ha mantenido en condiciones sanas y aptas para vivir, al igual que un animal, durante la mayor parte de sus 3 billones de años de existencia. Fue desafortunado que empezamos a contaminarlo en una etapa en que el calor solar excede niveles cómodos. Le hemos dado una fiebre, que pronto empeorará hasta estado de coma. Gaia ha experimentado esto y recuperado antes, pero demoró más de 100,000 años. Somos los responsables y sufriremos las consecuencias en este siglo. La temperatura subirá 8 Grados Celsius en zonas templadas, 5 en zonas tropicales. Mucho de la masa terrestre tropical se volverá desierto y chaparral, dejando de servir para regular el clima y agregándose al 40% de la superficie terrestre que ya debilitamos cultivando alimentos. Antes del fin del siglo billones de personas habrán muerto, y muchos sobrevivientes habitarán zonas polares donde el clima será más tolerable.

Al dejar de ver que la tierra regula su propio clima y composición atmosférica, hemos cometido el desatino de tratar de hacerlo nosotros mismos, como si fuéramos capaces de cumplir el cargo. Antes de tratar a Gaia con tanta ignorancia, disfrutábamos el hecho de que ella lo hacía por nosotros a la perfección, y libremente.

Cabe preguntar porqué la ciencia ha tardado tanto en reconocer la verdadera naturaleza de la tierra. Creo relevante la clarísima visión de Darwin sobre la adaptación de organismos al medio. Sin información sobre la química atmosférica y oceánica, él no podía preguntar si ocurría al revés, y nos demoramos hasta ahora en digerir su teoría. Teniendo esa información, sin duda se habría dado cuenta.

Si en esos tiempos hubiera existido conciencia de la compleja interconexión entre seres vivos y su medio, Darwin habría visto que la evolución involucra no solo al organismo, sino a la superficie entera del planeta, incluyendo cada nicho ecológico. Habríamos llegado a entender instintivamente no dañar los ecosistemas, porque son parte de la tierra viva.

¿Qué debemos hacer? Primero, tener claridad absoluta sobre la vertiginosa rapidez del cambio, y cuán poco tiempo nos queda para actuar. Segundo, cada comunidad debe optimizar el uso de sus recursos disponibles para sostener su civilización el mayor tiempo posible.

El cambio ambiental es global, pero necesitan manejarse distintas consecuencias locales. Inglaterra, por ejemplo, es casi como una gran ciudad, con escaso espacio disponible para cultivos y bosques. Depende por su alimento del mundo mercantil. El cambio climático lo privará de suministros regulares de alimento y combustible. No veo que los mayores contaminantes – Estados Unidos y las economías emergentes de China y la India – frenen sus emisiones a tiempo. Sucederá lo peor, y los sobrevivientes tendremos que adaptarnos a condiciones climáticas infernales.

Por nuestra inteligencia y comunicación, somos el sistema nervioso del planeta, y debemos ser su corazón y mente, no su patología. Reconozcamos que hemos dañado a la tierra viva, y necesitamos hacer la paz con ella. Hagámoslo mientras todavía nos quedan fuerzas suficientes para negociar, y no como una muchedumbre violentista.

Sobre todo, recordemos que en verdad es nuestro único hogar.

+++++++ INVOCACION A GAIA

John Seed

Invocamos el espíritu de Gaia y rogamos para que el soplo de la vida continúe acariciando a este hogar planeta…

Rogamos porque podamos desarrollarnos hacia la comprensión más profunda- una comprensión que nos inspire a proteger el árbol que nos cobija, y agua, suelo y atmósfera, sin los cuáles la vida sería imposible.

Roguemos ser capaces de volvernos hacia adentro, unirnos con nuestras verdaderas raíces, penetrar en la sorprendente biología de este maravilloso planeta. Que el alimento y la fuerza suban por esas raíces, para darnos la firme determinación, continuar la danza vital de miles de millones de años.

Roguemos porque el amor fluya y estalle desde nuestros corazones.

Roguemos porque haya una nueva entrega de conciencia pura y potente y la voluntad de ser testigo y agente sanador de nuestra biosfera, que está en jirones.

Llamemos al espíritu de Gaia a presentarse hoy, aquí. Y que nos revele todo aquello que debemos ver, para nuestro beneficio y el de los demás…

Roguemos por los espíritus que protegen la evolución de la vida, esa maravillosa fuerza que inspira a las rocas y al polvo a entremezclarse y volverse vida. Espíritus, ustedes que nos han acompañado por miles de millones de años, no nos abandonen ahora. Llénennos de fuerza y despierten en nosotros pura, deslumbrante creatividad. Ustedes que saben transformar escamas en plumas; agua marina en sangre; cuncunas en mariposas… les rogamos, por favor, metamorfoseen nuestra especie, despertando en nosotros los poderes que necesitamos para sobrevivir la presente crisis y evolucionar hacia la eternidad en nuestro viaje solar.

Despertad en nosotros el sentido de quien realmente somos: pequeñas y efímeras flores del Arbol de la Vida. Haced que el propósito y el destino de ese árbol sea nuestro propio propósito y destino. Llenad a cada uno de nosotros de amor por nuestro propio Ser, incluyendo a todas las criaturas, plantas y paisajes de este mundo. Llenádnos de una poderosa urgencia por el bienestar y continuo despliegue de ese Ser.

Roguemos porque tengamos la oportunidad de hablar en todos los Consejos de los Humanos por todos los animales y las plantas y los paisajes de la Tierra.

Roguemos porque podamos resplandecer con una luz interior y una pasión que pueda difundirse rápidamente en estos tiempos aciagos.

Roguemos porque todos encontremos nuestra verdadera y sola naturaleza-que no es otra que la de Gaia – el planeta vivo, la Tierra.

Invoquemos a los poderes que sujetan a los planetas en sus órbitas; que conducen a nuestra Vía Láctea en su espiral de doscientos millones de años. Que imbuyan nuestras personalidades y nuestras relaciones de armonía, permanencia y alegría. Que nos llenen con una sensación inconmensurable del tiempo. Así, nuestras cortas y vacilantes vidas podrán, verdaderamente, reflejar el trabajo de los milenios que han pasado y también los millones de años de evolución, cuyo potencial se encuentra hoy en nuestras temblorosas manos.

Oh estrellas, prestadnos vuestra quemante pasión…

Oh silencio, dadle peso a nuestra voz….

Pedimos por la presencia del espíritu de Gaia…

+++++++ INTRODUCCION ... John Seed

"Escuchar el llanto de la tierra dentro de nosotros"

Nuestra conexión con la tierra se encuentra disminuida, si no perdida – y es la pieza clave para equilibrar y hacer más efectiva nuestra relación con la naturaleza, nosotros mismos y nuestra labor en pro de ella.

El planeta está en peligro. Todos lo sabemos con mayor o menor nivel de conciencia. La acelerada crisis ecológica que amenaza la supervivencia de la vida sobre la Tierra ahora es evidente -no sólo para biólogos, botánicos, ecólogos y otros científicos, sino para cada uno de nosotros.

Se hace evidente en la calidad del aire que respiramos, los alimentos que comemos, los ríos donde ya no podemos pescar ni nadar, los montones de desperdicios que destilan sus toxinas hacia fuentes de agua pura, los derrames de petróleo en los mares, la lluvia ácida y el agujero en la capa de ozono. Los desastres de Bhopal, Chernobyl, el Rin, Indonesia y el Caribe ya no pueden ser vistos como aberraciones aisladas, sino como parte de una contaminación progresiva, que está ocurriendo continua y diariamente.

Las estadísticas son decidoras. Diez hectáreas de selva se destruyen cada minuto - una cancha de fútbol cada segundo, todos los días. Un millón de especies de plantas y animales se habían extinguido a la vuelta del siglo, un promedio de cien al día. La destrucción de material genético y hábitat ha alcanzado tal grado que nos enfrentamos a una catástrofe ambiental tan completa e irreversible como una de las grandes extinciones. Las cifras y proyecciones de los científicos, combinadas con las evidencias de cada día, son perturbadoras no solo porque desafían nuestra capacidad de negarlas. También son casi imposibles de integrar a nuestra realidad cotidiana.

Sin embargo, se vuelven más reales y aceptables en la medida en que realizamos acciones personales concretas en pro de nuestra naturaleza real. Así incorporamos a la experiencia los conocimientos intelectuales sobre nuestra interrelación con los otros seres- sean ellos ambientalistas, madereros, árboles u otros habitantes de los bosques. Entonces aclaramos nuestra percepción de cuan profundos son los lazos que nos conectan con la tierra entera. Nos damos cuenta que ya no actuamos por nosotros mismos o ideas del intelecto, sino por la madre tierra … nuestro verdadero ser mayor … y llegamos a sentirnos parte de ella, defendiéndose a sí misma.

Estas conexiones, y los conocimientos y sentimientos que despiertan, existen en todos nosotros. Sólo debemos traerlas a conciencia, si queremos parar la destrucción y permitir que la tierra se sane con nosotros. Debemos encontrar la forma de hacerlo con su misma claridad y fuerza, para sostenernos a nosotros mismos, y una vida más armoniosa sobre el planeta.

Está claro que, por cada bosque que se salva, se pierden cientos cada año y mientras tanto, el resto de la tierra va desapareciendo … sin océanos o capa de ozono, no hay bosques. Queda claro que el planeta no puede ser salvado peleando un tema aislado a la vez. Es preciso trabajar sobre la psicología humana, en esa enfermedad espiritual que hace que los seres humanos destruyen la tierra como si fuera algo ajeno, cuando no lo es. Es nosotros mismos. ¡Qué insensatez, destruir el mismo tejido biológico del cual nosotros mismos estamos formados! ¿Cómo podemos cometerla?

El distinguido científico atmosférico James Lovelock propuso la teoría Gaia, que la tierra, lejos de ser una bola inerte con "recursos" creciendo encima, funciona como un ser vivo que se autorregula. Comenta que lo que estamos haciendo a los bosques es tan torpe como decidir que el cerebro es el órgano más importante del cuerpo, y comenzar a cosechar el hígado.

Los bosques nos enseñan que son un órgano vital del planeta vivo. Usar argumentos utilitarios y económicos para salvarlos nunca logrará conservar más que relictos muy aislados. La tierra es como el árbol. Puede perder una cierta cantidad de su corteza, pero la mayoría debe conservarse, o morirá.

Aplicando esta metáfora al mundo natural, vemos que el modelo de los parques nacionales y áreas silvestres protegidas, tampoco es suficiente. Los bosques no solo son necesarios por sus alimentos, medicinas y productos industriales, sino porque son la verdadera base del sistema de apoyo a la vida. Mantienen el balance de gases atmosféricos en la justa proporción para que el complejo sistema de la vida continúe. Los ciclos hidrológicos han sido irrevocablemente dañados, por destrucción de vastas selvas tropicales, responsables de reciclar agua fresca alrededor del mundo. En efecto, estamos desmantelando el termostato de la tierra.

Si pensamos solo en términos separados como “vida silvestre” o "valores estéticos", nunca podremos darnos cuenta que toda la tierra es parte de nosotros mismos. El solo hecho de hablar de “medioambiente” sutilmente saca el concepto hacia afuera, volviéndolo objeto, ajeno a nosotros. Así, lenguaje y sistemas económicos, el mismo aire conceptual que respiramos, todo contribuye a la increíble, dominante ilusión de separación de la tierra.

El hecho de que es una ilusión puede ser fácilmente demostrado, al simplemente tratar de contener la respiración por ¡sólo un minuto! No hablamos de nada místico, esto es real. Y hablamos de la atmósfera, como si la atmósfera estuviera "allá afuera", cuando en realidad nada está "allá afuera". Todo se está constantemente moviendo y reciclando a través de sistemas que envuelven nuestro cuerpo. Lo vivimos, pero no lo sentimos …

John Seed aceptó el desafío de diseñar nuevas dinámicas gracias a su protección del bosque nativo, y el trabajo de Joanna Macy en los rituales de “Desesperanza y Potenciación” en Australia. Joanna estaba convencida que la destrucción de nuestro sistema de apoyo vital es la fuente más profunda y penetrante de ansiedad de nuestros tiempos. No es un peligro hipotético como una guerra, sino algo aquí y ahora que, por mucho que se quiera negar, se palpa claramente, a veces en niveles inexpresables del cuerpo humano. La inmensidad del peligro hace difícil el hablar de ello, mucho menos encararlo.

Joanna y John estaban se inspiraban también por los escritos de Arne Naess, profesor emérito de filosofía de la universidad de Oslo. Comprendían el temor semi-expresado ante las amenazas ambientales en la perspectiva de la profundidad ecológica que presentaba Naess en sus publicaciones sobre su visión biocéntrica de la tierra. Decidieron unir técnicas de "Desesperación y Potenciación" con las premisas ecológicas de Naess, para animar en la gente el compromiso y valentía de emprender acciones por la madre tierra.

De estas discusiones surgió el "Consejo de Todos los Seres", una forma de trabajo grupal que prepararía y permitiría a las personas a "oír dentro de sí el llanto de la tierra" (frase que tomaron prestada del maestro zen vietnamés, Thich Nhat Hanh). Permitiría que otras formas de la naturaleza se expresaran a través de seres humanos, creando experiencias concientes tanto del dolor como de la fuerza de nuestra interconexión con toda vida.

Poco después, se llevó a cabo el primer Consejo de Todos los Seres en un las afueras de Sydney, Australia. Cuarenta seres humanos participaron, al son del tambor y didgeridoo, instrumento ancestral aborigen. Desde ese día de Marzo 1985, el Consejo de Todos los Seres ha sido convocado en bosques, centros de conferencias, salas de clase y hasta iglesias. John Seed los ha facilitado en Australia, Pat en Inglaterra, Joanna en Tibet y California. Llamados telefónicos y cartas de muchas partes del mundo testimonian que las experiencias han sido profundas y potentes.

El Consejo de Todos los Seres trata de un ritual actuado, y también una serie de ejercicios y procesos grupales, de los cuales el ritual es parte importante. Dos corrientes fluyen juntas en esta forma de trabajo grupal.

Desesperanza y Potenciacion

Una de las dos raíces principales del Consejo de Todos los Seres es el trabajo de "Desesperación y Potenciación", desarrollado por Joanna Macy.

Muchos ambientalistas han notado que, aunque peligra la supervivencia, la gente se muestra apática. Erróneamente suponen que las personas no cambian por falta de información y que el principal trabajo del activista sería proveer la información faltante. Sin embargo, experiencias con grupos de "desesperados" sugieren que la apariente apatía no se debe a ignorancia o indiferencia, sino que al contrario. Muchos se dan cuenta de la destrucción del planeta en niveles profundos de su ser pero no alcanzan a encararla y traerla al nivel conciente por miedo a la ansiedad que la información puede provocar; temen que los sobrepase. Es más, la sociedad ha creado tabúes en contra de la expresión de angustias de este tipo.

Este rechazo a sentir nos cobra un pesado peaje, empobreciendo la vida en aspectos emocionales y sensoriales. Impide nuestra capacidad de procesar la información y responder adecuadamente, porque filtra y elimina aquellos datos que nos provocan ansiedad. Sin embargo, es justamente esa capacidad que necesitamos mantener íntegra para adaptarnos y sobrevivir.

Las experiencias grupales han demostrado que la desesperación, tristeza y rabia pueden ser encaradas, asumidas y canalizadas de manera creativa. Lejos de ser aplastados por ellas, podemos generar nueva energía, creatividad y potenciación. Una vez desbloqueados esos sentimientos, nos podemos abrir a nuestra ancestral interconexión con la vida entera.

Así, después de muchas experiencias, la gente se motiva a apoyar o formar grupos, para tomar acciones en pro de la paz o del medioambiente.

El pensamiento auténticamente ecológico requiere de una visión que traspasa fronteras convencionales. De la misma manera que nuestra piel es ecológicamente comparable a la superficie de un arroyo o al suelo de un bosque, y no a una coraza que impide toda interrelación con el medio, nuestro ser se revela extendido - partícipe esencial de un paisaje y un ecosistema. La belleza y complejidad de la naturaleza son una extensión de nosotros mismos y nosotros una manifestación de ella. Podemos afirmar que el mundo literalmente es parte de nuestro cuerpo, y nosotros parte de él.

Esta nueva (y también antigua) percepción de la naturaleza, profundamente ecológica, es la segunda raíz del Consejo de Todos los Seres. Hace eco a la sabiduría aborigen, como la del jefe Suwamish Sealth. En contraste con el ambientalismo convencional, que apenas alcanza a tratar algunos síntomas de la crisis ambiental, la ecología más profunda cuestiona las premisas y valores de la civilización industrial. Construye un espacio para pensamientos innovadores, enfocando el núcleo mismo de la existencia social urbana con un escrutinio insistente y perspicaz. Comprende que solamente un cambio total de la conciencia colectiva será de utilidad duradera para preservar los sistemas de apoyo a la vida del planeta. El sistema comercial moderno, en contraste, coarta y absorbe toda crítica de fondo, aceptando que las partes separadas pueden ser cuestionadas pero nunca en conjunto.

Los seres humanos no somos la última medida de valor, cual corona de la creación. Ecológicamente somos "un miembro común y corriente de la comunidad biótica" y nuestra arrogancia frente a esa comunidad es un peligro que amenaza no solo a nosotros, sino la biosfera entera. Debemos comprender que la resiliencia de todo sistema natural reside en su interrelacionada diversidad, y por ello es imprescindible que otros seres vivos puedan contribuir sus características íntegras a esa diversidad. No son una pirámide con nuestra especie en el ápice, sino más bien somos una red circular, donde cada nudo se conecta con todos los demás. Al entender que somos conectados, vemos que envenenar aire, agua, suelo, es envenenarnos a nosotros mismos, debido a los grandes ciclos biológicos, dentro de los cuales también vivimos, inextricablemente insertados.

Casi toda nuestra participación en la sociedad occidental va en contra de estos conceptos. Intelectualizarlos no nos sirve, se requiere más energía que eso para lograr cambios prácticos. Arne Naess sugiere absorber el conocimiento, hacerlo parte de nuestra verdadera identidad - no negarla, sino ponerla en la perspectiva mayor del ser humano o "ser ecológico". Mientras la aceptación total de la verdad inherente en esta idea puede ser difícil de lograr, por el poder del ritual podemos captar posibilidades y aspectos de esta identidad más amplia, ecológica, que realmente tenemos. Rituales para la Transformacion

La filósofa y escritora ecologista, Dolores LaChapelle, en su libro Earth Wisdom (Sabiduría Terrestre) reflexiona:

"...harina de rocas, producida por glaciares y bosques muy antiguos, ha tomado unos 25 mil años en transformarse en suelo fértil. Aún así … hemos perdido más de la mitad de ese suelo vegetal en los últimos 150 años. Presentar estas cifras, para que sean absorbidas en las mentes racionales, no nos sirve de mucho. Pero, entregadas en un ritual, con cantos y danzas, puede traer comprensión a los niveles más antiguos del cerebro, empatía con el suelo mismo, tal como fue hecho en el pasado en celebraciones rituales"

Dentro de nuestra era y cultura nuestro sentido del ser ecológico se ha atrofiado. Religiones y ciencias antropocéntricas han llegado a dominar la conciencia colectiva, y la cultura perdió de vista la importancia de los rituales - reafirman la interconexión entre los mundos humanos y no-humanos que existe en cada cultura aborigen. La existencia del ritual atestigua que nuestro sentido de separación tiene raíces muy profundas en la especie. También sugiere que es preciso esforzarnos para mantener firme el sentido de unión con la naturaleza. Los rituales nos indican direcciones donde podemos buscar para recuperar esas conexiones.

Si bien somos capaces de descartar con esfuerzo algunos aspectos dañinos de la cultura que nos ha formado, cambiar el ser que está impreso en nosotros desde el momento de nuestro nacimiento, requiere de mucho más trabajo. Habiendo sido modelado por educación y cultura, solo se puede transformar sustancialmente con un tremendo despliegue de energía. Jung pensaba que la mente moderna estaba muy equivocada al pensar que podía prescindir de rituales y ceremonias, y recordar y actuar efectivamente sobre nuestra interconexión por mera decisión de voluntad. Sin contar con un espíritu religioso universal que reafirme la interconexión y evite creer en el centralismo humano, se deja a los rituales y "experiencias afectivas" la tarea de lograr las transformaciones al nivel más profundo de nuestro ser.

En su libro "Woman and Nature" (Mujer y Naturaleza), Susan Griffin expresa las posibilidades de esta transformación:

"Amo a ese pájaro; cuando veo el arco de su vuelo, yo vuelo con él, lo penetro con mi mente, me dejo ir … vivo en el cuerpo del ave; sin su cuerpo no puedo vivir y, como parte de éste, entraré en el cuerpo de mi hija, porque sé que soy hecha de esta tierra … Todo lo que conozco me habla a través de esta tierra y quiero decirte, tú que escuchas y también eres tierra, mientras hablamos de aquello que sabemos: la luz está en nosotros."

