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RESTAURANDO LOS BOSQUES DE KRISHNA

traducido en terreno … en Vrindavan

“Krishna criaba las vacas, tocando su flauta por los bosques de Vrindavan, que rebosaban de flores, plantas comestibles y pastoreo. El bosque de Vrindavan estaba tan santificado como la mente prístina del devoto. Estaba lleno de abejas, flores y frutos. Cantaban pájaros, había lagos de aguas tan claras que podían aliviar todas las fatigas. Brisas de aromas dulces soplaban siempre, refrescando mente y cuerpo.” Srimad Bhagavatam.

En Vrindavan, la ciudad de peregrinos, todo el mundo adora a Krishna. Está presente en cada casa y cada tienda. Tiene templos en cada esquina. Unos 20.000 personas viven en Vrindavan, pero dos millones de peregrinos visitan cada año. Vienen no solo a ver a Krishna – pueden hacer eso en sus propios templos u hogares. Vienen a estar donde habita Krishna. Quieren ver su rio, el Yamuna, y bañarse ahí. Quieren ver su cerro, el cerro Govardhan, que él levantó cuando niño, y caminar alrededor de él haciendo rogativas. Quieren ver el lugar en el bosque donde bailaba toda la noche con las gopis, las doncellas de Vrindavan que cuidaban las vacas, entremedio de los florecientes árboles kadamba.

Vrindavan se encuentra en el centro de Vraj, la región habitada por el Señor Krishna. Toda la región ha sido venerada durante miles de años. Queda justo dentro del ‘triángulo sagrado’, que abarca desde Delhi hasta Agra por el Sur y Jaipur en Rajastán por el Oeste. Este era telón de fondo de muchos de los sucesos relatados en el Marabharata, la historia épica de la India. Mathura, lugar de nacimiento de Krishna, a quince kilómetros al Soroeste de Vrindavan, es una de las ciudades más antiguas de la nación.

Si viene a Vrindavan, lo primero que tiene que hacer es revolcarse en la arena. La arena es sagrada porque Krishna caminaba sobre ella. La gente pone señas de la arcilla amarilla de esta tierra en su frente, porque es de la misma tierra que pisaban sus pies. Al portarlos, serán protegidos por él. De tal manera, quizás llevará esa marca, llamada tilaza, en su frente. El primer día, irá a visitar el río, probablemente en Keshi Ghat, donde Krishna se bañó para purificarse después de matar al demonio Keshi. Los peregrinos siguen su ejemplo y se bañan en este río sagrado con el fin de purificarse de todo el karma que han traído de sus vidas anteriores.

Luego, después de visitar algunos templos y recibir prasadam, comida sagrada consagrado a Krishna, normalmente dulces de leche y frutas, irá a uno de los innumerables hospedajes dispuestos especialmente para los peregrinos. Eso, si es que tiene suerte … muchos de los peregrinos terminan durmiendo al aire libre porque falta especio donde quedarse. O se duermen en el vehículo que los ha traído a ellos y toda su aldea desde todas partes de la India.

No dormirá mucho. Muy temprano en la mañana, dos horas antes del amanecer, Vrindavan se despierta. Todos los templos tienen su ceremonia matinal para traer a Krishna a conciencia para el día que comienza. Bañan, visten y alimentan a su forma de deidad. Mientras lo hacen, tocan campanas y los visitas vienen anunciando su presencia con gritos fuertes de ¡Govinda!, ¡Jopinath! y ¡Jaya Radhe! – los nombres de Krishna y su amada consorte Srimati Radharani.

Uno de las cosas más importantes que hará durante su estadía es caminar el parikrama. Cada sitio sagrado Hindú tiene una ruta parikrama, que lo encierra en un círculo. Recorrer el parikrama, o caminar alrededor de un lugar sagrado, es una de las maneras más poderosas de honrarlo. La cicumambulación siempre se efectúa en el sentido del reloj (en el hemisferio Norte). Representa el proceso del vivir centrado en la deidad particular que reside en el centro, el lugar sagrado. La vida espiritual significa que una persona realice su verdadera potencialidad de motivarse y dirigirse a si misma, mientras se mantenga entregada a la energía de fuente divina e interior del verdadero Ser. El círculo es la expresión tanto de ese movimiento como de la quietud – equilibrio entre el movimiento dinámico y la tranquilidad del centro. Representa la combinación equilibrada de la vida interna y externa.

Los auténticos peregrinos a Vrindavan todos realizan