Recordando La Evolucion

Hay muchas maneras de evocar el cambio de identidad ecológica, por inspiraciones profundas. Varían desde rezos a poesía, de visualizaciones a acciones en defensa de la tierra o los rituales realizados en este taller. El Consejo de Todos los Seres canaliza la energía librada durante todo el proceso para facilitar un cambio hacia una conciencia ecológica más amplia. Según cuenta John Seed, la "educación afectiva", el aprendizaje de corazón y cuerpo, del cual el Consejo es un ejemplo, va más allá de intercambiar ideas, porque se basa en la premisa que ya poseemos el conocimiento que necesitamos, y lo único que precisamos es traerlo al nivel conciente.

Ese conocimiento requerido está enterrado en nuestro ser interior y necesita ser despertado. En el vientre materno, el cuerpo embrionario va recapitulando la evolución de la vida en la Tierra. Entonces comenzamos a percibir la sensación corporal de ser anfibio, reptil, mamífero inferior, y durante las primeras etapas de nuestra vida somos, literalmente, parte del desarrollo ontogenético de nuestro sistema natural.

El primer requisito para re-unirnos con la naturaleza es tener la verdadera intención de reestablecer el contacto. Descendemos de miles de generaciones humanas que han practicado rituales reconociendo nuestras interconexiones. Una vez establecida la intención de terminar la separación que hemos creado, los resultados deseados vienen naturalmente de los rituales en forma muy auténtica. Tal como algunos ya lo hacen, podemos resucitar nuestros propios ritos ancestrales para solsticios y equinoccios, reafirmando así nuestra conexión con los ciclos de las estaciones. Nuevos rituales están disponibles para todos, siempre que expliciten las sinceras intenciones - sin importar cuáles sean sus orígenes o tradiciones.

El Consejo de Todos los Seres

El taller llamado Consejo de Todos los Seres comprende una serie de procesos en que se tejen juntos tres importantes temas: el Duelo, el Recuerdo de nuestros procesos evolutivos y la Expresión de la perspectiva de otras formas de vida. El taller provee un lugar seguro donde decir lo que está ocurriendo al planeta, conocer y enfrentar el dolor, y experimentar el duelo de la separación y pérdida sufrida. Puede aflorar la ira, junto con una apasionada preocupación. Al no reprimir el dolor, la sensación de pertenencia y conexión emerge naturalmente.

Varios ejercicios ayudan a recordar nuestra desvinculación de la naturaleza. En cada Consejo, se realizan sensibilizaciones que sirven para desviarnos del acostumbrado estilo racional. Visualizaciones guiadas hacen que nuestro viaje de cuatro y medio billones de años se haga presente, y movimientos corporales recapitulan la evolución, reafirmando el conocimiento de estados anteriores insertos dentro de nuestro sistema neurológico.

El Consejo culmina cuando nos despojamos de identidad humana para hablar desde la perspectiva de otro ser vivo. Sólo necesitamos algo de tiempo para ser elegidos por una planta, animal o paisaje, que luego se presenta en el Consejo. La estructura del consejo alienta la expresión espontánea y sugerencias creativas para el conducto humano. La invocación a poderes y conocimientos de otros seres fortalecen a todos los que asisten.

Ritual y Acción

La relación entre los rituales del Consejo y las acciones que tomamos en defensa de la naturaleza es compleja, ya que la vida no tiene dobleces, existiendo una absoluta continuidad, flujo e intercambio entre lo interno y lo externo. Los rituales no son un sustituto de otras formas más directas de actuar. Más bien, nos preparan y proveen un contexto más amplio para la acción. Nuestras estrategias, ya formadas e informadas por este contexto más amplio que nuestros angostos egos, nos muestran que no actuamos por opiniones y creencias propias, sino por un ser mayor, la tierra, y con la autoridad de billones de años de evolución ya vividos. Entonces, nos sentimos más fuertes y perseverantes, menos limitados por dudas o pequeño interés. La apatía que afecta a muchos, esa terrible sensación de parálisis, es un producto de nuestro marchito sentido de identidad. Trabajando con el ritual del Consejo, vemos que las personas sienten una identificación profunda con la tierra, y recuperan la energía necesaria para luchar por proteger la naturaleza silvestre y trabajar por la paz.

El Consejo ejemplifica el carácter ritual de virtualmente todas las acciones no-violentas, ayudando además a hacer que dichas acciones sean más potentes. Cuando defendemos un bosque, una cadena de montañas o un río, la defensa servirá de símbolo de la defensa de todos los árboles, todas las montañas y todos los ríos que lo necesitan, y una invitación a apoyar a todos que entienden las amenazas. Cuando tratamos de proteger la tierra contra la destrucción, también pedimos que sus destructores experimenten la misma transformación; que recuerden quienes realmente son, salgan de los límites de su papel de policía, político, empresario o consumidor, y empiecen a actuar en defensa de un interés mucho más grande que el propio.

La comprensión de esa unión universal fue bien expresada por la escritora pacifista, Barbara Denning:

Espíritu que oyes a cada uno de nosotros
Oye todo lo que es...
Oye, oye, escúchanos-
¡Inspíranos ahora!
Nuestro propio pulso late en el pecho de cada extraño,
Y también en el suelo florido bajo nuestros pies,
Y - ¡enséñanos a escuchar!
Podemos oírlo en agua, madera y hasta en piedra.
Somos tierra de esta tierra, hueso de sus huesos.
Esta es una plegaria que yo canto,
Porque hemos olvidado, y por eso
La tierra está muriendo.

Una vez que la logramos, recordamos la cita del poeta "enamórate hacia afuera". Una vez que experimentamos la vital fiereza de esa identidad extendida hacia la naturaleza, nos damos cuenta que "dentro" y "fuera" son continuidad. Entonces, nosotros también podemos compartir y manifestar toda la tremenda belleza y gracia espontánea del mundo natural. Escuchando hablar a la tierra, comprendemos nuestras acciones desde otra perspectiva.

Como lo expresa Dave Foreman, fundador de ¡Earth First!, “Esas máquinas, sabes, son hechas de tierra así que me pueden hablar, y yo escucharlas porque soy hecho de la misma tierra. Y odian, te digo, odian ser usadas para destruir la tierra, y me dicen, “Dave, no queremos hacer esto, reducirnos a metal. ¡Ayúdanos a oxidarnos!”

TALLER DEL CONSEJO DE TODOS LOS SERES

PAUTA PARA CONDUCIR EL TALLER ... Joanna Macy y Pat Fleming

Frente al desequilibrio ambiental, Arne Naess recomendó una perspectiva valórica que llamaba ecología profunda, y este término-concepto ha encontrado eco alrededor del mundo. Al principio de este libro, Naess propone un proceso colectivo que permite adquirir tal perspectiva desarrollando un sentido de identidad ecológico. El Consejo de Todos los Seres es un proceso grupal que persigue ese mismo fin. Es solo un método de los muchos que seguramente vendrán, pero está a nuestra disposición ahora, y su eficacia está probada. Un objetivo central de este libro es compartirlo en forma más amplia.

El nombre “Consejo de Todos los Seres” se ha llegado a emplear en dos sentidos – primero, un círculo ritual de una a tres horas donde la gente se une a hablar en pro de otras especies – y segundo, un proceso más largo de entre uno y varios días, de ejercicios y actividades tanto antes como después del ritual. Este proceso equivale a un taller, a menudo de un fin de semana. En este contexto el ritual adquiere más autenticidad y potencialidad para generar cambios en la vida de los participantes. Ofrecemos la presente pauta para la forma más completa.

Conducir esta clase de trabajo grupal no es nada esotérico, sino un espacio natural que permite expresar, ampliar y fortalecer la conciencia de los desequilibrios ambientales y el compromiso de actuar. No hay que ser experto ni líder carismático. Lo esencial es la misma inquietud por la vida que nos motivó a leer este libro. Más allá se precisa solo una clara intención, un lugar cómodo en espacio y privacidad, y algo de experiencia, fácil de desarrollar, en facilitación.

La Intención

Comenzar con una intención clara en este trabajo es clave, como también lo es recordar que no precisamos “conseguir que funcione” para nosotros mismos, sino simplemente abrir un espacio para que fluya espontáneamente la energía, para bien de todos los seres. El objetivo principal del Consejo y taller es fortalecer el compromiso humano y recursos para preservar la vida en nuestro hogar-tierra. Conlleva varios otros propósitos: Desarrollar la compasión para todos seres y los peligros que enfrentan,
Aumentar la conciencia de que nuestro destino es compartido,
Motivar acción sostenida en pro de todos los seres,
Apropiarnos de nuestra larga historia evolucionaria sobre el planeta,
Derivar fuerza y autoridad de esa historia más amplia que tenemos,
Abrirnos a la creatividad y longevidad inherente en la trama de la vida,
Sanar las divisiones (mente-cuerpo, razón-intuición, humano-naturaleza),
Jugar juntos, dándole permiso a la imaginación y al niño interior,
Construir confianza y más sentido de comunidad humana,
Prepararnos para actuar juntos en pro de la tierra y futuras generaciones,
Lo que tipifica todos estos propósitos es un cambio de enfoque, desde el sentido limitado de identidad con que nuestra cultura nos ha acondicionado, hacia un sentido de identidad más amplio, antiguo, ecológico y verdadero.

Lugar, Tiempo y Números

El Consejo se ha celebrado en un sinnúmero de ambientes - el Gran Cañón, bosque de secoyas, arsenal de policia, gimnasio escolar, santuario de iglesia.

Los números han variado desde menos de doce hasta más de cien personas, y de todas las edades.

La duración del Consejo ha sido tan corta como una hora y media, y tan larga como cuatro días. Elija lo posible para su grupo objetivo.

Preparandose para Conducir un Taller

Preste atención a los diferentes roles y estilos de liderazgo, a la importancia de variar el ritmo, trabajar con la respiración y con el cuerpo, emplear los sonidos y el silencio, y manejar las emociones intensas. Un líder debe conocer a fondo sus propias reacciones frente a la posibilidad de una extinción masiva, y debe manejar bien el miedo a esas fuertes emociones.

Para guiar un Consejo o taller, se requiere un equilibrio delicado de los líderes. Por un lado, ofrecen una estructura con un orden coherente. Por otra parte, deben facilitar el proceso con una flexibilidad que se demuestra natural, permitiendo que todos se expresen en forma genuina y espontánea.

Debido al hecho que la actividad en sí, por ser novedosa, podría ser vista como algo artificial, nos conviene ver a los participantes en su perspectiva más amplia y real, de seres ecológicos. Solo es preciso, lejos de sermonear o controlar, facilitarles el espacio para abrirse a la sabiduría y dolor inherente en cada ser humano, que es parte intrínseca de este mundo bello y vulnerable.

Es una ventaja contar con experiencia en la facilitación de dinámicas grupales y la expresión de inquietudes emocionales profundas. También conviene haber participado antes en un Consejo de Todos los Seres. Sin embargo estos factores, aunque favorables, no son imprescindibles. Es posible desarrollar las cualidades necesarias para guiar un Consejo.

Proyecte compartir la facilitación de un Consejo de Todos los Seres con una o dos personas más, sobre todo si es tu primera experiencia. La mejor preparación es trabajar con un facilitador experimentado. La co-facilitación también tiene la ventaja de ejemplificar la cooperación sinérgica tan característica de la perspectiva ecológica. Mientras van compartiendo las responsabilidades, cada uno puede participar con mayor libertad, expresándose con más espontaneidad. Acuérdense de compartir una evaluación crítica y retroalimentación posterior; ambos factores son tan valiosos como una cuidadosa planificación previa.

Los niños disfrutan tomando parte en un Consejo. Desde temprana edad pueden comprender su propósito y encontrar esperanza y sosiego en el proceso. Menos acondicionados a juzgar y sentirse ajenos a la naturaleza, tienen mucho que ofrecer. Un Consejo con asistentes de varias generaciones es un evento especialmente potente y alegre.

Los menores de diez años pueden inquietarse demasiado para participar en el proceso entero, inhibiendo la expresión de las emociones por parte de los adultos. Al decidir incluirlos, asegura que hay quien los cuida, y decida con cuidado a qué partes del taller estarán invitados.

La Estructura del Taller

En el trabajo grupal efectuado hasta la fecha, hemos empleado tres métodos generales para reclamar nuestra identidad ecológica – el Duelo, después el Recordar, y finalmente el Hablar desde la perspectiva de otras formas de vida. Cada etapa puede ser cumplida por una variedad de ejercicios, algunos de los cuales detallamos más adelante. Primero, veamos como se desenvuelven estas etapas dentro de la programación de un taller, entre la expresiones de la intención inicial y los planes de acción futura y cambio al momento del cierre.

La Intencion del Grupo

Nos encontramos aquí porque nuestro planeta está en problemas. Nos encontramos porque nosotros, que somos partícipes de la destrucción de la biosfera, debemos también ser partícipes de la sanación que tiene que ocurrir.

Como dijo John Seed al comenzar uno de los talleres,

“Cuando se junta un grupo de personas durante un día o más con el fin de ayudarse mutuamente a sanar nuestra separación de la naturaleza, esta intención compartida constituye en sí la sanación que buscamos. Por eso es importante enfocar bien esta intención, fijarla bien en nuestras mentes y corazones. Meditemos ahora sobre esta intención sagrada.”

Si el taller dura más de un día, se les insta a los integrantes a enfocar esa intención con mucha claridad cuando se van a acostar en la primera noche.

Se ejemplifica el compromiso a valorar y apoyar la vida en las presentaciones iniciales. Mientras se presentan, se les pide que hablen de un aspecto (solo uno!) especial de la Tierra que aman. Si el tiempo lo permite, también pueden decir qué propósito o sentido de urgencia los ha traído al Consejo. A veces pasamos de mano en mano una pelota-Tierra, piedra o cristal que sostienen en las manos mientras hablan.

El Duelo

El concepto de ecología profunda solo tiene el poder de transformar nuestra conciencia y conducta si nos permitimos sentir – lo cual significa sentir nuestro dolor interior frente a los sucesos en el mundo. El taller sirve de espacio seguro para asumir ese dolor, explorarlo y soltarlo. A menudo surge de un profundo sentido de pérdida de lo que se nos escapa de las manos – bosques antiguos, ríos prístinos, cantos de aves y aire respirable. Es legítimo, entonces, lamentarnos – por una vez que sea – expresar nuestra tristeza y, cuando es apropiado, despedirnos de lo que está desapareciendo de nuestras vidas. Mientras los participantes dejan que ello suceda, sea en grupos chicos o en conjunto, surge la ira, el miedo y desesperanza – y también un cariño muy fuerte y apasionado.

Este cariño amoroso, y las interconexiones de donde emanan, llega a reconocerse como el fundamento de la rabia y dolor. Es parte importante del rol de la persona que guía el proceso enfatizar el punto. ¿Por qué otra razón lloramos por otros seres y los que vienen a nacer? La ecología profunda nos sirve de principio, para explicar tanto el dolor que sentimos de parte del planeta y sus seres, como el sentido de pertenencia que nos surge al dejar de reprimirlo, y permitirlo reconectarnos con nuestro mundo.

Esta etapa, como el trabajo de Desesperanza, es previa a las demás por varias razones. Erosiona las defensas condicionadas del ego que se siente separado, y la ficción que “yo” debería controlar las cosas o puedo alejarme del destino de los demás. Segundo, el duelo hace comprensible nuestra sensación de interconexión, o identidad ecológica. Por último, profundiza la confianza entre los miembros del grupo para todo el trabajo que sigue.

No es necesario dedicarle mucho tiempo a esta etapa. Lo que importa es ayudar a la gente a asumir la autenticidad de sus inquietudes, y progresar más allá del miedo del dolor que tienen inherente. Para el efecto, puede usarse uno o más de los siguientes ejercicios.

Contando nuestras Eco-Historias

Este ejercicio viene bien al comienzo del taller porque permite que cada persona se exprese plenamente desde el principio. Por un tiempo de entre cinco y quince minutos, grupos de tres o cuatro comparten experiencias especiales en su vida cuando han sentido poderosamente la presencia del mundo natural y/o dolor al darse cuenta que le está sucediendo. Los líderes pueden modelar la dinámica, enfatizando que no es una conversación, sino un momento de escuchar atentamente sus relatos sin comentarios. Una campana o cascabel puede marcar los tiempos de cada persona, cercándolos con silencio.

Al introducir el ejercicio Joanna Macy suele citar a Thich Nhat Hanh, quien dice, “Lo que más precisamos hace es escuchar dentro de nosotros el llanto de la Tierra.” Cada uno de nosotros lo escucha de manera diferente. ¿Cuál es la suya?

Meditacion sobre el Jefe Seattle

Las palabras elocuentes del cacique norteamericano, pronunciados hace más de un siglo y adaptadas en 1970 por Ted Perry, sirven de inspiración para trabajar en ecología profunda. Extractos del texto, reproducido en este libro, pueden ser pasados alrededor del círculo y leídos en trozos cortos.

Al fin de la lectura, deje que surja un silencio, y que los participantes expresen lo que está en su corazón. “Podemos dirigirnos al Jefe como si estuviera presente, contándole cómo es ahora con nosotros y nuestros seres compañeros hoy.” No faltarán respuestas, pues las palabras del jefe resuenan hondo. Es común que sigue un testimonio sanador, cuyo rol al inicio del taller se asemeja a la confesión de pecado en la liturgia cristiana – base fundamental para evitar la hipocresía en nuestras aspiraciones de cambiar.

Honrando Especies en Peligro

En este ritual, similar en función al del jefe Sealth, varias voces van nombrando especies en pleigro (por ejemplo del “Bestiario” de este libro, o de listas confeccionadas por entidades ambientalistas).

Al nombrar cada especie, suena un golpe seco de maderas, significando la finalidad de extinción. Así, que sea una sola vez, marcamos respeto por las cualidades de las muchas especies que ya no nos acompañan en la tierra.

Al terminar, deje tiempo para que la gente responda espontáneamente, posiblemente comunicándose en sonidos no-verbales. Al transmitir por ejemplo una grabación de canto de ballenas, es probable que los seres humanos asistentes lo acompañen con sus propios sonidos de lamento.

La “Muchedumbre” Ecológica

Este ejercicio de interacción, activa y silenciosa, es una potente meditación guiada que progresa por varias etapas. Para comenzar, la gente deambula al azar por un espacio reducido, con respiración y pasos muy calmados. Al encontrar la vista de los demás, responden con ecuanimidad, sin gestos de saludo. Simplemente aceptan la presencia de los demás. Luego, al indicarlo el líder, se juntan en parejas, mirándose de frente un momento en silencio.

El líder resalta lo intrincado de nuestra naturaleza humana, enfocando un aspecto distinto de nuestro ser en cada parada. Primero, por ejemplo, reflexiona sobre la mano humana con los dedos pulgares opuestos, el largo proceso del desarrollo de esta mano humana, la tecnología y artefactos que ha fabricado, y las accidentadas aventuras de producirlos.

Al terminar, la gente sigue caminando al azar por el “eco-gentío”. Cada vez que paran, eligen una pareja distinta, y el líder comenta otra faceta del ser humano – por ejemplo, la postura erguida que nos permitió alejarnos de la tierra y caminar equilibrándonos sobre dos pies - nuestros maravillosos ojos que reflejan el alma y han visto tantas cosas. Cada vez resalta la larga historia de nuestro desarrollo en el tiempo, y también la experiencia individual que cada uno tiene - la vulnerabilidad, creatividad y fuerza sanadora de la persona que tenemos al frente. Como no existe la necesidad de responder, podemos dedicarnos por completo a mirar a compañeros y a nosotros mismos con ojos nuevos. El ejercicio puede incluir un momento cuando las parejas comentan en voz baja alguna experiencia de unión cercana con la tierra. Cada vez se dan las gracias antes de alejarse.

Recuerdos Evolucionarios

En nuestra condición de manifestación orgánica de vida en la tierra, tenemos una historia larga y panorámica. Ni somos hijos del ayer, ni limitados solo a este momento breve de la historia planetaria. Nuestras raíces se remontan al comienzo de los tiempos, y podemos aprender a recordarlas. Llevamos puesto ese conocimiento. Como el cuerpo del embrión reseña el desarrollo evolutivo de vida en la tierra, podemos hacer lo mismo concientemente, con el poder de nuestro intelecto e imaginación. Métodos que ayudan a despertar estos recuerdos son meditaciones guiadas que enfocan nuestro viaje evolucionario por los cuatro y medio billones de años como Gaia, vida en la Tierra, o nuestros quince billones de años como universo. Siguen algunas formas que se han mostrado efectivas en este sentido.

Esta lectura puede servir como base cognitivo desde la cual tú puedes construir y dirigir las formas que deseas. La ofrecemos en dos etapas. La primera nos cuenta la historia desde el Big Bang hasta el nacimiento de la vida orgánica en la Tierra. Sugiere a la gente que tome una posición cómoda, relajada pero atenta, y lee en voz alta, clara y con pausas para estimular la reflexión.

La segunda parte es una meditación guiada con movimientos corporales, que abarca el progreso evolutivo de las formas animales, desde la vida unicelular hasta nuestra complejidad actual. Cada persona “siente” corporalmente las etapas progresivas de su propia evolución. Dedícale una hora a noventa minutos. Comienza invitando a la gente que se acueste cómodamente de panza o espalda, respirando en forma suave y relajada. Sugiérales que en cada etapa visualicen los movimientos primero, antes de moverse. Algunos preferirán solo visualizarlos, tranquilos. Aliente a todos a moverse espontáneamente tanto o tan poco como desean. Muchos se sorprenderán al darse cuenta cuanto ya sabe su cuerpo. En las etapas más móviles, algunos naturalmente tocarán a otros, cuidando de evitar el formalismo de disculparse. Un tambor o cascabel puede señalar un descanso al fin de cada etapa, antes de indicar la siguiente. Durante media hora al final, en parejas pueden compartir sus impresiones verbalmente. Este proceso, de describir como el cuerpo-mente realmente sintió la sensación de ser lagartija, por ejemplo, ilumina y ayuda el proceso del recuerdo.

El sonido y movimiento de esta meditación nos permite acceder a niveles de comprensión más allá de lo verbal, ofreciéndonos un sentido poderoso de la memoria y sabiduría en potencia que existe en las células de nuestro cuerpo.

Nuestra Vida como Gaia

Esta lectura, adaptable a su gusto para grupos grandes o pequeños, precisa el ritmo de un tambor, que representa el latido del corazón de cada individuo presente, y también el latido del corazón de la vida en el mundo.

Meditacion sobre Gaia

Esta forma es efectiva con grupos grandes, y especialmente cuando la gente se sienta en pareja cara a cara, como “objetos de meditación”. Evoca lo asombroso de nuestra naturaleza biológica, las interrelaciones y flujos intrincados que sostienen nuestro ser.

El Milagro de la Mano

Si no se dispone de una hora, y el espacio para acostarse, también es efectivo que los asistentes simplemente sostengan la mano de otra persona en la propia. La dinámica puede insertarse en una presentación, discurso o taller espiritual. Puede acompañar o reemplazar la “Muchedumbre” ecológica como uno de los encuentros no-verbales. Invíteles a cerrar los ojos, para dirigir toda su atención al sentido de tacto, haga notar la contextura y las características físicas de la mano humana y evoque su historia evolucionaria, como se las arregló para lograr subir de mar a tierra, aprender a empuñar las cosas, confeccionar herramientas, tejer, plantar y construir templos, telescopios, hospitales y cámaras de gas … preparándose para el trabajo venidero de construir un mundo sano y decente.

Cuando trabajamos juntos para desarrollar el sentido de identidad ecológica, redescubrimos cuan ancianos somos. Tú como facilitador, tienes el derecho de recordarle a la gente de la autoridad que confiere esa gran edad. Parándonos a defender derechos ante empresas o autoridades, no lo estamos haciendo de antojo personal y pasajero, sino con toda la autoridad de nuestra trayectoria de más de cuatro billones de años!

Elegiendo Otra Forma de Vida

Por medio del duelo y los recuerdos, los participantes del taller se han abierto a la universalidad de la vida que experimentan. Están listos para despojarse de su identificación meramente humana, y asumir creativamente la experiencia de otra forma de vida. El taller nos conduce hacia el agrado de encontrar afinidades semi-olvidadas. Elegimos, o nos sentimos elegidos por, otra manifestación de la naturaleza. Atendiendo los susurros del mundo natural que nos envuelve y compone, nos abrimos a sentir y ver lo que está en el borde de nuestro entender humano. Nos preparamos para el Consejo.

La preparación tiene tres etapas – identificarnos, confeccionar nuestra máscara y preparar la historia de nuestro ser.

La Identificacion

Esta etapa del proceso, cuando se realiza al aire libre, merece por lo menos una hora. Invita a las personas a que vayan espontáneamente a buscar un lugar con que sienten afinidad. Es una suerte de búsqueda de visión, porque en efecto están saliendo a buscar su aliado personal. Si trabajas bajo techo, el proceso llega a ser más interno y puede cumplirse en diez o quince minutos. Puede ser ambientado con sonidos grabados de la naturaleza o música que conduce al estado meditativo. Invita a que se acuesten y relajen profundamente, con la mente abierta y tranquila, a la espera de su encuentro con otro ser no-humano.

En cualquiera de los dos casos – afuera o adentro - invite a que se queden con el primer impulso o afinidad que sienten. No se trata de buscar un ser sobre el cual uno sabe mucho, sino sorprenderse encontrando uno en forma espontánea, y luego visualizarlo plenamente desde todos lados - tamaño, forma, manera de moverse, otras características. Conviene pedir permiso para entrar en su esencia con el fin de sentirla íntegramente, plasmar un diseño simbólico para la máscara, y decidir juntos como desea ser representado en el Consejo de Todos los Seres.

Confección de Máscaras

Distribuye los materiales sobre géneros o mesas, invitando a la gente a complementarlos con materiales naturales, y también a trabajar en silencio. Alienta la relajación y creatividad con música de la naturaleza. A veces sorprende la gran originalidad del trabajo que resulta de esta etapa.

La máscara puede ser atada a la cabeza o sostenida delante del rostro, lo que facilita el cambio a la forma humana cuando se sienta necesario. Es importante que las máscaras tengan huecos para ver y hablar claramente. Algunos prefieren usar pecheras o rostros pintados. Como sea el caso, es necesario enfatizar la sencillez y la facilidad de movimiento en el Consejo.

Una media hora debería ser suficiente. Si no se dispone de tiempo, una alternativa es distribuir pequeños papeles o etiquetas adhesivas en que un simple dibujo representa la forma de vida representada. Por último, es posible celebrar el Consejo con el simple anuncio de identidad de parte de los asistentes.

Meditacion Movida

Si hay tiempo, este ejercicio es útil, sin máscaras. Sentados o acostados, la gente se relajan y, respirando tranquilamente, comienzan a sentir esta nueva forma de vida que encarnan. ¿Qué forma tienes? ¿Cuánto espacio ocupas? ¿Cómo se siente tu piel o superficie? ¿Cómo te mueves, qué sonidos emites, etc (según el caso)? Jueguen con estos movimientos y sonidos.

Práctica de Hablar

Ahora, con máscara puesta y en pequeños grupos, los participantes practican el habla del nuevo ser. Este proceso profundiza el sentido de identificación, evitando que en el Consejo se recurra demasiado a los juicios humanos, datos científicos y generalidades de tipo intelectual. Invita a cada ser a hablar unos minutos, presentándose a su grupo y expresando cómo siente su identidad, enfocando especialmente características físicas y modo de vida, y evitando comentarios sobre la condición actual del mundo. Conviene explicar en primera persona, cuales son sus fortalezas y cualidades especiales, y contestar preguntas hechas por sus compañeros. Este proceso a menudo causa gran alegría y goce. Es tan efectiva en mostrar nuestra empatía natural que a veces, cuando el tiempo escasea, sirve en lugar de celebrar el Consejo ritual completo. En tal caso, el diálogo puede proceder en tres etapas – primero, la realidad de su vida, segundo, cómo siente cada ser que esa realidad ha cambiado con las nuevas condiciones creadas por los seres humanos y tercero, que poderes o dones ofrecerían a los seres humanos para ayudarles a parar la destrucción actual que están causando.

El Consejo

Recuerda que cada Consejo tiene su carácter diferente, por ser la expresión espontánea de personas individuales. Algunos despierten mucha emotividad, algunos son livianos, otros más formales. Las apariencias no dicen todo; es común que una persona puede parecer poco involucrada pero en realidad está siendo profundamente afectada.

Mientras el comienzo está programado, el final siempre es impredecible. Todo depende del sentir del grupo y la dinámica liberada. Algunos terminan en silencio y reflexión, otros con expresiones de reverencia y ritual, otros con brotes explosivos de alegría, bailes y aullidos – y algunos combinan estas características, y más.

Al final del Consejo, los seres vuelven a ser humanos, soltando sus formas anteriores, preferiblemente con la quema ritual de máscaras y agradeciendo a los seres que hablaban por su intermedio en el Consejo. El grupo dice, “Gracias, buho … gracias, trueno …”

Después de aproximadamente dos horas de trabajo del Consejo, deja surgir un período de relajación, un rato de informalidad y reflexión, para que se vayan absorbiendo las impresiones de la experiencia.

Seguimiento y Proyección

Al momento de reagruparse en círculo, deja que la gente compartan sus reacciones personales al Consejo. Necesitan expresar algunas de sus reflexiones y las respuestas interiores que provocaron antes de poder dirigir su concentración hacia otros temas. Es importante aclarar que esto es un espacio para escuchar ideas, no discutirlas. Pueden tomar la forma creativa que las personas desean, y conviene dejar momentos e silencio entre la expresión de una y otra. El proceso profundiza la experiencia y sentido de comunidad.

Luego, después de algo de movimiento físico, empezamos a trabajar juntos en preguntas como - ¿Cómo sentimos ahora la necesidad de actuar en el mundo? ¿Qué cambios queremos hacer en modos de vivir? ¿Qué acciones emprenderemos? ¿Cómo podemos ayudarnos mutuamente, y en qué tareas?

Se puede comenzar como “lluvia de ideas” con apuntes colectivos, y las que despiertan especial interés pueden ser analizadas en pleno o en grupos pequeños. Este es el momento para aterrizar a lo concreto – compartir datos de contacto, recursos específicos, libros, grabaciones, organizaciones. También es el momento de planificar acciones y encuentros específicos a futuro. Asegúrate de definirlos claramente antes del fin del taller.

Clausura

Considerando la profundidad del proceso completo del Consejo de Todos los Seres, corresponde que la clausura del taller también tome forma ritual, por sencilla que sea – por ejemplo, un círculo donde se expresa espontáneamente agradecimiento y reverencia por Gaia y la vida que compartimos con ella. Si al principio se invocaron las cuatro direcciones, ellas deberían ser honradas y liberadas también, en este momento.

El taller del Consejo ya termina, pero solo en un sentido. En otro, si bien es improbable que este grupo se reencuentre, la experiencia compartida vivirá en los pensamientos de cada uno como parte de su paisaje interno, contribuyendo a su sentido más amplio y verdadero de identidad ecológica.

EJEMPLO DE UN CONSEJO DE TODOS LOS SERES ... Pat Fleming, Joanna Macy

A continuación reseñamos el desarrollo de un Consejo de Todos los Seres que se realizó al aire libre en un ambiente silvestre. El ritual también se puede desarrollar bajo techo en ambientes urbanos.

Nos hemos juntado unas veinticinco personas al lado de un río en New South Wales, Australia. Anoche compartimos experiencias que despertaron nuestra inquietud – hasta angustia – sobre lo que pasa al mundo natural en nuestro tiempo. Aunque venimos de ambientes diferentes, compartimos esta inquietud que nos ha juntado con el fine de trabajar juntos. Deseamos fortalecer nuestro coraje y compromiso para actuar con el fin de sanar nuestro mundo.

Tomamos tiempo para reconocer esa intención cuando nos sentamos juntos anoche. Nos ha impulsado a probar nuevas maneras de sanar nuestra separación de la naturaleza, que es una raíz de la destrucción de los bosques y el envenenamiento de los mares y el suelo. Estas maneras de reconectarnos no son tan nuevas, después de todo, como apuntó Sheila, una de las facilitadores.

“Mientras exploramos nuevos procesos grupales para reconectarnos con la naturaleza, descubrimos que no es difícil encontrar algunos que funcionan y que sentimos como auténticos. Esto no es sorprendente si consideramos los miles de generaciones de seres humanos que han participado en procesos similares, y cuan pocas son las generaciones desde que nosotros temporalmente los hemos olvidado.”

Esta mañana como grupo hicimos unos ejercicios para enfatizar nuestra interconexión con la trama de la vida. Nos ayudaron a RECORDAR nuestra historia bio-ecológica, mientras nuestra especie y sus ancenstros evolucionamos a través de cuatro billones y medio de vida planetaria. Nos ayudaron a relajarnos en nuestros cuerpos, en nuestros saberes intuitivos, y en nuestra confianza entre nosotros. Ahora, después de ordenar las cosas del almuerzo, nos juntamos para prepararnos para el esperado ritual del Consejo de Todos los Seres.

En vez de comenzar de inmediato, nuestro co-lider Frank nos invita a dispersarnos y pasar una hora a solas cada uno.

“Encuentra un lugar que sienten como especial, y simplemente estén ahí, quietos y a la espera. Dejen que otra forma de vida se te ocurra, una que representarás en el Consejo de Todos los Seres de esta tarde. No se precisa intentar que ocurra. Nada más relájate, y déjate ser elegida por la forma de vida que desea hablar por intermedio tuyo. Puede ser una forma de planta, animal, o un fenómeno ecológico como un accidente geográfico o cuerpo de agua. A menudo lo primero que se te ocurre es lo mejor para ti en esta reunión.”

Hasta antes de sentarme tranquilamente en la arena cálida al lado del río, tengo el sentido del “ser” que espera manifestarse en mí. Es Montaña.

Me relajo e inhalo, inhalo Montaña. Siento mis raíces de roca penetrar profundo, hasta donde la misma Tierra está caliente. Mi base es ancha, muy ancha y muy firme. Las tormentas pasan por mi superficie, dejando apenas una arruga en mi piel de posque. Hasta una ocasional terremoto no me causa más que un temblor que me recuerda más que nunca de mi vitalidad. Soy anciano. Me doy cuenta de los siglos, los milenios que pasan, las muchas estaciones y ciclos de cambio. Me siento muy fuerte, capaz de aguantar muchísimo. Desde esta fuerza ofrezco contención y abrigo a muchas otras formas de vida. También brindo inspiración y desafío: el llamado a venir y conocerme más, explorar mis roqueríos, valles, ríos bordeados de árboles. Siento una inmensa paz interior – inamovible, más allá del tiempo. Ofrezco esto a todos quienes descansan en mí – sin embargo, los humanos, cual hormigas en mis flancos, pueden ponerse tan intrusivos, abusivos. Arrancan mis huesos, sacando carne, trayendo peligro a mis habitantes. Debo hablar de esto en el Consejo esta tarde.

BRRRM … BRRRM … el tambor nos llama de vuelta. Nos llama a tomar tiempo para confeccionar máscaras y explorar juntos nuestras diversas formas de vida.En silencio amigable, nuestras manos buscan papel, colores, adhesivo. Debajo del susurro de los árboles suenan tijeras, pliegos, respiraciones humanas.

BRRRM … BRRRM … el tambor nos llama una vez más, esta vez a entrar en el lugar ritual y juntarnos en el Consejo de Todos los Seres. Vestido con mi máscara de Montaña de tierra, piedra, hojas y pastos, me muevo pesada y lentamente hacia el lugar ceremonial. El agua del arroyo que bordea el lugar es fresca, limpia lo antiguo, nos prepara para lo nuevo, desconocido. Mientras nos juntamos en un amplio círculo miro alrededor a todos los seres convocados – tanta diversidad de formas y colores, algunos impetuosos, otros tímidos, más sutiles. Nos envuelve un aire de incertidumbre, de expectación. Murmuran en anticipación los antiguos eucaliptos y otros árboles alrededor del lugar. Una garza blanca pasa hacia arriba por el arroyo, enviándonos bienaventuranza con sus aleteos. Me uno con la arena, fuerte, sólida, expectante – hasta la eternidad, si es preciso.

Frank primero nos habla de la forma del ritual. Reconozco la mezcla de diferentes tradiciones nativos de los pueblos de nuestro planeta. Ritualmente limpiaremos al lugar y a nosotros con fuego y agua. Para reconocer la plena envergadura de nuestras inquietudes, invocaremos y invitaremos a los poderes de la tierra, y los seres que rondan por nuestras vidas en este espacio y tiempo – los poderes de las cuatro direcciones y los tres tiempos. Luego, cuando comienza el Consejo en sí, nosotros representaremos a las formas de vida que asumimos, hablando espontáneamente, dejando que se exprese lo que es preciso expresar.

Estas declaraciones, nos dicen, se harán en tres etapas. Primero, hablaremos espontáneamente entre nosotros desde la perspectiva de las formas de vida no humana. Expresaremos porque llegamos aquí, con libertad de demostrar nuestra confusión, tristeza, enojo y temor. Después de un tiempo, a la señal del tambor, cinco o sies de nosotros nos sentaremos en el centro del círculo, a escuchar en silencio como seres humanos. Todos tendremos la oportunidad de cambiar entre los roles humano y no-humano. Por último tendremos la oportunidad de ofrecerles a los humanos (y recibir como humanos) los poderes necesarios para parar la destrucción de nuestro mundo. Frank nos ofrece este vistazo general de la estructura del Consejo con el fin de que nos sintamos cómodos, y agrega que no es necesario recordar la secuencia, ya que responderemos en forma natural conforme se vaya desenvolviendo el ritual.

Ahora, al ritmo lento del tambor y con el aroma de hojas dulces quemadas, comienza el ritual del Consejo. Pasamos de mano en mano una concha de loco con fragrantes pastos quemados; inhalamos el humo dulce y penetrante, pasándolo por nuestros cuerpos y reconociendo nuestro parentesco con el fuego. En seguida una fuente de agua pasa por el círculo. Cada uno unta la cabeza de la persona que sigue, y así constata nuestra necesidad de limpiar y refrescarnos.

Mientras se invocan las cuatro direcciones, nos dirigimos hacia el Este, el Sur, el Oeste, y el Norte. Valiéndonos de la antigua sabiduría de la Rueda de la Medicina, nos dirigimos en cada dirección con los brazos en alto, mientras uno en voz alta evoca los significados de cada uno. “Invocamos e invitamos el poder del Este … el poder del sol naciente, de nuevos comienzos, la vista lejana del águila.”

Como Montaña, siento una afinidad especial con el Norte, “poderes de quietud e introspección, de espera y de resistencia …”

Frank, como líder del ritual, ahora nos ayuda a invitar los seres de los tres tiempos …

“Invitamos a nuestro círculo todos los que han pasado antes – todos Uds que han habitado la Tierra, la han amado y la han cuidado., los recordamos e invocamos su sabiduría y sus esperanzas. Uds, nuestros ancestros y maestros, les ropgamos que estén con nosotros en este tiempo. Buscamos fuerza y consejo para salvar la Tierra que Uds amaban. Invocamos sus nombres.”

Espontáneamente y mezclados desde todas partes del círculo, vienen nombres, como Jesús, Buda, Martin Luther King, abuelos, educadores y guías espirituales.

“Invocamos también a los seres del tiempo presente. Invitamos a este círculo a nuestras familias y amigos, vecinos, compañeros de trabajo y aquellos que han hecho posible nuestra presencia aquí. Uds comparten nuestras esperanzas y temores, y estamos aquí para Uds también …” Viene otro murmullo de nombres desde el círculo … Peter, Adele, Susan, Bob Hawke, Mikhail Gorbachev …

“Por ultimo invocamos a los seres del tiempo futuro, Uds que esperan nacer. No podemos nombrarlos, pero es por Uds que trabajamos para preservar este hermoso planeta. Y es de Uds, también, que necesitamos ayuda para poder hacer lo que es necesario hacer …”

Después de un momento de silencio para las generaciones que esperamos que vendrán después de nosotros, cantamos el refrán que ha seguido cada invocación.

“Júntense con nosotros ahora en esta hora. Júntense con nosotros ahora en este lugar.”

Ahora estamos preparados para hablar como Consejo. Nos sentamos y tomamos nuestras antifaces. Gradualmente vamos abandonando nuestra identidad exclusiva del ser humano, asentándonos más y más en la de los otros seres que buscan ser interpretados por intermedio nuestro.

Pasamos revista a los seres presentes. Alrededor del círculo nos identificamos cada uno hablando a través de su máscara … “ Soy Lobo, y hablo de parte del pueblo de los lobos” … “Soy Gansa Salvaje, y hablo por todas las aves migratorias” … “Soy Trigo, y represento a todos los granos cultivados” …

“Nos hemos juntado,” dice Frank, poniéndose su máscara de hojas y tallos espinudos, “porque nuestro planeta está en aprietos. Nos encontramos con el fin de decir qué está pasando con nosotros y con nuestro mundo. Yo vengo a este Consejo como Maleza – un nombre que los humanos reservan para plantas que no ocupan. Soy fuerte, vigoroso. Me encanta empujar, crear semillas, penetrar … hasta el concreto. Al romper el pavimento, traigo humedad y vida. Cicatrizo a la tierra quemada y herida. Mas me rocían con veneno y trituran ahora, junto con todas las criaturas con que vivo asociadas.”

En reconocimiento replicamos todos, “Te escuchamos, Maleza.”

“Yo soy Torcaza … hoo-oo … vivo en uno de los pocos restos de bosque húmedo. Suavemente envío mi canto por intermedio de coihues gigantes y luz suave y verde … pero ya no me contestan, ¿Dónde estará mi gente? ¿Adónde se habrán ido? Solo siento el eco solitario de mi voz. Llamo y llamo, pero mis crías jamás me vuelven a ver. ¿Qué les sucede?”

“Te escuchamos, Torcacita…”

“Yo soy Vaca, blanca y negra, encerrada en un potrero lejos de pasto, y parada en mi propio excremento. Me sacan mis terneros y me atan maquinas de fierro frío sobre mis tetas. Grito y grito, pero mis crías no vuelven jamás. ¿Adónde van? ¿Qué les pasará?”

“Te escuchamos, Vaca …”

“Las cáscaras de mis huevos son tan delgadas y quebradizas ahora, se rompen antes que mis polluelos están listos para nacer. Me temo que tengo veneno hasta en mis propios huesos.”

“Te escuchamos, Gansa Salvaje …”

Uno a uno hablan, y son escuchados. Monito del monte. Hoja muerta. Cóndor. Barro. Flor Silvestre. Una suave voz dice, “A mí me llaman Babosa, pero eso no me molesta. Yo me deslizo, bien lenta y suave, mordisqueando las hojas que encuentro. Pero, saben, por hacer esto nada más, me apretujan y descuartizan, me aplastan sin siquiera un “permiso, por favor”. ¿Qué hice yo para merecer eso?”

Junto con la risa viene simpatía, “Te escuchamos, Babosita …” Huemul, Pudú, Liquen, Delfín … “Te escuchamos, te escuchamos …” Ya sé que ha llegado el momento para que yo haga escuchar mi voz … “Yo soy Montaña. Soy anciana, sólida, construida para durar. Pero ahora me están dinamitando, minando, arrancando mi propia piel de bosques … el agua se está llevando mi tierras fértiles en sedimentos que están ahogando esteros y ríos. Tengo muchas cosas que decirles a los humanos hoy …” “Te escuchamos, Montaña …”

El tambor suena nuevamente, anunciando la segunda etapa del Consejo. Convoca a un grupo de humanos al centro del círculo a escuchar. Cinco seis de los seres dejan máscaras al lado para ir al medio. Sentados espalda a espalda en el centro, escuchan mientras el Consejo continúa. Al sonar el tambor de nuevo, vuelven hacia fuera y otros los reemplazan … y el proceso se repita, hasta que cada uno de nosotros haya tenido oportunidad de escuchar como ser humano.

“Escúchennos, humanos,” dice Maleza, “este mundo es el nuestro también, y llevamos mucho más tiempo acá que Uds. Durante millones de años hemos estado criando nuestras crías, ricas en nuestras maneras y sabidurías. Pero ahora nuestros días están contados debido a sus acciones. Quédense quietos para variar, y escúchennos” … “Soy Bosque Lluvioso. Contada en su tiempo humano mi edad es más de ciento treinta millones de años. Si yo fuera un edificio de Uds me cuidarían muchísimo. Pero en vez de hacer eso, me destruyen – para conseguir periódicos y hamburguesas baratas me dejan devastado - con tanto descuido, matando tantos de mis árboles para conseguir unas pocas, míseras tablas – y dejan el resto quemándose. Me atraviesan con caminos innecesarios, para que venga gente sin corazón a especular conmigo creyendo ser mis “dueños”. Hacen que mi mayor riqueza, el suelo orgánico, se pierda y se vierta en el mar vecino. No aguanto más los gritos de su maquinaria arrancando mis troncos con tanta violencia, arrancando mi carne y reduciendo siglos de lento crecimiento a muebles y un montón de aserrín. ¡Cómo se atreven!” … poniéndose de pie, majestuoso en su ira, Bosque Lluvioso continúa, “Su avaricia y locura acorta su propia vida como especie. Al dejarme destruido y humeante, anuncian su propia muerte. ¿No saben que es desde mí que Uds han venido? Sin mi mundo verde su espíritu se encogerá, sin el oxígeno exhalado por mi vida vegetal no te quedará nada para respirar. Me necesitan tanto como sus propios pulmones … ¡Yo SOY sus pulmones!” … “Oh, humanos, yo, como Agua Limpia, era la portadora de la vida y la nutrición. Miren lo que ahora traigo, ya que me han vertido sus desechos y sus venenos en mi cuerpo. Me han dado vergüenza, y quiero dejar de fluir, porque he llegado a ser la portadora de enfermedades y muerte.”

Monito del Monte levanta la mano, “Miren mi mano, humanos, es similar a la de Uds. De su rastro en el suelo blando se ve donde yo he pasado. ¿Qué clase de rastro sobre la tierra dejarán Uds a futuro?”

BRRRM … BRRRM … suena de nuevo el tambor en el círculo. Los humanos, con cara de alivio, vuelven a sus lugares y máscaras de sus otras identidades. Seis más van a sentarse juntos, algunos de la mano, al centro, y escuchan …

“Soy Delfín, me encanta revolotear, brincar, jugar … sí, humanos, jugar con Uds también, cuando siento confianza, porque sentimos una gran afinidad. Pero nos enredamos y ahogamos en sus redes. Aprovechan cruelmente de nuestra amistad para hacer experimentos militares con nosotros. Nos encierran en sus parques para entretención y dinero. Nos niegan el derecho a nadar libre con nuestros semejantes. ¡Hablo por todos los seres en cautiverio! Al honrar nuestra libertad, encuentren también la de Uds …”

Siento como que estoy hirviendo adentro, y sé que nuevamente debo hablar, “¡Humanos! Yo, Montaña, hablo. ¡No pueden ignorarme! He estado con Uds desde sus mismos principios y mucho antes. Durante milenios sus ancestros veneraban mis lugares sagrados, encontraban sabiduría en mis altas cumbres. Les otorgué abrigo a una vista hacia la lejanía. Ahora, en recompensa, me violentan. Cavan y excavan para conseguir la joya en la piedra, el mineral en mis venas. Al desnudarme de mis bosques, me quitan mi capacidad de mantener el agua y soltarla lentamente. ¿Ven los ríos sedimentados? ¿Ven las inundaciones? ¿No pueden verlo? Destruyendome a mí, se destruyen Uds. ¡Por amor a Gaia, despierten!” … “Humanos, yo soy Liquen. Lentamente a través de los años hago suelo de las rocas. Pensaba que nada podía pararme – hasta ahora. Ahora su lluvia ácida me tiene enfermo.” … “Mírenme, humanos, soy Cóndor, uno de los pocos que van quedando. Mírenme bien, a mis enormes alas, el brillo de mi plumaje y mis ojos … mírenme bien, porque es muy posible que sus hijos no podrán hacerlo.”

“Te escuchamos Delfín, te escuchamos Bosque Lluvioso, te escuchamos Montaña, Liquen, Cóndor …”

Una por una, salen las historias, llenas de dolor, rabia, a veces de humor. Todos repetimos cuán rápida y fuertemente los humanos están impactando nuestras vidas y nuestras posibilidades de sobrevivir. Al mismo tiempo las palabras llevan un sentido de afinidad de espíritu, porque todos pertenecemos a la misma tierra.

Al bajar un poco la corriente del diálogo, nuestro facilitador Frank saca su máscara de Maleza y se coloca en medio del círculo. Por primera vez en el ritual, escuchamos a alguien hablar como ser humano.

“Les escuchamos, seres hermanos. Ha sido doloroso escuchar, pero les agradecemos su sinceridad. Somos lo que estamos destruyendo, estamos en problemas, y estamos asustados. Los efectos que hemos soltado sobre el mundo tienen tanta fuerza y rapidez que nos sentimos agobiados. No nos abandonen por favor – necesitamos de su ayuda, y para su propia sobrevivencia también. ¿Existen poderes y fuerzas que Uds pueden compartir con nosotros en estos tiempos duros?”

No hace falta ninguna otra señal o indicación que esto, para que se transforme por completo el ánimo del Consejo. Las historias de sufrimiento y reproches dan lugar a un intercambio espontáneo y generoso de regalos y ofrendas.

“Yo, Babosa, paso la vida lentamente, cerca de la tierra. Les ofrezco eso, humanos. Avanzan muy lejos, muy rápido, para el bien común. Conozcan con cuidado y en detalle todo el terreno que pisan …” Agua dice “Yo fluyo y fluyo, manejo obstáculos con mi perseverancia y flexibilidad. Tomen estos dos regalos para sus vidas y su trabajo por el planeta.”

“Yo, Cóndor, les obsequio mi vista aguda y perspicaz. Veo desde muy lejos lo que está, y lo que vendrá. Usen ese poder para mirar hacia delante, más allá de los quehaceres de hoy, para ocuparse de dónde van.” “Gracias, Babosa … gracias, Agua … Cóndor”, susurran los humanos.

Uno tras otro, los seres ofrecen sus cualidades especiales a los humanos en el centro. Después de hablar, cada uno deja su máscara en el círculo de afuera y se junta con los humanos en el centro, para potenciarse como ser humano de lo ofrecido por los otros seres. “Como Liquen, trabajo con el tiempo, mucho mucho tiempo. Sé que el tiempo es mi amigo. Les ofrezco esa paciencia para el camino largo. Yo les despojaría de su apuro.” “Yo, Bosque Lluvioso, ofrezco mis poderes de crear el equilibrio y armonía que permiten que muchos seres vivan juntos. De este equilibrio y simbiosis, puede nacer nueva y diversa vida. Esto puedo ofrecerles.” “Como Hoja Muerta, yo los libraría de su temor a la muerte. Mi caída y descomposición permite vida nueva. Quizás, al temer menos a la muerte, estarían más preparados para vivir. Les ofrezco afinidad con la muerte, mientras trabajan con los ciclos naturales, sanadores de la vida.” Flor Silvestre agrega, “Ofrezco mi fragancia y belleza para llamarlos de vuelta a la belleza de la vida. Tomen tiempo para fijarse en mí, y los dejaré enamorarse nuevamente con la vida. Ese es mi regalo.” Siento que Montaña desea expresarse nuevamente a través de mí. “Humanos, les ofrezco mi profunda paz. Vengan a mí en cualquier momento a descansar, soñar. Sin sueños pueden perder su visión y esperanza. Vengan, además, por mi fuerza y constancia, cuando sea que los necesiten.”

Saco mi máscara y me uno al grupo de humanos en el centro. Manos se extienden en bienvenida. Siento el agrado de tocar la piel humana. Comienzo a alcanzar una nueva claridad sobre nuestras fuerzas. Porque todos los obsequios que los seres nos ofrecen ya residen dentro de nosotros en potencia – de otra manera jamás habríamos sido capaces de expresarlos.

El último de los seres da sus bendiciones. Frank ha vuelto a poner su máscara, y dice, “Yo les ofrezco nuestro poder como Malezas – el poder de la tenacidad. ¡No importa cuán duro sea el terreno, no nos rendimos nunca! Sabemos como seguir insistiendo, lento al principio, descansando cuando es necesario, persistiendo … hasta que, de repente … ¡crac! … estamos de nuevo en la luz del sol. Seguimos creciendo donde sea que estemos. Esto es lo que compartimos con Uds – nuestra perseverancia.”

Le agradecemos y lo arrastramos dentro de nuestro grupo. Y surge un sonido sin palabras. Juntando manos, comenzamos a movernos hacia fuera en un círculo, riéndonos y susurrando. Sheila encabeza la larga fila, dirigiéndola de nuevo alrededor de si misma, y enrollándola cada vez más apretadamente sobre si misma en un abrazo colectivo. Es una forma antigua que nuestros pueblos originarios conocen como “zumbido de abeja”. El abrazo apretado, mejillas sobre hombros, piel sobre piel, se siente bien, mientras que el zumbido emanando de nuestras gargantas vibra a través de todos – como si fuéramos un solo organismo.

El zumbido vuelve canto. Alguien toma el tambor, y a su ritmo nos movemos en una danza, saltando, zapateando de lado a lado. Otros se alejan hacia espacios entre árboles o al lado del río, para vivir tranquilos consigo mismo y con lo que nos ha sucedido.

Más tarde, al ponerse el sol, nos volvemos a juntar, a soltar los seres que hemos invitado a expresarse por nuestro intermedio. Se ha encendido un fuego en el crepúsculo. Uno por uno avanzamos cada uno con su máscara, y las colocamos todas en las llamas, honrando a los seres que representaban mientras dejamos que ardan. “Gracias, Cóndor.” “Gracias, Montaña.”

Mañana el círculo se reanudará, a compartir los cambios que como humanos trabajaremos para conseguir en nuestras vidas y el mundo. Entonces haremos planes de acción y estrategias, buscaremos formas de apoyarnos mutuamente. En este momento, basta con descansar sobre nuestra tierra, mirando como las máscaras se van doblando y chisporroteando al calor del fuego. +++++++ AUTORREALIZACION

Una aproximación ecológica al vivir en este mundo Arne Naess

Extracto de Clase Magistral, Murdoch University, Australia, 12-3-1986

Durante al menos 2,500 años, el ser humano intenta explicarse quien es, adonde va, y de qué clase de realidad forma parte. 2,500 años es un período breve en la vida de una especie, y mucho menos todavía en la vida de la Tierra, sobre cuya superficie pertenecemos como partes móviles.

Lo que voy a decir puede ser condensado en seis puntos:

>Nos subestimamos a nosotros mismos. Enfatizo nosotros, nuestro propio ser – tendemos a confundirlo con el ego limitado.

>La naturaleza humana es tal que que dada la suficiente madurez, no podemos evitar “identificarnos” con todo ser vivo, bello o feo, grande o chico, conciente o no. Elucidaré mi concepto de identificación más adelante.

>Tradicionalmente la madurez del ser humano cruza por tres etapas – de ego, al ser social, al ser metafísico. En este concepto, la naturaleza, hogar de nosotros y nuestra relación con otros seres humanos, en gran medida se ignora. Por ello me atrevo a sugerir el concepto del “ser ecológico”. Posiblemente desde un principio somos en, de, y para la naturaleza. La sociedad y relaciones humanas son importantes, pero nuestro ser es más rica en relaciones que la constituyen, no solo relaciones humanas y comunitarias, sino con la comunidad más amplia de todos los seres vivos.

>El regocijo y el sentido de la vida se intensifican con una mayor realización del ser al cumplir su potencialidad. Por muy diversos que sean los seres, ampliar su realización implica ensanchar, profundizar el concepto ser.

> El concepto “uno mismo” se ensancha y profundiza debido al enlace inevitable entre el desarrollar la madurez y identificarnos con los demás. Nuestra auto-realización se ve impedida si la de los demás, con quienes nos identificamos, se ve impedida. El amor propio trabaja en vencer el obstáculo ayudando la auto-realización de los demás según el lema “vive y deja vivir”. Así todo lo que consigue el altruismo, la consideración hacia los demás, puede alcanzarse (y más) por medio de ensanchar y profundizar a nosotros mismos. Según Kant, entonces, actuamos con hermosura aunque sin moral.

>El desafío de hoy es evitar que el planeta sufra más devastaciones, que violentan el inteligente auto-interés de seres humanos y no-humanos, y disminuyen la potencialidad de coexistencia armoniosa de todos.

La respuesta más simple a la pregunta de quién o qué soy, es apuntar a mi cuerpo con mi dedo, pero no puedo identificar mi yo ni mi ego con el cuerpo. Al considerar la frase “Yo conozco al Sr Smith”, resulta imposible sustituir el “yo” por “mi cuerpo”, “mi mente”, o “mi mente y cuerpo”.

Varios miles de años de discurso científico no han podido brindar alguna definición estable del “yo”, ego o ser. En psicoterapia, si bien los conceptos son centrales, en la práctica no requieren definición. Para nuestros fines es importante recordarnos cuan extraños y notables son estos fenómenos de discurso y reflexión, tan cercanos a cada uno. Quizás la cercanía aumenta la dificultad. Ofrezco una frase parecida a una definición del ser ecológico:

El yo ecológico de una persona es aquello con que la persona se identifica.

Esta frase clave acerca del yo traslada la labor de clarificación del yo al de identificación, o más exactamente, al proceso de identificación.

¿Cuál sería un ejemplo paradigmático de identificación? Sería una situación en que la identificación produce empatía intensa. Mi ejemplo trata de un ser no-humano que conocí hace 40 años – mientras miraba la dramática unión de dos ácidos bajo el microscopio, un piojo suicida saltó y se sumió en la reacción. Salvarlo fue imposible, y demoró largos minutos en morir, con movimientos terriblemente expresivos. Sentí naturalmente una compasión y empatía dolorosas. Empero, lo fundamental no fue la empatía … fue el proceso de identificarme, el “me veo a mí en ese piojo”. Si yo fuera alienado del piojo, sin intuir nada de semejanza entre nosotros, su lucha mortal me habría dejado indiferente. Así que tiene que existir identificación para que exista compasión y, entre los seres humanos, solidaridad.

Un autor que contribuye mucho al estudio del yo es Erich Fromm:

“La doctrina que el amar a si mismo es idéntico al egoísmo, y una alternativa al amar a otros, se ha generalizado en la teología, filosofía y pensamiento popular. La misma doctrina fue racionalizada en términos científicos en la teoría de narcisismo de Freud. El concepto de Freud presupone un monto fijo de libido disponible. Según Freud, mientras más amor dirijo hacia el mundo externo, menos queda para mí, y vice-versa. Así describe el fenómeno del amor como un empobrecimiento del amor propio, porque toda la libido está dirigido hacia un objeto fuera de uno mismo.”

Fromm discrepa del análisis de Freud: “El amor propio y el amor hacia los demás no son alternativas contrapuestas. Al contrario, una actitud de amor hacia uno mismo se encuentra en todos los que son capaces de amar a otros. En principio, el amor es indivisible en cuanto a la conexión entre un objeto externo y el propio ser. El amor genuino expresa una productividad implicando cuidado, responsabilidad, responsabilidad, conocimiento. No es un efecto, causado por alguien, sino una lucha activa en pro del crecimiento y felicidad del ser amado, radicada en la capacidad de amar del propio ser.”

Fromm es muy claro al tratar el altruismo – contrapuesto al egoísmo, pero basado en una percepción restringida del yo. Ello es aplicable también a las personas que creen sacrificarse a sí mismos. En nuestra cultura la naturaleza del altruismo se nota a menudo en el efecto de una madre abnegada sobre sus hijos. Cree que por su sacrificio sus niños vivirán la realidad de ser amados y así aprenderán a amar, pero no siempre se cumplen las expectativas. En vez de crecer felices y seguros de ser amados, los niños quedan con ansiedades, necesitan aprobación y son profundamente afectados por las actitudes negativas e inconscientes de su madre.

Al observar el efecto de una madre que ama a si misma realmente, vemos que nada ayuda más a que un niño experimente el amor, la dicha y felicidad que ser amado por una madre que se ama a si misma. Visto en el contexto de la filosofía ecológica … si bien una ética ambiental es necesaria, si la gente siente que sacrifican sus intereses al amar la naturaleza, probablemente al final estamos viendo una base traicionera para esa ética.

Por medio de una identificación más amplia con el mundo, por el amor genuino de un yo profundizado, ensanchado, llegamos a ver que al proteger y cuidar la naturaleza, estamos sirviendo nuestros intereses, extendidos.

Admiro desde 1930 la acción directa, no-violenta de Gandhi, y siento inevitablemente la influencia de los principios metafísicos, que lo motivaron potentemente a seguir adelante hasta el momento de su muerte. Su objetivo principal, según veía, no fue tan solo la liberación política de la India, ni sus campañas en contra de la pobreza extrema, la represión por castas, y el terrorismo religioso. Su fin más anhelado fue la liberación del propio ser humano individual. Escucharlo puede sonar extraño a muchos de nosotros:

“Lo que deseo conseguir – lo que he luchado anhelando por conseguir estos treinta años – es la autorrealización, verle a Dios de cara a cara, alcanzar Moksha (Liberación). Vivo, me muevo, dedico todo mi ser a ese propósito. Todo lo que hago en dichos, escrituras, y todo lo que emprendo en el campo de la política, se dirige hacia este mismo fin.”

Suena individualista al oído occidental. Es un error común. Si el “yo” de Gandhi fuera el yo “angosto” (jiva) del interés egocéntrico, porqué entonces trabajar por los pobres? Para él, es el “yo” supremo, universal – el atman que hay que realizar. Parece paradójico intentar alcanzar la autorrealización por medio de la acción no egoísta, reduciendo el dominio del yo restringido, el ego. Por el yo más amplio, cada ser vivo está conectado íntimamente. La capacidad de identificarse nace de esa intimidad y, naturalmente, la práctica de la no-violencia. No es preciso moralizar, del mismo modo que no es preciso moralizar para respirar. Necesitamos cultivar la intuición. Citando a Gandhi nuevamente, “El fundamento más elemental para alcanzar el poder de la no-violencia, es el creer en la unidad esencial de todo lo que vive.”

Históricamente, observamos que la conservación ecológica es esencialmente no-violenta. Gandhi apunta, “Creo en advaita (no-dualidad). Creo en la unidad esencial del ser humano e, incluso, todo lo que vive. Por ello creo que si un hombre gana la espiritualidad, el mundo entero gana con él y, si un hombre fracasa, el mundo entero fracasa en la misma medida.”

Algunos consideran a Gandhi extremo en su consideración personal de la autorrealización de seres vivientes no-humanos. Viajaba con una cabra para abastecerse de leche y mostrar desacuerdo con el modo Hindú de ordeñar las vacas. Algunos europeos se desconcertaban al ver como dejaba entrar serpientes, escorpiones y arañas a sus cuartos – animales cumpliendo con sus vidas. Creía en la posibilidad de la coexistencia pacífica y tenía razón. No había accidentes. Naturalmente la gente de su comunidad revisaba su calzado antes de ponerlo. Hasta en la noche uno lograba transitar sin pisar sus semejantes vivos. Gandhi reconocía un derecho básico y común, a vivir, florecer, autorrealizarse, de todo ser que tenía intereses o necesidades.

En el ambiente en que yo crecí, escuchaba que lo importante en la vida es ser alguien – lo que generalmente significa vencer a otros, triunfar en la competencia de habilidades. Esta idea del significado y propósito de la económica existente en el mundo, de suministro y demanda, de “bienes y servicios” independientes de necesidades reales, no debiera primar cada vez más en nuestras vidas. La habilidad de cooperar con las personas también conviene en una sociedad tan ferozmente individualista, pero eso no es una autorrealización que valga el nombre. Identificar la autorrealización con el ego implica una subestimación gigantesca de la naturaleza del ser humano.

Según las traducciones más aceptadas, Buddha enseñó que la mente humana debiera abrazar a todos los seres vivos como una madre cuida a su hijo único. Para quienes no conciben que un yo humano pueda abrazar a todos los seres vivos, servirá de algo abrazarlos mentalmente, y mantener la intención de cuidar, sentir y actuar con compasión.

Si traducimos la palabra Sánscrita Atman al inglés, es decidor que el significado básico es yo-identidad más que mente o espíritu, como sale en las traducciones. La virtud de este significado radica en la idea que si tu yo-identidad, en sentido amplio, abraza otro ser, no necesitas admonición moral a cuidarlo. Te cuidas a ti misma/o, sin sentir ninguna presión moral de hacerlo, a menos que sufras de neurosis o tendencia autodestructiva.

Dado que el término “autorrealización” hoy en día comúnmente se asocia con la gratificación del ego durante toda la vida, puede resultar difícil usarlo en su connotación más amplia. Pero creo que la misma popularidad del término invita a la gente escuchar un momento, sintiéndose segura. Ahí introducimos la noción de un yo más amplio, explicando que el equiparar la autorrealización con la gratificación del pequeño ego implica subestimar al ser humano. ¡Somos muchísimo más grandes que eso, más profundos, generosos, más capaces de dignidad y dicha de lo que creemos!

Tengo otra razón importante para invitar a la gente a profundizar y ensanchar su concepto de si mismo, comenzando con el punto de partida burdo pero inevitable de la gratificación del ego. Tiene que ver con la noción normalmente colocada como el opuesto del egoísmo – el altruismo. El término ego en Latín tiene como su opuesto el alter. El altruismo implica que ego sacrifica su interés a beneficio del otro, el alter. La motivación principal es el deber. Se dice que debemos amar a otros tanto como a nosotros mismos.

Desafortunadamente, lo que podemos amar de puro deber o admonición moral, es muy limitado. Entre el Renacimiento y la Segunda Guerra Mundial, naciones Cristianas han librado unas cuatrocientas crueles guerras, usualmente por razones poco consistentes. Estimo que corresponde ampliar y profundizar nuestro sentido de identidad, para así ir acercando los opuestos ego y alter, y progresivamente ir eliminando las diferencias entre ellos.

Temprano en la vida, el yo social se desarrolla al punto que preferimos compartir un queque grande con familiares y amigos. Nos identificamos con ellos suficientemente para ver nuestra felicidad en la de ellos, y nuestra desilusión en la de ellos. Ahora es el momento de compartir con toda la vida en nuestra maltratada tierra, profundizando nuestra identificación con todas las formas de vida, ecosistemas y Gaia, nuestro fabuloso, anciano planeta.

Kant introdujo dos conceptos contrapuestos que merecen ser usados en nuestro esfuerzo por vivir armoniosamente en, para y de la naturaleza – los conceptos del acto moral y del acto hermoso. Los actos morales son motivados por la intención de seguir leyes a cualquier costo, es decir cumplir nuestro deber moral solo por respeto al deber. Entonces, la mayor señal de nuestro éxito en cumplir una acción moral es que lo hacemos en contra de nuestra inclinación, que odiamos hacerlo pero nos sentimos obligados por nuestro respeto a la ley. Kant reverenciaba dos fenómenos profundamente – “el cielo con sus estrellas arriba mío y la ley moral que llevo adentro”.

Si hacemos algo que debemos gracias a la ley moral, pero también con motivación y placer, entonces qué? Si hacemos lo correcto por motivación positiva, entonces, según Kant, realizamos una acción hermosa. Mi punto es que en asuntos ambientales debemos motivar a la gente especialmente hacia las acciones hermosas apelando más a sus inclinaciones que a su moral. Lamentablemente el movimiento ecológico moraliza tanto que da la impresión de estar pidiendo sacrificio, responsabilidad, cuidado, morales. Creo que necesitamos abrir la inmensa fuente de regocijo disponible sensibilizándonos a la riqueza y diversidad de vida, y atesorando profundamente los paisajes libres y prístinos. Todos podemos contribuir, además de políticas locales y globales. Parte del placer es la íntima afinidad con algo más grande que el ego, de millones de años de edad. El cuidado brota naturalmente cuando percibimos que proteger la naturaleza libre es proteger a nosotros mismos.

Lo que sugiero es potenciar la ontología ecológica y realismo sobre la ética ambiental, como medio para reavivar el movimiento ecológico en los años venideros. Cuando el ser ecológico experimenta la realidad, nuestro comportamiento sigue normas de ética ambiental natural y bellamente. Por cierto precisamos saber de nuestras deficiencias de vez en cuando, pero es más fácil cambiar por medio del estímulo y la profunda percepción de la realidad y nuestro ser, vale decir por un mayor realismo. Cómo hacerlo es una pregunta demasiado grande para tratarla ahora. Sin embargo, está claro que será más una cuestión de terapia que de ciencia comunitaria. Es preciso encontrar y desarrollar terapias que sanan nuestras relaciones con la comunidad ampliada – la nuestra, con todos nuestros compañeros seres vivos.

OH, BELLA ROCA Robinson Jeffers

Acampamos la noche en el salvaje cañón-garganta del arroyo Ventana. Farellones y aristas colgaban bosques sobre bosques – roble, alerce, laurel, canelo, mañíos, hasta esbeltas lengas y pewenes escalando acarreos en cataratas, trepaban precipicios teñidos de estrella.

Nosotros, acostados en gravilla, guardamos la tibieza de fogata. De madrugada una que otra bracita iluminaba la fresca oscuridad. Las adorné con hojas muertas de laurel, tapizadas de palitos secos, y descansé de nuevo. Las llamas reavivadas alumbraban caras – mi hijo dormido, el compañero y un tremendo muro de garganta vertical más allá del agua. Hojitas bailaban alentadas por el fuego y mostraban troncos.

El murallón fascinaba ojos y la mente, sin ser nada extraño – diorita gris claro, dibujada en diagonales vetas, suave, pulido por derrumbes y crecidas infinitas de las aguas. Ni un helecho ahí, ni un liquen … pura desnuda roca, como si la viera por primera vez. Como si mi vista penetrara la superficie iluminada hasta el cuerpo vivo de la roca viva. Nada extraño, pero ni te explico cuán extraño: esa pasión tranquila, la honda nobleza y hermosura infantil … un destino circunvalando el destino nuestro, que habita esta montaña cual sonrisa de niño serio. Moriré como mis hijos, el mundo correrá por cambios, angustias, descubrimientos, el presente morirá. Ya aullaron lobos acechando otro Belén nevado del futuro, y quedará la roca esta, grave pero sin ser pasiva. La energía de sus átomos todavía aguantará la montaña encima.

Y yo, hace intensos siglos, ya sentía con amor atónito … la realidad … de esta roca solitaria.

MAS ALLA DEL ANTROPOCENTRISMO John Seed

Este tiempo no es una cárcel inexpugnable...
Rasguñando un poco estas paredes de hormigón
concretado por albañiles de poca monta,
y abriendo paso por una lluvia de lascas arenosas,
construiremos libertad.
Sacúdete el polvo del cabello ...
esta costa que bordea las montañas es real,
Alcanza muy, muy lejos ...
Hasta el pasado, el futuro …
Es parte de la gran eternidad
y excelencia de las cosas.

“Antropocentrismo” u “homocentrismo” significa chauvinismo del ser humano. Parecido al sexismo, pero sustituyendo “humano” por “hombre” y “las demás especies” por “mujeres”. El chauvinismo humano – la idea que los humanos somos la corona de la creación, fuente de valores y medida de las cosas – está profundamente enraizado en nuestra cultura y conciencia.

“Y el miedo y el pavor a ti estará en cada animal de la Tierra, y en cada ave que vuela, y en todo lo que mueve sobre el suelo; y en cada pez del mar; y en tus manos ellos han sido entregados” (Génesis 9:2).

Cuando investigamos y penetramos las sucesivas capas de nuestra autocomplacencia humana, comienza un cambio de conciencia. Disminuye la alienación, dejamos de sentirnos afuerinos, separados. Reconociéndonos como la etapa más reciente de la existencia y dejando de identificarnos solo con este último capítulo, empezamos a vernos como mamífero, vertebrado, especie que salió recién de la selva. En la medida en que la bruma de amnesia se disipa, cambia nuestra relación y compromiso con otras especies.

Lo que exponemos aquí no debe entenderse solo con el intelecto – un punto de entrada para describir las cosas que resulta fácil de comunicar. Para muchos el cambio de perspectiva viene de la acción en pro de la tierra. “Defiendo el bosque” evoluciona hacia “Soy el bosque defendiéndose a sí mismo, la parte que llegó a ser conciente”. ¡Qué alivio! Terminan milenios de separación imaginada y vemos nuestra naturaleza real. Esta evolución es espiritual – hacia el “pensar como montaña”, sentir la “identidad ecológica”.

“Soy la parte del bosque que recien llego a ser conciente”

En la medida que la memoria mejora y las implicancias de la evolución y ecología reemplazan las estructuras antropocéntricas de la mente, crece una identificación con toda la vida. Entonces sigue la realización que la distinción entre vivo y no-vivo es una construcción humana. Cada átomo en este cuerpo existía antes de la vida orgánica hace billones de años. ¿Te acuerdas nuestra niñez como minerales, lava, rocas? Las rocas tienen la potencialidad de transformarse en tejidos como éste. Somos las rocas, bailando. ¿Porqué mirarlas con aire condescendiente? Conforman la parte inmortal de nosotros.

Embarcados en este viaje interno encontramos, al volver a la realidad, que nuestras acciones por la tierra se fortalecen. Experimentamos un nivel del ser inmune a la corrupción por polilla, óxido, o destrucción del banco genético. El compromiso a salvar el mundo no disminuye con la nueva perspectiva, aunque el temor comienza a reemplazarse por desinterés. Actuamos porque la vida es la única alternativa, y las acciones tomadas desde una conciencia desinteresada resultan más efectivas. El espacio desinteresado se asemeja a la meditación, y algunos maestros aceptan esta profundidad ecológica, y … de todas las especies que han existido, se estima que hoy existe solo una de cada cien. El resto se han extinguido. “Somos las rocas, bailando”

Cuando el medio cambia, una especie incapaz de adaptarse se extingue. Así es la evolución. Así, un antiguo pez hambriento de oxígeno, ancestro nuestro, comenzó a colonizar la tierra. La especie humana es una de millones amenazadas de extinción por cambios ambientales. Mientras 12,000 años de historia no ofrecen grandes esperanzas de que cambiemos nuestra conducta agresiva e ignorante, la historia más vasta escrita en fósiles nos asegura que sí, podemos cambiar. Somos los peces, y las múltiples hazañas increíbles de adaptación que revela la evolución. Se justifica confianza, a pesar de la “humanidad”. La amenaza de extinción ofrece una invitación a adaptarnos, a evolucionar. Después de un momento libre de la mano del alfarero, aquí estamos de nuevo sobre su rueda. Nos pide un cambio – nada grave, solo un cambio de conciencia a una ecológicamente viable. Seguramente la conciencia evolucionó según las mismas leyes. Moldeado por presiones ambientales, la mente de los ancestros debe haber sido obligada repetidas veces a trascender fronteras. Para sobrevivir las actuales presiones ambientales, tenemos que recordar conscientemente nuestro patrimonio ecológico y evolucionario. Tenemos que aprender a “pensar como montaña”.

”La amenaza de extincion es la mano alfarera que moldea toda vida” …

Encarar nuestra inminente extinción (la mayor presión ambiental que existe) implica desarrollar una nueva conciencia de la vida, asumir esa parte nuestra que elude la verdad, se esconde en los quehaceres o desesperanza al darnos cuenta que billones de años de vida se encuentran al borde de la muerte. La perspectiva biocéntrica ve que las rocas sí bailan, nuestras raíces son profundas, nos anima a encarar la desesperación, e irrumpir en una conciencia más viable, sostenible, nuevamente en armonía con la vida.

Como apunta Arne Naess, “Proteger algo tan amplio como el planeta es muy abstracto para mucha gente. Pero veo un día en esta vida en que la reverencia por los sistemas naturales – océanos, bosques, suelo, todos los seres vivos – será tan fuerte que ninguna estrecha ideología política o económica lo vencerá. La esencia de la ecología es hacer las preguntas más profundas – preguntar cuál sociedad, cuál educación, cuál forma de religión beneficia a toda la vida en el planeta como un todo.”

El ecólogo Aldo Leopold experimentó una conversión dramática, del concepto superficial de administrar los recursos naturales, hasta declarar que los seres humanos deberían verse como simples miembros de la comunidad biótica. Generó esta claridad, mientras irrumpía más allá de las ilusiones antropocéntricas de su era, y comenzaba a “pensar como montaña”. +++++++

MEDITACIONES SOBRE GAIA John Seed y Joanna Macy

¿Qué eres tú? ¿Qué soy yo? Ciclos interconectados de agua, tierra, aire y fuego - eso es lo que soy yo, eso es lo que eres tú.

Agua - Sangre, linfa, mucosa, transpiración, oceanos interiores atraídos por la luna, mareas dentro y mareas fuera. Ríos que fluyen y hacen flotar nuestras células, las lavan y las nutren en interminables cauces de intestino, venas y capilares. Copiosa humedad que nos invade, tú y yo, nos atraviesa y abandona continuamente, tú y yo, escribiendo este enorme poema del ciclo hidrológico. Eso eres tú. Es soy yo.

Tierra - Materia, hecha de pìedra y suelo. También es arrastrada por la luna cuando el magma circula por el corazón del planeta y cuando sus moléculas son succionadas por las raíces de las plantas camino hacia la biología. La tierra nos inunda, nos atraviesa y cada siete años reemplaza cada célula de nuestros cuerpos. Ceniza a ceniza, polvo a polvo, ingerimos, incorporamos y evacuamos tierra, somos hechos por la tierra. Eso soy yo, eso eres tú.

Aire - El medio gaseoso, atmósfera, membrana del planeta, inhalar y exhalar. Exhalar dióxido de carbono para árboles, e inhalar la frescura oxigenada de sus traspiraciones. Oxígeno que con su beso despierta cada célula y metaboliza átomos en la danza interpenetrante de la vida. Es esa danza del ciclo del aire, que inhala el universo y lo exhala de nuevo, que eres tú, que soy yo.

Fuego - Fuego de nuestro sol, que energiza toda vida, levantando plantas, impulsando las aguas hacia el cielo para que vuelvan a caer y refrescar la tierra. La hoguera interior de nuestro metabolismo arde con el mismo fuego originario que impulsó la energía-materia a dar vueltas espirales a través del espacio-tiempo.......el mismo fuego del relámpago que se descargó en algún caldo primoeval para catalizar el nacimiento de la primera vida orgánica.

Tú estabas ahí. Yo estaba ahí, porque cada célula de nuestros cuerpos es descendiente directo de aquel suceso, a lo largo de una cadena sin fin.......de ahí venimos en cadena continua, del pez que aprendió a caminar en tierra, sintió sus escamas volverse plumas, y empezó sus migraciones por entre medio de las edades de los hielos.

Hace poco que tenemos forma humana. Si comprimiéramos toda la historia de la Tierra en 24 horas, comenzando a medianoche, la vida orgánica comenzaría sólo a las 8 pm, los mamíferos aparecen a las 11.30, y entre ellos, faltando solo segundos para la medianoche, nuestra especie.

En nuestro largo viaje planetario hemos asumido formas mucho más antiguas que estas que vestimos ahora. Recordamos algunas de ellas en el vientre materno, colas, branquias, aletas. Incontables veces abandonamos formas antiguas, soltamos viejas costumbres para dejar surgir nuevas. Pero nada se pierde nunca. Aunque las formas pasan, todo vuelve. Cada célula que se consume se recicla a través de musgos, sanguijuelas, aves de rapiña.

Piensa en tu próxima muerte. Proyecta tu carne y huesos hasta entrar de nuevo en el ciclo. Déjate amar los lombrices en que te convertirás. Deja a tu ser cansado limpiarse en la fuente de la vida. Mirándote, miro las criaturas diversas que te componen, mitocondrias, bacterias intestinales, la vida que pulula sobre tu piel, la gran simbiosis que eres, esa coordinación y cooperación de incontables seres. Tú eres eso, tal como tu cuerpo es parte de una simbiosis de reciprocidades más amplias aún. Siente ese dar-y-recibir mientras caminas entre los árboles. Exhala tu puro dióxido de carbono a la hoja, y siéntela exhalar su fresco oxígeno hacia tí.

Recuerda una y otra vez los antiguos ciclos de esta relación social, recurre a ellos en estos tiempos turbulentos. El mismo viaje que emprendiste trae un sentido de pertenencia. Dentro tuyo tienes la sabiduría de la tierra, la interexistencia con todo lo que existe. Encuentra ahí tu coraje y potencia ahora, para que todos nos despertemos en este momento de peligro.

RECUERDOS EVOLUCIONARIOS John Seed, Pat Fleming

Primera parte – Desde el comienzo del universo

Regresemos en el espacio-tiempo, mucho antes del nacimiento de planeta tierra, al misterio del nacimiento del mismo universo. Volvamos unos 13,500 millones de años, hasta una época de silencio primordial - vacuidad - antes del comienzo del tiempo ... la misma matriz de la existencia.

En ese estado de potencialidad inmensa, sucede una explosión de poder inimaginable - energía, viajando a velocidad de la luz, en expansión explosiva en todas las direcciones, crea direcciones, crea el universo. El calor en esos primeros instantes es demasiado grande para que la materia exista, solo energía en forma de luz ... así nacen el espacio y el tiempo.

Todo lo que ahora existe, cada galaxia, estrella, planeta, partícula y persona que existe, llegó a existir en esta parición de fuego. Cada partícula que nos compone llegó a existir en ese mismo instante. Desde entonces, solo ha circulado por incontables formas, nacidas en aquel crisol de creatividad tremenda. Cuando miramos la llama de una vela, fogata o estrella, vemos la luz del mismo evento. Tu metabolismo, y el mío, arden con el mismo fuego.

Después de un año terrenal, se enfría el universo hasta unos 13 billones de grados Celsius. Ocupa una esfera de unos 27 billones de kilómetros de diámetro. Sigue en expansión continua. Pasan unos 300,000 años, hasta que el espacio ocupa cerca de una billonésima de su volumen actual, y se enfría a unos pocos miles de grados, algo así como la superficie visible del sol de hoy. Los electrones se han enfriado lo suficiente como para atrapar partículas, y permitir que se empiece a formar la materia.

La materia comienza a asumir por primera vez su forma atómica. Las primeras moléculas son de hidrógeno, luego helio y otros gases, que existen como calentísimas nubes cósmicas revolviéndose sobre sí en la atracción de la gravedad. Lentamente se van condensando en las formas que conocemos como galaxias. La nuestra, la Vía Láctea, baila en medio de ellas. El universo se vuelve transparente a la altura de su millonésimo cumpleaños.

Cerca del borde de la Vía Láctea, nació el sol hace 5 billones de años; gas y polvo cósmicos girando alrededor cristalizaron en planetas. El tercero desde el sol, nuestra tierra, se formó hace unos 4 mil 600 millones de años.

El suelo era roca y cristal. Debajo ardían hogueras tremendas. La materia densa, como el hierro, se hundía hacia el centro, y los elementos más livianos flotaban a la superficie para formar La costra granítica. La actividad volcánica formaba minerales y grandes cadenas montañosas.

Luego, cuando la temperatura cayó por debajo del punto de ebullición del agua, empezó a llover. La lluvia caliente de a poco disolvía las rocas en que caía, y los mares llegaban a ser una aguada sopa salobre que contenía los elementos básicos para gestar la vida. Finalmente, algún rayo habría fertilizado esta sopa molecular, y así comenzó una aventura en biología.

Tu estabas ahí. Yo estaba ahí. Pues cada célula de nuestros cuerpos es descendiente, por una cadena directa y continua, de aquel suceso. Y por medio de esta célula, nuestro antepasado común, somos emparentados con cada planta y cada animal en la tierra ...

Segunda Parte: Meditando la evolucion de la vida

Recuerda esa célula, despertando. Sé esa célula despertando (la eres). Todos somos compuestos de esa misma célula, que creció, se diversificó, se multiplicó y evolucionó, hasta formar toda la biota de la Tierra.

¿Qué se siente cuando nos reproducimos, nos dividimos en dos partes: una que antes era yo, luego es nosotros y nos vamos por caminos separados?

Ahora, algunos cientos de millones de años han pasado. Primero fuimos algas - las primeras plantas verdes- luego los primeros animales, muy simples. Esas algas comenzaron a producir oxígeno como resultado de la fotosíntesis y, en billones de años se iba creando una atmósfera respirable y una capa de ozono, filtrando algunos de los más fieros rayos solares.

Ahora eres una criatura del agua. Por dos y medio billones de años, simples formas de vida iban y venían, mecidas por las corrientes marinas. Imagínalas mientras las nombro: coral, caracol, calamar, gusano, insecto, araña... Imagínate tal vez como un simple gusano o un coral primario, viviendo en las cálidas aguas del mar. Siente tu existencia de aquellos tiempos, porque permanece dentro de cada una de tus células, en los recuerdos de ese período en tu evolución. Pez: Luego siguió la evolución hacia peces y otros animales vertebrados. ¿Cómo se siente el tener una columna vertebral flexible? ¿Cómo te mueves en el agua como un pez?

Acuéstate sobre tu vientre en el suelo, con los brazos junto al cuerpo y comienza a moverte suavemente hacia los lados, con tu cabeza, torso y abdomen moviéndose al mismo tiempo. ¿Cómo sientes ese mundo? ¿Cómo se ve y se oye? Siente tu columna vertebral, tu cabeza, tus agallas. ¿Qué sientes al moverte en el océano? ¿Al oír a través de las aguas del mar?

Anfibio: Finalmente, hace unos 450 millones de años, las plantas salieron del agua y comenzaron a transformar las rocas en suelo, preparando el terreno para los animales que vendrían. La primera fauna que emergió de las aguas fueron los anfibios... Lentamente, usa tus brazos, moviéndolos juntos para arrastrarte... tal como hacen los anfibios, que son aún muy dependientes del agua, especialmente en sus ciclos reproductivos.

Reptil: La evolución del huevo amniótico de los reptiles nos liberó de la dependencia del medio acuático y nos permitió trasladarnos completamente hacia la tierra, pero aún arrastrándonos sobre el abdomen. Comienza a usar tus piernas coordinadas con los brazos, alternando hacia un lado y el otro. Nota como cambia el movimiento, la percepción del medio. Hace doscientos millones de años, colonizamos los ambientes terrestres.

Mamífero primitivo: Como mamíferos desarrollamos sangre caliente. Como reptil, tenías que esperar, perezoso, el calor del sol. Ahora el sol da energía al organismo de manera diferente. ¿Cuáles son las ventajas de esto?

Viviendo en cuevas, alerta, con buen sentido del olfato, utilizando algunas moléculas del aire para respirar antes de ser consumido, todos compartimos esa misma genealogía de cuatro billones de años. Billones de seres se han perdido a lo largo del camino, pero cada uno de nosotros estaba allí. En este juego, fallar significa caer, extinguido, un fantasma...

Imagínate pudú, o tal vez gato pequeño. Fíjate cuan flexible es tu columna. Ahora, con cuerpo agachado al suelo, muévete apoyado en manos y rodillas. ¿Cómo sientes la libertad lograda? ¿Cómo se mueve tu cabeza? Ahora debemos cuidar las crías hasta que se puedan alimentar solos.

Mono: Comienza a mover manos y pies libremente, brincando y trepando. Descubre la flexibilidad de movimiento en tu espina dorsal, cuello y cabeza. Nota que tienes más ganas de jugar, más curiosidad. Emite sonidos. Nos movemos por las ramas de los árboles, balanceándonos, los dedos pulgares proporcionando el agarre preciso. Las yemas de los dedos, con uñas y sin garras, juzgan madurez de frutos o suavidad de piel. De ágil equilibrio y visión aguda, comemos donde encontramos alimento. Ahora más corpulentos, nos mantenemos erguidos, apoyándonos en los nudillos. Prueben el equilibrio. ¿Cómo se ve y huele el mundo? ¿Cómo es la comunicación?

Hace diez millones de años comienza un gran cambio climático y los bosques, casa de los grandes monos, empiezan a retirarse hacia las montañas, y a ser reemplazados por matorrales y estepas abiertas.

Ser humano primitivo: Fue allí, en las estepas abiertas, donde primero aprendimos a caminar sobre dos pies, nuestras fuertes mandíbulas dirigidas hacia adelante. ¿Cómo se siente eso? Vulnerable a predadores, pero inventivo y adaptable. Capaz de mirar hacia arriba y ver el cielo fácilmente. Posponíamos la comida hasta traerla a la comunidad y compartirla. Vivimos en familia, descubrimos fuego, lenguaje, arte, música, herramientas, sutilezas que vienen del cooperar en grupo, y resultan en lenguaje, cuentos, herramientas, domesticar el fuego.

Hace cien mil años, durante un cálido período interglacial, apareció una especie llamado Neanderthal. Enterraba sus muertos, a veces con herramientas de pedernal, en posición fetal, sugiriendo una vuelta al vientre de la madre tierra para renacer. Muchas tumbas excavadas tienen dirección este a oeste, el camino donde el sol renace cada día. Estas prácticas de entierro muestran un dramático aumento de la conciencia humana. Por ahora, la evolución física se detiene. Comienza la evolución cultural.

Ser humano moderno: Trabajamos la tierra, desarrollamos la agricultura y los mercados; vemos casas y ciudades, templos y edificios, caminamos por calles activas, manejamos automóviles, ¿Qué ves, escuchas, hueles, qué sientes? ¿Cómo sientes eso de vivir cada vez más en las ciudades? ¿Cómo te gusta habitar espacios distantes de la tierra? ¿Cómo logras abrir camino en una calle atochada? Andas caminando con apuro, todos están en tu camino.

Ser humano del futuro: El ser humano posible. En la medida en que logramos desapegarnos de nuestro separado ser “yo” tan débil hacia nuestro ser biológico real, seremos capaces de manifestar la poderosa energía erótica de la evolución … volver lenta y armoniosamente a participar en la evolución, a la par con toda la naturaleza de este hogar planeta.

Siéntense quietos, la visión de sus mentes bien alerta, vislumbrando imágenes o formas que esperan emerger como vida humana del futuro. Es la potencialidad en nosotros que espera despertar en ser ecológico más amplio, vivir como parte de la naturaleza, expresar ese potencial en formas nuevas.

Lentamente, vuelvan al aquí, ahora. Encuentren a una persona cerca, siéntense juntos. Hablen por turno, yendo hacia atrás y recordando las etapas que pasaron, describiendo lo que experimentaron, en qué se fijaron al vivir formas de vida pasada, en tiempo presente, por ejemplo "soy célula, y …" Así cuentan cómo han sentido hasta ahora este viaje cósmico.”

PALOMAS PASAJERAS Robinson Jeffers

Lentamente aumentaron los números de palomas pasajeras hasta que, de pronto, explotaron y dejaron planos veinte kilómetros de bosques. Cuando bajaban a descansar, las nubes de su vuelo oscurecía el alba. Llegaron a ser demasiados. Murieron todas, no queda ninguna. Y el bisonte americano ... sus manadas tapaban praderas enteras, horizonte a horizonte, cabezas grandes, hombros como nubes de tormenta, un torrente de vida. ¿Cuántos quedan? Un tiempo, unos años y sus huesos blanquecieron las praderas oscuras. Tú, Muerte ... tú estás atento a estas cosas, las explosiones de la vida. Son tu alimento, hacen tus banquetes. Pero vuelve tus ojazos hambrientos lejos de la humanidad … oscuros ojos, girando con anhelos espeluznantes. Es verdad que nuestros números vienen en aumento. Un Bretón desembarcó en Galia cuando había caído Roma y viajó catorce días por ricas y hermosas tierras, quintas, ríos, villas devastadas y contó que no quedaba nadie vivo. Ahora llenamos todos los espacios. A pesar de guerra, hambruna, epidemia, de pronto somos casi siete billones. Nuestros huesos también blanquecerían las anchas praderas, con una hermosa nieve de osamentas sin sepelio ... huesos que han temblado en noches de amor, vibrado en risa, languidecido en tristeza ... huesos de cobarde cansados de temer, huesos quebrantados por tortura o fracturados en batalla, huesos endurecidos por labores, pequeños huesos de dulces niños … y blancas y vacías calaveras, vasijas chicas talladas de marfil que antes contenían pasiones, ideas, amores y delirios, y donde ya no habitan ni lombrices.

Respeta los humanos, muerte, con esos ojazos sin vergüenza. No es preciso tomar a todos de una vez. Es más, no puedes, somos demasiado poderosos, somos seres humanos, no palomas. Puedes tomarte los ancianos, desvalidos, los mordidos por el cáncer y los infantes tiernos, pero ... los humanos todavía tenemos historia que hacer. Pues mira nuestros grandes logros. Ensillamos los relámpagos que saltan nubes cual leones amansados, para enviar mensajes a nuestro antojo. Le quitamos el potente trueno de las manos de Dios, pero eso fue lo menos, y hace tiempo. Ahora nos arrogamos Su poder primal de crear y destruir. Fabricamos elementos nunca vistos ni por Dios. Explotamos átomos, reducimos los restos hasta que no quede más que energía - que usaremos en la paz y en la guerra.

"Muy astuto," declara en tonos duros, nasales, de crueldad castrada.

Revuelve esos negros ojazos idiotas tuyos sobre las bestias salvajes, no sobre el ser humano tan inteligente. No estamos en vuestro orden. Viste los dinosaurios crecer hasta el horror, desde animalitos de zanjón hasta enormidades armadas de dientes invencibles ... excepto por ti. Miraste a tigres crecer con dientes de sable inútiles como la ciencia, y fallecieron, sus huesos ya en sedimentos de petróleo. Pero no tendrás los huesos nuestros. Con dolorosa labor hemos ido comprando nuestra inteligencia.

Tenemos mentes como dientes de sable, hipertrofiadas y terribles, contamos las estrellas, entendemos a medias, miramos la huída de las galaxias cual estampida de caballos, y admiramos el espectro de colores de arcoiris. Volamos más alto que águilas y meteoros, más veloz que el sonido, más alto que el aire que da vida. Gozamos privilegios tan enormes, que no te tememos. Inventamos el avión, la bomba, el cohete y la cruz de Cristo.

"Ah, sí,” dice. Sonríe como calavera …

"Seguramente vivirán por siempre. ¿Qué cosa podría exterminar a Uds?", y … cubre su sonrisa con la mano.

+++++++ NUESTRA VIDA COMO GAIA Joanna Macy

Acompáñenme, entremos de nuevo en la historia que compartimos, historia cuyo ritmo late todavía en cada uno, nos pertenece y resuena como el son de este tambor, cual latido del corazón del universo viviente.

Ahora existen ciencias para construir la historia nuestro viaje que recorrimos por la tierra, que nos conecta con todos los seres. También hay un gran anhelo y necesidad de apropiarnos de ella – abrirnos paso desde el aislamiento personal y como especie, y recuperar nuestra verdadera identidad más amplia. El desafío de hacerlo ahora, romper las barras de la ilusión actual, puede ser lo más maravilloso del hecho de estar vivos hoy.

Ahora mismo es preciso recordar la historia, cosecharla, saborearla. Nos encontramos en un tiempo duro, amenazante, y el conocimiento de la historia más grande nos va a ayudar a salir. Puede darnos el valor, la fuerza, la hilaridad para danzar juntos hacia un mundo sano. Recordémosla.

En el redoble del tambor escuchemos el ritmo latente en todos nuestros días y labores. Al dormir y despertar, amar y trabajar, nuestro corazón ha latido seguro, sin cesar. Ese robusto sonido interior nos ha acompañado durante todo el viaje. Ahora, con la misma seguridad nos puede hacer regresar por la vida adulta a la niñez, hasta el mismo nacimiento. En el vientre materno existía el mismo latido, sonando mientras quedábamos flotando justo debajo de su corazón. Sigamos el latido más atrás aún, más allá de nuestra concepción en este cuerpo … hasta las primeras separaciones y espirales de las estrellas. En tiempo científico de hoy, haría 15 billones de años que llegamos a existir – en lo que han nombrado la Gran Explosión.

Ahí estábamos nosotros, girando por el espacio-tiempo, creando en espacio y el tiempo. Lentamente, a la velocidad de la luz, y en tremendos espirales de llamas y oscuridad, estábamos anhelando alcanzar la forma. Entonces existíamos como hélices enormes de nubes de gases y partículas que bailaban. ¿Te puedes imaginar que lo recuerdas? Y como las partículas que circulaban en el baile se deseaban entre sí, empezaban a formar los átomos - el deseo de forma que late ahora mismo, en este tambor y en nuestros propios corazones.

Diez billones de años después, una de las estelas más bellas de la masa palpitante se separó de su ardiente estrella - formó el mismo sol que hoy nos baña con calor y luz, y plasmó la forma familiar que llamamos tierra.

Así, comenzó nuestra vida como Gaia. Toca a Gaia, toca tierra. Tócala de nuevo en tu cara, que también es Gaia. Tócala de nuevo tocando tu hermana o hermano, son Gaia también. En nuestro tiempo-planetario de hoy, Gaia está llegando a ser consciente de si misma, está descubriendo quien es … y cuánta riqueza está mostrando en su diversidad de formas exquisitas.

Imaginémonos su vida, nuestra vida como planeta, condensada a solo veinticuatro horas, comenzando a medianoche. Hasta las cinco de la tarde, todas sus aventuras son geológicas … llamaradas volcánicas, lluvias vaporosas que escurrían sobre los movedizos huesos de los continentes, hasta llegar a movedizos mares ... solo a las cinco de la tarde llega vida orgánica.

Al escuchar tu vida en el latido del tambor, ahora mismo tú también te puedes transformar, abandonando un momento la costumbre de identificarte solo con la forma humana que tomaste ahora último. El fuego de los volcanes primigenios, la fuerza de aquellas placas tectónicas nos acompaña todavía. Bien puede suceder, como van las cosas hoy, que volvamos un tiempo a ser tierra como ellas ... pero, después de todo, somos hechos para durar.

Ahora mismo, en este cuerpo nuestro, llevamos rastros de la historia de la vida orgánica de Gaia. Recordamos nuestros orígenes acuáticos en el vientre de la madre, al desarrollar vestigios de branquias y aletas. Llevamos también la era de los dinosaurios en nuestro cerebro de reptil, tan convenientemente ubicado en la punta de la columna vertebral. La compleja lección aprendida, de protegerse de los depredadores, está presente en nuestro sistema neurológico, en el instinto impulsivo de huir o de luchar.

Y, ¿a qué hora aparecimos como mamíferos? En las 24 horas de vida Gaiana, ¡fue recién a las 11.30 PM! Y ¿a qué hora logramos vida humana? ¡Cuando faltaba un minuto para la medianoche!

Ahora bien, tomemos ese minuto que faltaba para la medianoche, y alarguémoslo a su vez, en otro período de 24 horas. Veamos esas 24 horas de nuestra vida como seres humanos. Durante las 20 horas entre medianoche y las 8 de la noche siguiente, vivíamos en grupos pequeños en la Africa. ¿Te puedes imaginar que lo recuerdas? Nos sentíamos vulnerables, sin la velocidad de los demás animales, ni sus garras, colmillos ni armaduras naturales. Sí teníamos estas maravillosas manos, con dedos contrapuestos para darle forma a armas y herramientas, y nuestras gargantas y cerebros guardaban la capacidad de hablar. Al colaborar en estrategias y rituales, nuestros gritos y gemidos se transformaban en lenguaje. Esos días y noches al borde de los bosques, ocupados en tejer cestería y leyendas alrededor de las fogatas, representan la mayor parte de nuestra existencia humana.

A las 10 de la noche comenzamos a dispersarnos en pequeñas bandas por la faz de Gaia. Aprendimos a encarar el frío, cazar el mamut, nombrar los árboles del bosque, las flores y estaciones de la tundra. Sabiendo que es por gracia de Gaia que vivimos, tallamos semblanzas de ella con senos y caderas de madre. ¿Y a qué hora nos asentamos a cultivar la tierra, domesticar los animales, cercar las siembras y manejarlas como propiedad privada, construir grandes ciudades con graneros, templos y observatorios para explorar las estrellas? 11.58 PM ... ¡dos minutos para la medianoche!.

A las 11.59 viene un período de cambio acelerado. Intentamos explorar estrellas y espacios dentro nuestro además de los que vemos en la noche. Queremos alcanzar la autoridad de la experiencia. A fin de librar la mente para la búsqueda, la dejamos que se separe de Gaia. Para mostrar la libertad de pensamiento y acción, nos hacemos de héroes, conjeturas, leyes. Surgen grandes religiones de nuestro tiempo planetario. A las 11.59 y medio nace un hombre nombrado Buda, y después otro, Jesús de Nazaret.

Lo que actualmente ha formado nuestro mundo “moderno” – la sociedad industrial con sus armas y bulldozers – todo ha sucedido en los últimos pocos segundos del día que hemos conocido como seres humanos. Sin embargo, esos segundos nos han llevado justo al borde, al límite del tiempo. Cada uno de nosotros lo sabe con certeza. Cada uno, en algún nivel de su conciencia sabe que nos estamos destruyendo – que Gaia, nuestro propio ser, está en peligro. Y en algún nivel de nuestra conciencia, es por ello que estamos aquí - porque sabemos que el planeta corre peligro, y que la vida que lo habita podría desaparecer – así de rápido … y tememos asumirlo.

A menudo cuesta creer que hemos llegado a un momento tan crítico. Hasta los que trabajan por evitar las guerras, tienen dificultad en creer que existe la industria de las armas. Después de millones de años de vida en la tierra y los milenios de grandes civilizaciones, después de Ishtar, Shakespeare, Ghandi y tantos más, es difícil creer que las armas todavía se fabrican y apuntan a poblaciones enteras, listos para aniquilarlas.

Así que estamos en un punto único en la historia. Quizás, de alguna manera, elegimos estar acá en este momento culminante. Optamos por estar presentes justo cuando hay tanto que perder, para así probar todo lo que aprendimos sobre las interrelaciones, y coraje – probarlo en este momento de enfermedad de Gaia, cuando puede terminar la vida consciente en este hermoso planeta de agua azul, joya colgada en el espacio. Los antepasados nunca enfrentaron un momento así. Siempre vivían con el supuesto que la vida continuaba. La muerte individual, las guerras y las plagas siempre se veían en el contexto de la continuidad de la vida. Esa seguridad se perdió, y somos testigos presenciales de la pérdida - no la pérdida del futuro, sino la pérdida de la seguridad que hay futuro. Eso afecta a todo el mundo, donde sea que trabajen. Y el daño que causa apenas se comienza a reconocer.

En las sociedades que llamamos primitivas, se celebran ritos de transición de la adolescencia, para poder incorporar en la personalidad la certeza de la muerte. Al pasar el dolor de la iniciación el individuo integra ese conocimiento y asume los derechos y deberes de ser adulto. Eso es lo que estamos haciendo ahora mismo, en este momento de la vida del planeta. Estamos enfrentando e incorporando a la conciencia colectiva la mortalidad de la especie. Es imprescindible hacerlo, con el objeto de despertarnos, y asumir los derechos y responsabilidades de un ser humano maduro, adulto en el sentido planetario. Eso es, en un sentido, lo que estamos haciendo aquí.

Cuando salen de aquí, por favor sigan escuchando el latido del tambor. Al escucharlo en el corazón, recuerden que es también el latido del corazón de un ser más grande – del planeta Gaia, y del universo entero.

Cuando vuelven a sus comunidades a nutrir la vida y rechazar lo que la daña, recuerden su verdadera identidad, nuestra historia común, y vístanse con la autoridad que confiere. Es que no hablan solos, porque no nacimos ayer. Pasamos muchas vidas y muertes y, en los huesos y latidos de corazón bien conocemos el exquisito y precario equilibrio de la vida. Podemos hablar y actuar desde ese conocimiento … con todo el valor que avalan los largos y hermosos eones que han durado la historia de nuestra vida como Gaia.

SEATTLE

Introducción

Desde que Sealth, Jefe de la nación Suquamish, pronunció su discurso en 1854, sus conceptos se han convertido en un clásico de filosofía y cosmovisión indígena y ecologista a nivel mundial. Existen dos versiones principales, con diferencias sustanciales entre sí. La primera, basada en los únicos apuntes presenciales de la época, es sombría y trata del ocaso del pueblo indígena. La segunda, más conocida y romántica, fue adaptada por el guionista Ted Perry para la televisión norteamericana en 1971 como manifiesto ecologista.

Contexto

En 1854 el Jefe Sealth, ahora conocido como Seattle, dio un discurso en respuesta al ofrecimiento del gobierno del presidente norteamericano Franklin Pierce, de comprar las tierras habitadas por los Suquamish. El doctor Henry Smith enfatizó que sus apuntes en inglés no podían reproducir la belleza de imagen y pensamiento original. En 1971 el guionista de Texas Ted Perry los refaccionó con algunas inexactitudes históricas. Por ejemplo Sealth, habitante de la costa Pacífica, difícilmente habría visto búfalos en las praderas, y el ferrocarril no llegó cerca de su territorio hasta después de su muerte.

El Jefe Sealth nació de madre Duwamish y padre Suquamish en los últimos años del siglo 18 en Puget Sound (ensenada de la costa Pacífica casi fronteriza con Canadá). Como niño vio llegar los primeros exploradores blancos liderados por el capitán George Vancouver en 1792. Cuando los europeos y americanos blancos comenzaron a colonizar la región, Sealth ya se había establecido entre su pueblo como un líder importante, guerrero valiente y sabio consejero. Más tarde asumió el nombre See-yahtlh de un ancestro ilustre.

En un discurso que ofreció a un grupo de exploradores en Elliot Bay en el verano de 1850, Sealth dijo:

“Mi nombre es Sealt, y este gran enjambre de gente que se ve acá es mi pueblo. Han bajado hasta acá a celebrar la llegada de la primera subida de buenos salmones por los ríos. Como el salmón es nuestro alimento principal, siempre nos alegramos mucho cuando aparecen temprano y en gran número, porque eso asegura mucho alimento para el invierno que viene. Es por esta razón que nuestros corazones se alegran hoy día, así que no deben Uds ver esta manifestación de alboroto desenfrenado como señal de agresividad ni guerra. Su propósito es algo así como saludarles. Me alegro que hayan llegado a nuestras tierras ... “

Sealth entendió que en el curso de una sola generación, la tierra que su gente había habitado durante milenios caería en otras manos. En una asamblea en 1854, el Gobernador Territorial Isaac Stevens ofreció a las tribus presentes los saludos del Presidente Franklin Pierce. Stevens explicó que el gobierno de los estados unidos deseaba “comprar” las tierras tribales, y asentar a los nativos en reservas. El colonizador Henry Smith asistió a esa asamblea y tomó apuntes de la traducción al dialecto Chinook de la réplica del Jefe Seattle - la única versión presencial del discurso destinado a ser el más famoso del Jefe.

La propuesta del gobierno fue formalizada por el Tratado de Point Elliott. Posteriormente fue protestada por el incumplimiento del gobierno por el pueblo Suquamish en 1864. La guerra confusión resultantes causaron enormes estragos en el pueblo Suquamish y tribus aledaños, y nunca se efectuaron los pagos prometidos por el gobierno. A pesar del sufrimiento, el Jefe Seattle mantuvo su autoridad y dignidad hasta su muerte, el 7 de Junio 1866.

Algunas impresiones personales del Jefe Sealth:

James Seattle, hijo del Jefe, hablando en la ceremonia fúnebre -

El hombre blanco no lo olvidará, pues aquí está la semblanza de su rostro, hecho por la luz de los cielos. Mientras más tiempo dure, más será valorada. Cuando ya no quedan más Suquamish, su Jefe será recordado y venerado por las generaciones venideras.”

David Denny, colonizador temprano de Elliot Bay - “Cuando se dirigía a su pueblo, sus palabras se escuchaban desde una distancia enorme, y parecía controlar a su gente con la fuerza de su intelecto.”

Dr William Fraser Tolmie, cirujano de la compañía Hudson Bay, 1833 - “Sealth fue un Suquamish muy fornido, con un rostro romano y pelo negro y crespo, el más bien parecido que he visto jamás.”

Amelia Sneatlum, mayor Suquamish, 1954 - “Jefe Sealth tenía el poder del ave de trueno, en forma de pato ... ave de trueno era el poder más grande ... fue grande, ese poder de Sealth.”

1854 – La Ocasión

El Dr David Maynard, agente subrogante de asuntos indígenas y amigo del Jefe Sealth, preparó un encuentro en 1854 para que el Sr Isaac I Stevens, nuevo Gobernador Territorial y Comisionado de Asuntos Indígenas, pudiera encontrarse con el Jefe y su pueblo. La gente se congregó en la playa, al norte del lugar llamado Kingdome.

En esta asamblea el anciano Jefe pronunció una apasionada alocución en su idioma nativo. Dr Henry A Smith (su nombre identifica la caleta Smith Cove), era un lingüista nato que dominaba el dialecto local Salish, y tomó apuntes, para posteriormente reconstruir el discurso. Desafortunadamente es imposible evaluar la exactitud de la traducción. Sin embargo, asistentes presenciales la han calificado de “fidedigna”. No cabe duda de que lleva muchas de las ideas del Jefe, aunque insertas en las ponderosas frases del Dr Smith, quien escribió el siguiente comentario –

El viejo Jefe Sealth era el nativo más grande que he visto, y lejos el de aspecto más imponente. Medía más de un metro ochenta en sus mocasines, y sus hombros eran anchos, su pecho profundo y su contextura bien proporcionada. Sus grandes ojos eran inteligentes, expresivos, amistosos en momentos tranquilos, y reflejaban fielmente los cambiantes estados de ánimo del gran alma que miraba a través de ellos. Normalmente se le veía solemne, silencioso y digno, pero en grandes ocasiones se desplazaba entre la multitud como un gigante entre enanos, y su palabra más leve se tomaba como ley.

Cuando se ponía de pie en un consejo o a dar una opinión, todos los ojos se giraban hacia él, y emanaban de sus labios torrentes sonoros de frases elocuentes como cataratas que fluían de vertientes inagotables. Su presencia tenía la nobleza de cualquier general al mando de las fuerzas de un continente.

Ni su elocuencia, dignidad ni presencia fueron adquiridos, sino elementos tan naturales de su personalidad como son los conos y agujas de un gran árbol de pino. Su influencia era maravillosa. Podría haber sido un emperador, pero todos sus instintos eran democráticos y regía a su pueblo con la amabilidad y beneficencia de un padre. Siempre apreciaba las atenciones de los hombres blancos, especialmente cuando compartía su mesa. En esas ocasiones más que nunca mostraba su cualidad de caballero innato.

Cuando el Gobernador Stevens llegó por primera vez e informó a los nativos que había sido nombrado Comisionado de Asuntos Indígenas por el Territorio de Washington, éstos le brindaron una cálida recepción frente a la oficina del Dr Maynard cerca de los muelles en la calle Main.

La bahía pululaba de canoas, y la orilla estaba llena de una gran y movediza masa de humanidad que revoloteaba por el sector. Al escucharse la voz sonora del Jefe que envolvía la multitud, se produjo un silencio instantáneo y completo. El Dr Maynard presentó el Gobernador al público indígena, y el Gobernador comenzó a exponer en términos sencillos e informales la misión que tenía, la cual es demasiado bien conocida para ser repetida aquí.

1854 - El Discurso Histórico

Cuando se sentó el Gobernador, el Jefe Sealth se puso de pie, con toda la dignidad de un Senador que lleva en sus hombros toda la responsabilidad de una gran nación. Colocando una mano en la cabeza del Gobernador, y lentamente apuntando hacia el cielo con el dedo índice de la otra mano, en tono solemne e imponente inició su discurso inolvidable con estas palabras:

“Aquel cielo allá arriba, que ha derramado lágrimas de compasión sobre nuestros padres durante siglos incontables, y que hoy nos parece eterno, puede cambiar. Hoy se ve despejado, mañana puede estar cubierta de nubes.

Mis palabras son como las estrellas que no se esconden nunca. Lo que dice el jefe Sealth el gran jefe en Washington puede creer con la misma certeza con que nuestros hermanos de cara blanca pueden confiar en la vuelta de las estaciones.

El hijo del jefe blanco dice que su padre nos manda saludos de amistad y y buenos deseos. Esto es amable de su parte pues sabemos que poco necesita nuestra amistad ya que su pueblo es numeroso. Son como el pasto que cubre las vastas praderas, mientras de mi pueblo quedan pocos. Parecen los pocos árboles que quedan desparramados por una planicie azotada por tormentas.

El gran y, supongo, buen jefe blanco nos manda a decir que desea comprar nuestras tierras pero nos deja reservar lo suficiente para que vivamos cómodamente. Eso en verdad parece generoso, pues al hombre rojo ya no le quedan derechos que él necesita respetar. La oferta puede ser sabia también, porque ya no precisamos un país con grandes tierras.

Había una vez cuando nuestro pueblo cubría la tierra entera como las olas del mar que corren movidos por el viento sobre el lecho marino de arena y conchuelas. Pero esa época terminó hace mucho tiempo, y la grandeza de las tribus ha quedado casi en el olvido. No me explayaré sobre eso o lamentaré nuestro ocaso inoportuno, porque es posible que nosotros también podríamos haber tenido alguna responsabilidad por ello.

La juventud es impulsiva. Cuando nuestros jóvenes se enardecen de rabia por alguna injusticia real o imaginada, desfigurándose la cara con pintura negra, también se desfigura y ennegrece el corazón. Entonces se ponen crueles y desmesurados, y nuestros ancianos son incapaces de contenerlos.

Así ha sido siempre. Así fue cuando el hombre blanco por primera vez comenzó a empujar nuestros antepasados hacia el oeste. Pero esperemos que las hostilidades entre el hombre rojo y su hermano blanco no vuelvan nunca. Tendríamos todo que perder, y nada que ganar.

Es verdad que la venganza cobrada por guerreros jóvenes se considera una victoria, aunque les cueste la vida. Los ancianos que quedan en casa en tiempos de guerra, y las madres que tienen hijos que perder, saben mejor.

Nuestro buen padre en Washington – porque presumo que ahora es nuestro padre también ya que el rey Jorge movió sus fronteras hacia el norte – nuestro gran y buen padre, digo, nos manda decir que si hacemos lo que desea, nos protegerá.

Sus valientes guerreros serán nuestra infranqueable muralla fortificada de protección. Sus grandes buques de guerra llenarán nuestros puertos y evitarán que nuestros antiguos enemigos Sinslams, Hydas y Tsimpsians vuelvan a terrorizar a nuestras mujeres y ancianos. Entonces será nuestro padre, y nosotros sus hijos.

¿Pero puede eso suceder alguna vez? ¡Su dios no es nuestro dios! ¡Su dios ama a su pueblo y odia al mío! Envuelve amorosamente en sus brazos fuertes al hombre blanco y lo conduce como un padre conduce a su pequeño hijo – pero a sus hijos rojos los ha abandonado – si es que en verdad son suyos. Nuestro dios, el gran espíritu, también parece habernos abandonado. El dios de Uds hace que su pueblo crezca más con cada día – pronto llenarán la tierra entera.

Mi pueblo va mengüando como una marea que refluye rápidamente para no volver a subir jamás. El dios del hombre blanco no puede amar a sus hijos rojos, sino los protegería. Parecemos ser huérfanos que no podemos buscar socorro en ningún lado.

¿Cómo, entonces, podemos llegar a ser hermanos? ¿Cómo puede su dios llegar a ser el nuestro, renovar nuestra prosperidad y despertar nuestros sueños de grandeza que retorna?

El dios de Uds nos parece parcial. Vino al hombre blanco. Nosotros nunca lo vimos, nunca escuchamos su voz. Al hombre blanco le dio leyes, pero no tenía ninguna palabra para sus hijos rojos, cuyos millones una vez llenaban esta vasta continente como las estrellas que llenan el firmamento.

No. Somos dos razas distintas, y debemos quedar así para siempre, con orígenes separados y destinos separados. Existe poco que tenemos en común entre nosotros.

Para nosotros las cenizas de nuestros ancestros son sagradas, y su lugar de descanso final es terreno santo, mientras que Uds van vagando lejos de las tumbas de sus ancestros, y al parecer sin arrepentirse.

Su religión fue escrita en tabletas de piedra por el dedo de hierro de un dios iracundo, para que no la olvidaran. El hombre rojo jamás podría comprenderla o recordarla.

Nuestra religión la componen las tradiciones de nuestros ancestros – los sueños que nuestros ancianos reciben del gran espíritu en las horas solemnes de la noche, y las visiones de nuestros shamanes – nuestra religión se encuentra escrita en los corazones de nuestro pueblo.

Los muertes de uds dejan de amarles y su tierra natal ni bien pasen por los portales de la tumba – van vagando lejos, más allá de las estrellas, son olvidados pronto y no vuelven nunca más.

Nuestros muertos nunca se olvidan de esa hermosa tierra que les dio vida. Siguen amando los meandros de sus ríos, sus grandes montañas y valles abrigados, y siempre quedan anhelando con tierno afecto a los vivos solitarios de corazón, visitándoles a menudo para traerles consejos y sosiego.

El día y la noche no pueden morar juntos. E hombre rojo siempre ha huido ante la venida del hombre blanco, como la cambiante niebla del monte huye desvaneciendo frente al sol resplandeciente.

Su propuesta, sin embargo, parece justa, y pienso que mi pueblo la aceptará y se retirará a la reserva que les ofrecen. Ahí nos quedaremos aparte y en paz, pues las palabras del gran jefe blanco parecen ser la voz de la naturaleza hablando a mi pueblo desde la densa oscuridad que se viene envolviéndolos rápidamente como una espesa neblina que se acerca a la tierra desde un mar de medianoche.

Importa poco donde pasamos el resto de nuestros días. No son muchos. La noche del indio promete ser oscura. Ninguna estrella brillante se cierne sobre su horizonte. Gimen vientos de tristeza a la distancia. Algún destino horrendo de nuestra raza acecha los pasos de hombre rojo. Donde sea que vaya, seguirá escuchando los pasos seguros de su implacable destructor mientras se prepara estoicamente a encarar la muerte, como la cierva herida escucha acercarse los pasos de su cazador.

¡Unas pocas lunas más, unos pocos inviernos – y no quedará ninguna de las grandes multitudes que una vez llenaban esta tierra ancha y ahora vagan en pandillas fragmentadas por estas vastas soledades, o vivían en hogares felices protegidos por el gran espíritu – no quedará nadie lamentando en las tumbas de un pueblo una vez tan poderoso y esperanzado como el de Uds!

¿Pero porqué tendría que arrepentirme? ¿Porqué debiera murmurar sobre el destino de mi pueblo? Las tribus son hechos de individuos, y no son mejores que ellos. Los hombres vienen y se van como las olas en el mar. Una lágrima, un ritual, un cántico fúnebre, y se escapan de nuestros ojos anhelantes para siempre. Es el orden de la naturaleza. Hasta el hombre blanco, cuyo dios hablaba con él como amigo con amigo, no está exento del destino común. Quizás seamos hermanos después de todo. Veremos.

Consideraremos su proposición y cuando decidimos les informaremos. Pero, si la aceptáramos, aquí y ahora yo pongo esta primera condición – que no se nos niegue el privilegio, sin impedimento, de visitar con libertad las sepulturas de nuestros ancestros, amigos y niños.

Cada parte de esta tierra es sagrada para mi pueblo. Cada ladera, cada valle, cada planicie y cada bosque ha sido santificado por algún recuerdo dulce o experiencia triste de mi tribu. Hasta las piedras, que parecen yacer mudas en imponente esplendor, abrasadas bajo el calor del sol en el silencio de la costa, se conmueven al recordar hechos pasados que atañan a mi pueblo.

Los guerreros nobles y madres cariñosas, las doncellas alegres y livianas de corazón, hasta los niños pequeños quienes vivían aquí regocijándose durante un tiempo breve, y cuyos nombres ya son olvidados, todos ellos aman todavía estas soledades y sombríos rincones, que en el crepúsculo del atardecer comienzan a poblarse de sombras y la presencia tenue de sus espíritus.

Y cuando el último hombre rojo haya desaparecido de esta tierra, y su recuerdo entre los blancos haya llegado a ser un mito, estas costas vibrarán con los muertos invisibles de mi tribu, y cuando los hijos de sus hijos se creen solos en los campos, pulperías, caminos o el silencio de los bosques prístinos, no estarán solos. En todo el mundo, no hay ningún lugar dedicado a la soledad. De noche, cuando los caminos de sus ciudades y pueblos están silenciosos y los creerán desiertos, pulularán con el retorno de las multitudes que una vez llenaban y todavía adoran esta hermosa tierra.

El hombre blanco nunca estará solo. Que sea justo, que trate amablemente a mi pueblo, pues los muertos no son del todo exentos de poder.

¿Muertos – dije? ¡La muerte no existe – solo un cambio de mundos!”

1971 - La Version Adaptada

“El gran jefe en Washington nos manda decir que desea comprar nuestras tierras. El gran jefe también nos envía palabras de amistad y buena voluntad. Esto es amable de su parte, pues sabemos que poco necesita nuestra amistad recíproca. Pero consideraremos su ofrecimiento, porque sabemos que de nacerlo el hombre blanco puede venir con armas de fuego y quitarnos la tierra. Lo que dice el jefe Sealth, el gran jefe en Washington puede creer tan plenamente como nuestros hermanos blancos confían en la vuelta de las estaciones. Mis palabras son como las estrellas – no menguan nunca.

¿Cómo pueden comprar o vender el cielo, el calor de la tierra? Esta idea nos parece extraña. ¿Si no somos dueños de la frescura del aire ni del centelleo del agua, cómo podrían comprarnos eso? Decidiremos a nuestro tiempo. Cada partícula de esta tierra es sagrada para mi pueblo. Cada hoja resplandeciente, cada playa arenosa, cada neblina en el oscuro bosque, cada claro y cada insecto con su zumbido, son sagrados en la memoria y la experiencia de mi pueblo.

La savia que circula en los árboles porta las memorias del hombre de piel roja. Los muertos del hombre blanco se olvidan de su tierra natal cuando van a caminar entre las estrellas. Nuestros muertos jamás olvidan esta hermosa tierra, porque ella es la madre del hombre de piel roja. Somos parte de la tierra y ella es parte de nosotros. Las fragantes flores son nuestras hermanas. El venado, el caballo, el águila majestuoso son nuestros hermanos. Las crestas rocosas, las savias de las praderas, el calor corporal del potrillo y del hombre, todos pertenecen a la misma familia.

Así que, cuando el gran jefe manda decir que desea comprar nuestra tierra, es mucho lo que nos pide. El gran jefe manda decir que nos reservará un lugar donde podemos vivir cómodamente a nuestra manera. El será nuestro padre y nosotros seremos sus hijos. Pero no será fácil, pues esta tierra es sagrada para nosotros.

El agua centelleante que corre por los ríos no es sólo agua, sino la sangre de nuestros antepasados. Si les vendemos estas tierras, tendrán que recordar que ellas son sagradas, y deberán enseñar a sus hijos que lo son, y que cada reflejo fantasmal en las aguas claras de los lagos habla de acontecimientos y recuerdos de la vida de mi pueblo. El murmullo del agua es la voz del padre de mi padre.

Los ríos son nuestros hermanos. Ellos calman nuestra sed. Los ríos llevan nuestras canoas y alimentan a nuestros hijos. Si les vendemos nuestras tierras, deberán recordar, y enseñarles a sus hijos, que los ríos son nuestros hermanos – y hermanos de Uds, y de aquí en adelante deberán dar a los ríos el mismo trato bondadoso que darían a cualquier hermano.

El hombre rojo siempre se ha retirado frente al avance del hombre blanco, como la neblina de la montaña se retira ante el avance del sol de la mañana. Pero las cenizas de nuestros padres son sagradas. Sus sepulturas son terreno sagrado, de manera que estas colinas, estos árboles, esta porción de la tierra se encuentra consagrada a nosotros. Sabemos que el hombre blanco no entiende nuestra manera de ser. Le da lo mismo un pedazo de tierra que otro, porque él es un extraño que llega de noche a sacar de la tierra lo que quiere. La tierra no es su hermano, sino su enemigo. Cuando la haya conquistado, sigue su camino. Deja atrás de él las sepulturas de sus padres sin que le importe. Despoja a sus hijos de su patrimonio sin que le importe. Las sepulturas de sus padres y el patrimonio de sus hijos quedan olvidados. Trata a su madre tierra y a su hermano cielo como si fueran cosas que se pueden comprar o vender. Su insaciable apetito devorará la tierra y dejará tras sí sólo un desierto.

No sé. Nuestras costumbres son diferentes de las costumbres de Uds. La vista de sus ciudades hace doler la vista al hombre de piel roja. Pero quizás sea porque el hombre rojo es un salvaje y no comprende. No hay ningún lugar tranquilo en las ciudades del hombre blanco, ningún lugar donde puede escucharse el desplegarse de las hojas en primavera, o el roce de las alas de un insecto. Pero quizás sea así porque soy un salvaje y no puedo comprender las cosas. El ruido de la ciudad parece insultar el oído. ¿Qué clase de vida es cuando el hombre no puede escuchar el grito solitario de la garza o la discusión nocturna de las ranas alrededor de la laguna? Soy hombre rojo y no comprendo. El indio prefiere el suave sonido del viento acariciando el lago y el olor del mismo viento, purificado por la lluvia del mediodía o perfumado por la fragancia de los pinos.

El aire es precioso para el hombre rojo, porque todas las cosas comparten el mismo aliento - el animal, el árbol y el ser humano. El hombre blanco parece no sentir el aire que respira. Al igual que una persona muchos días agonizante, se ha vuelto insensible al hedor. Pero si les vendemos nuestras tierras, deben recordar que el aire nos es precioso, y que el aire comparte su espíritu con toda la vida que sustenta. El viento que le dio a nuestro abuelo su primer aliento también recibe su -último susurro. Y el aire también debe darles a nuestros hijos el espíritu de la vida. Y si les vendemos nuestras Tierras, deben dejarlas aparte y mantenerlas sagradas como un lugar al cual podrá llegar hasta el hombre blanco a saborear el viento dulcificado por las flores de la pradera.

Así que consideraremos su oferta de comprar nuestras tierras. Si decidimos aceptar, pondré una condición - que el hombre blanco deberá tratar a los animales de estas tierras como hermanos. Soy un salvaje, y no comprendo otra manera. He visto mil búfalos pudriéndose en las praderas, abandonados por el hombre blanco quien les disparó desde un tren que pasaba. Soy un salvaje, y no puedo comprender cómo el humeante caballo a vapor puede ser más importante que el búfalo, al que nosotros sólo matamos para poder vivir.

¿Qué es el hombre sin los animales? Si todos los animales desaparecieran el hombre moriría de una gran soledad de espíritu. Todo lo que ocurra a los animales, pronto habrá de ocurrir también al hombre. Todas las cosas son conectadas entre sí.

Deberán enseñarles a sus niños que el suelo debajo de sus pies es las cenizas de nuestros abuelos. Para que respeten la tierra, díganles a sus niños que la tierra es rica con las vidas de nuestros parientes. Enseñen a sus hijos lo que nosotros hemos enseñado a los nuestros - que la tierra es nuestra madre. Todo lo que afecta a la tierra afecta a los hijos de la tierra. Si los hombres escupen a la tierra, escupen a si mismos.

Esto lo sabemos. La tierra no le pertenece al hombre, sino que el hombre le pertenece a la tierra. Esto lo sabemos. Todas las cosas están relacionadas como la sangre que une a una familia. Todas las cosas están relacionadas.

Lo que le ocurre a la tierra le ocurre a los hijos de la tierra. El ser humano no teje la red de la vida, es sólo una hebra de ella. Todo lo que haga a la red, se lo hará a si mismo.

Mas consideraremos su ofrecimiento de ir a la reserva que Uds tienen para mi pueblo. Viviremos aparte, y en paz. Importa poco donde pasamos el resto de nuestros días. Nuestros hijos han visto a sus padres humillados en derrota. Nuestros guerreros han sentido vergüenza, y después de la derrota dedican sus días a la pereza y a envenenar sus cuerpos con alimentos dulces y bebidas fuertes. Importa poco donde pasamos el resto de nuestros días. No son muchos. Unas pocas horas más, unos pocos inviernos, y no quedará ningún hijo de las grandes tribus que habitaban esta tierra o todavía vagan en pequeños grupos por los bosques, a lamentar en las sepulturas de un pueblo una vez tan fuerte y esperanzado como el de Uds. ¿Pero porqué debiera lamentar el paso de mi pueblo? Las tribus se componen de hombres, nada más. Los hombres vienen y se van, como las olas en el mar.

Hasta el hombre blanco, cuyo dios camina y conversa con él como amigo con amigo, no puede quedar exento del destino común. Quizás seamos hermanos después de todo. Una cosa sabemos, que el hombre blanco algún día puede descubrir – nuestro dios es el mismo dios. Uds pueden pensar ahora que son dueños de él como quieren ser dueños de nuestras tierras, mas no pueden. El es el dios del hombre y su compasión es igual para el hombre rojo y para el blanco. Esta tierra le es preciosa, y dañar la tierra es mostrar desprecio hacia su creador. Los hombres blancos también pasarán, tal vez antes de las demás tribus.

Pero en su desaparición, brillarán con luz muy fuerte, encendida por la fuerza del dios que los trajo a estas tierras y por algún propósito especial les dio dominio sobre la tierra y el hombre rojo. Ese destino es un misterio para nosotros. No comprendemos lo que ocurrirá, cuando los búfalos hayan sido exterminados, cuando los caballos hayan sido domados, cuando los recónditos rincones de los bosques exhalan el olor a muchos hombres, y cuando la vista hacia las verdes colinas haya sido cerrada por un enjambre de alambres parlantes - ¿dónde estará la espesura del bosque? Desaparecida. ¿Dónde estará el águila? Desaparecido.

Y, ¿Qué significará el despedirse del velos potro y la caza .......?

El fin de la vida, y el comienzo del sobrevivir.

Podríamos entender si supiéramos qué es lo que sueña el hombre blanco, qué esperanzas les describe a sus niños en las largas noches de invierno, qué visiones les deja quemadas en sus mentes, para que anhelen el mañana. Pero somos salvajes. Los sueños del hombre blanco nos permanecen ocultos. Y, porque son ocultos, seguiremos por nuestro camino. Consideraremos su oferta de comprar nuestras tierras. Si accedemos, será para conseguir la reserva que nos han prometido. Ahí quizás podamos vivir el resto de nuestros breves días como deseamos. Cuando haya desaparecido el último hombre rojo de la tierra, y su memoria no es más que la sombra de una nube que atraviesa la pradera, estas costas y estos bosques todavía contendrán los espíritus de mi pueblo, pues ellos aman a esta tierra como el infante recién nacido ama el latido del corazón materno. Si les vendemos nuestras tierras, ámenla como nosotros la hemos amado. Cuídenla como nosotros la hemos cuidado. Mantengan en mente el recuerdo de cómo está la tierra cuando la toman, y con toda su fuerza, toda su mente y todo su corazón, consérvenla para sus hijos, y ámenla … como dios nos ama a todos.

Una cosa sabemos – nuestro dios es el mismo dios. Esta tierra le es preciosa. Hasta el hombre blanco no puede quedar exento del destino común. Quizás seamos hermanos después de todo. Lo veremos.”

Bestiario

Joanna Macy

La tierra obedeció, y de pronto fértil
parió, dando a luz de una vez millares
incontables de criaturas, formas perfectas
completas y crecidas ...
(J Milton, Paradise Lost, VII, 453)

albatros de cola corta - lobo gris - halcón peregrino - jaguar -

En Ginebra, la cuenta internacional de especies en peligro se llevaba en carpetas de hojas sueltas de papel y llegó a ser demasiado pesada para levantar. ¿Dónde anotamos ahora el paso de seres vivos? ¿Qué funeral o despedida es apropiada?

gaviotín irlandés - pitón de la India - ballena esperma - ballena azul -

Bucéame profundo, ballena hermana, en este tiempito que nos queda – profundo en este océano donde alguna vez nadamos, con bránqueas y aletas. Corre todavía la sal de esos días lejanos en mis lágrimas, mas lágrimas ya no bastan, dame un canto ... un canto, de una tristeza más vasta que mi corazón, de una rabia más salvaje que mi garganta ...

Oso grizzly - oso pardo - cocodrilo del Nilo - cocodrilo americano

Húndeme, cocodrilo, en el barro de donde salí. Guatéame lentamente en la rica sopa primoeval, cuna de nuestras moléculas. Déjame revolcarme de nuevo, antes que drenemos tu pantanal, antes que lo pavimentemos y lo destruyamos por completo.

murciélago gris - cangúru colorado - ganso aleutiano - gaviota de Audouin

Rápido, despégueme, levántame alto sobre la costa y más afuera, más afuera. No bajes aquí, hay petróleo derramado en la playa, rocas, mar. No puedo desplegar mis alas llenas de alquitrán. Vuélame lejos de lo que hicimos, vuélame lejos ...

pingüino de Galápagos - faisán imperial - pantera de Florida - leopardo

Escóndeme entre setos vivos, tejón, ¿No encuentras uno? Cávame in túnel entre hojarasca y raíces debajo de los árboles que una vez definían los potreros. Me arrasaron con maquinaria pesada, araron la tierra de mi corazón. Entiérrame en un escondite más profundo que el anhelo …

torcaza de cola colorada - aguila calva sureña - cóndor californiano - mariposa azul de loto

Arrástrame fuera de aquí, oruga, téjeme un capullo. Envuélveme dormida en una mortaja de seda, donde en paciencia disolverán mis huesos. Esperaré todo el tiempo que dure la creación si solo volviera a suceder … y yo a volar …

nutria de mar - ballena jorobada . foca monje - foca arpa

Mamita, nádame más allá de los tempanitos. ¿Dónde estás? Zapatos aprietan mis costillas, garrotes tamborean mi pelo, el mundo blanco se pone negro con el gusto de mi sangre …

gorila - gacela de arena - ciervo de los pantanos - elefante africano

Balancéame lentamente por la selva. Todavía debe quedar selva en alguna parte, mi corazón está estilando con secretos verdes. Mangueréame en la orilla del charco, quedan perdigones en mi cuero. Cuéntame cuentos antiguos mientras puedes recordarlos.

Bandurria de copete - Gato silvestre - Bailarín de pico curvo - Ave de fragata

En la época en que terminaba su mundo, como el nuestro, Noé también tenía una lista de animales. Lo visualizamos parado al lado del portalón, llamándolos por nombre, pasándo revista en su pergamino. Ahora nosotros también estamos pasándo revista.

Carpintero de pico de marfil - Pelícano pardo - Manatee de Florida - Ganso de las nieves

Actuamos de nuevo el antiguo drama de Noé, pero al revés, como una película que va en marcha atrás, y los animales saliendo …

Hurón - Zarapito - Puma - Lobo

Sus rastros se están poniendo más débiles. Esperen. Esperen. Es un tiempo duro. No nos dejen solos en un mundo que hemos devastado.

CONSIDEREMOS EL PROCESO DE CAMINAR

Conservation Foundation USA, 1973

Para desplazarnos de un lugar a otro, primero tenemos que perder el equilibrio en una caída intencional hacia adelante, que frenamos justo a tiempo con un pie extendido. Así comienzan todos nuestros viajes.

Consideremos, cuánto tiempo nos habrá costado antes de dar el primer paso de todos - con qué lentitud logramos desarrollar el equilibrio fino para caminar sobre dos pies. Y la práctica repetida, una y otra vez, de ponernos de pie lentamente, con infinito cuidado, agarrando alguna rama o tronco para afirmarnos. La sensación inestable de una altura desacostumbrada, una dimensión diferente, superior,del mundo. ¿Y qué decir de las armas y herramientas ahora disponibles para las manos liberadas? Nadie sabe, entre el proceso de ponerse de pie o afirmar palo y piedra, cuál vendría primero - lo más probable es que fue una combinación de los dos, algún proceso entre el deseo y el poder, no muy diferente en sí de ese primer paso de todos - la consciencia inconsciente que es preciso perder el equilibrio, poner en peligro todo lo logrado arriesgando una caida, y salvarse justo a tiempo antes de tocar tierra.

Caerse y dar un paso, moverse y detenerse, igual que el subir y bajar de las mareas, yin y yang, predador y presa - todo en equilibrio pero nada en descanso - surgir y caer del sol, de día y noche, el crecer y menguar de la luna, invierno y primavera, siembras y cosechas. La vida y la muerte, incluso del mismo equilibrio, variando siempre - siempre en vías de llegar a ser otra cosa - no una cosa, sino más bien un proceso - sujeto al proceso y moviéndose - moviéndose, como se mueven los hilos entrelazados en los dibujos ancestrales del telar - moviéndose, como se mueven las hojas muertas a través de su propia descomposición para volver a ser la vida de la tierra - moviéndose, como se mueve la energía del sol por el pasto, silenciosas llamas verdes que pasan a través de los esbeltos animales que se alimentan de su plenitud. En este mismo telar se tejieron las fibras del ser humano, de hilos, texturas y dibujos antiquísimos. Ni separado ni superior, se encuentra atrapado inextricablemente en la red - dentro de la capa ténue del atmósfera, dentro del manto de sus suelos frágiles, dentro del velo de sus neblinas y aguas que escurren, siempre moviéndose camino hacia otra existencia - no una cosa, un proceso, siempre sujeto y siguiendo el proceso del sol, alrededor del sol, debajo del sol, sin cuya radiación terrible no existe alternativa alguna.

Y a veces se olvida, que su necesidad de respirar es más antigua que su ciencia - se olvida, que los maduros frutos de la tierra no le corresponden a él solamente, sino son parte del proceso - se olvida que su carne, sangre y hueso jamás podrán liberarse de suelo, sol y lluvia, pero son parte del proceso - se olvida que humildad significa cercanía a la tierra, parentesco con el suelo, y que esta es una realidad que no admite evasión alguna.

Quizás tenga que llegar a esto - después de destruir los bosques, después de perder el suelo erosionado por agua y viento, después de llenar aire, agua y suelo con los venenos de su progreso, después de todo esto y tanto más - ¿llegará algún día a plantar sus flores plásticas en algun desierto desconocido para celebrar su reverencia por la vida?

Quizás - sólo al inventar flores incapaces de morir, recordará su propia mortalidad, y los límites de la tierra. Pues en ésto también consiste el proceso - descubrir, olvidarse y volver a descubrir que lo que es suficiente sólo se define con la medida de lo excesivo - y así, llegar a frenarnos justo a tiempo antes de caer, al igual que cuando caminamos. Consideremos, entonces, el proceso de caminar - y de la vida.

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EPILOGO

GAIA

Resumen de algunos puntos expuestos en The Revenge of Gaia (La Venganza de Gaia)

(James Lovelock, Penguin, 2006)

Autorregulación

La clave para comprender a Gaia es recordar que toda la vida en la tierra funciona dentro de un sistema de factores limitantes naturales.

Los fenómenos emergentes, como la vida, la conciencia, y Gaia, resisten ser explicados en lenguaje científico tradicional de causa y efecto. La emergencia tiene similitudes con los fenómenos cuánticos de “enredo”, y su comprensión es intuitiva. La lógica llega a ser circular, y la conclusión es más que la suma de las partes. Del conjunto de factores ahora en operación en Gaia surge una nueva propiedad – la autorregulación, una propiedad que comparten todos los seres vivos, los mecanismos … y la vida misma.

Factores Limitantes

Antes de Gaia, los biólogos solo consideraban límites de depredación y alimento. Sin embargo, si una sola bacteria se dividiera y subdividiera cada 20 minutos sin ningún factor limitante, en poco más de dos días su descendencia tendría un peso igual al de la tierra. Ahora sabemos que factores globales como la composición atmosférica y oceánica establecen los parámetros que producen estabilidad. Los ecosistemas naturales funcionan para sostener el clima y las condiciones químicas del planeta. Mientras no asumamos plenamente que la tierra se comporta como un ser vivo, al menos en regulación de clima y condiciones químicas, nos faltará la voluntad de cambiar costumbres de vivir, y comprender que hemos transformado a Gaia en nuestra mayor enemiga.

Termostato

Al agregar CO2 al aire, y dentro de poco duplicarlo, estamos seriamente desestabilizando un sistema que ya casi no consigue mantener la temperatura apropiada. Al agregar a eso la destrucción de bosques, estamos interviniendo en la regulación de temperatura, no solo subiendo la calefacción sino que al mismo tiempo apagando el termostato natural diseñado para controlarla.

Retroalimentacion Positiva

La polución atmosférica actual por gases de invernadero es parecida a la dispersión natural de ellos que ocurrió hace 55 millones de años al comienzo de la época Eocena, cuando la temperatura subió 8 grados Celsius en regiones templadas boreales y 5 en los trópicos, y las consecuencias duraron 200,000 años. El punto crítico, 500 ppm de CO2 según el organismo mundial IPCC, representaría un aumento de unos 3 grados, muy similar a la temperatura que gatillaría el deshielo irreversible de los extensos campos de hielo de Groenlandia. Ahora, cualquier aumento de calor desde cualquier fuente, se ampliará en vez de controlarse, que sería el caso en una tierra saludable. Este fenómeno se denomina retroalimentación positiva. Ejemplos son la desestabilización de los bosques tropicales, algas oceánicas y albedo de glaciares, y la dispersión de gases de descomposición.

Cambios Irreversibles

El umbral crítico para el colapso de las algas marinas y el deshielo definitivo de Groenlandia, es de 500 ppm de dióxido de carbono. Al paso al que vamos, lo alcanzaremos en unos 40 años. Monitoreos actuales acusan una tendencia que puede ser, en nuestra escala de tiempo, devastadora y letal. Es más, probablemente ni siquiera exista un evento determinado que lo anuncie. Los climatólogos estiman que nos encontramos peligrosamente cerca del umbral de cambios irreversibles en la escala temporal humana. La tierra se calienta hasta derretir la moyor parte del hielo de Groenlandia y parte de la Antártica occidental, lo cual haría subir el nivel del mar en unos 14 metros .

Durante la última edad de hielo el nivel del mar estaba 120 metros por debajo del presente. El área reducida del océano era más productiva, puesto que el agua fría favorece el crecimiento de las algas marinas fotosintéticas. Actualmente no puede subir más de 80 metros. Cuando se derrite el hielo marino ártico, el mar oscuro que aparecerá acelerará el deshielo del casquete de Groenlandia. Areas como estas podrán ser futuros centros de una civilización apropiadamente disminuida, y el Océano Artico, lleno de algas, podría proveer la pesca del futuro.

Enfermedad Y Punto Critico

La enfermedad de la tierra es la mayor preocupación humana, puesto que la vida humana depende de una tierra sana. Ella, al igual que nosotros, controla su propia temperatura y condiciones a niveles cómodos, y lo ha hecho permanentemente desde que comenzó la vida hace más de 3 billones de años. En ese período, el sol probablemente entregaba un 25% menos energía que ahora. El planeta era de un color más oscuro, con menos tierra y menos nubes, y hasta 30 veces más CO2 que ahora, lo cual paulatinamente iba disminuyendo debido al creciente efecto de la fotosíntesis. La luz solar era más débil que lo ideal para el desarrollo de la vida. Ahora está sucediendo todo lo contrario. El momento actual se está acercando al punto crítico para Gaia, y el sol calienta más de lo confortable para la vida. Sin embargo, durante la mayor parte de toda su existencia el sistema ha logrado mantener la tierra fresca y optimizar la ocupación de sus nichos ecológicos.

Adictos

Aún si cesáramos de inmediato de envenenar el aire y apropiarnos de tierra y agua para producir alimento y combustible, le tomaría a Gaia más de mil años en recuperarse del daño ya consumado. Como civilización, parecemos ser adictos a una droga que nos matará si continuamos ingiriéndola, y también nos matará si la dejamos. Llegamos a este trance por causa de nuestra propia inteligencia, posiblemente hace unos 100,000 años cuando empezamos a quemar bosques como manera fácil de cazar. Ya dejábamos de ser una especie más, y comenzábamos a destruir la tierra. Ahora que somos más de 6 billones de personas, consumiendo más que la tierra viva es capaz de entregar, Gaia está cambiando de acuerdo con sus propias reglas internas, hacia un estado en el cual nosotros ya no somos bienvenidos. Como una anciana obligada a compartir su hogar con un grupo cada día más numeroso de jóvenes destructivos, Gaia se va enfadando, y si ellos no comienzan a comportarse mejor, los echará de la casa.

Retirada Sustentable

Es demasiado tarde ahora para el desarrollo sustentable. Confiar en que el desarrollo (léase “progreso”) sustentable nos sirva como política viable es como esperar que un paciente de cáncer al pulmón se cure dejando de fumar; ambas esperanzas niegan la verdadera enfermedad – en este caso, la fiebre generada por la plaga humana. Lo que se precisa es una retirada sustentable. Debemos ahorrar energía como sea, pero es más fácil decir eso que hacerlo. No podemos apagar la civilización, tan dependiente de los combustibles fósiles, así no más. Necesitamos la seguridad de un descenso energizado.

Civilización

Las perspectivas son complicadas. Vendrán tiempos duros que nos desafiarán al límite, pero somos resistentes. Es poco probable que el proyectado cambio climático extinga la humanidad completamente. Lo que está en juego es la civilización. Debido a nuestra característica de animal tribal, solo actuamos cuando el conjunto en general perciba un peligro real y presente. Eso no sucede todavía. Nuestro futuro se asemeja al de los pasajeros de un bote que navega tranquilamente arriba de las cataratas de Niagara, sin saber que pronto el motor se apagará.

Amor

Más que nada, necesitamos renovar esa empatía y amor por la naturaleza que perdimos cuando empezó nuestro enamoramiento con la vida en la ciudad.

ESPIRITU DE AMOR

Barbara Denning

Espíritu de amor, que fluye
tocando nuestra propia carne,
haciéndola temblar,
atravesándola como pradera,
borrando cada frontera aceptada,
abriendo puertas en nuestras vidas
de par en par,
canto esta plegaria –
¡Salva nuestra tierra marchita!
Espíritu que desarma nuestros seres –
Ojos caen por ojos ajenos,
Corazones, escapando jaulas de costillas
Entrando raudos en otros cuerpos –
¡Salva esta tierra,
Esta tierra se marchita!
Es ésta mi plegaria.
Espíritu que escucha a cada cual,
Oyendo todo lo que es –
Escucha, escúchanos hasta el final –
¡Inspíranos ahora!
Nuestro mismo pulso late en cada forastero,
También en la florida tierra que pisamos …
¡Enséñanos a escuchar!
Lo oímos en el agua, madera, hasta en la piedra.
Somos tierra, hueso de sus huesos.
Y este canto es plegaria, porque hemos olvidado
Que la tierra se está marchitando

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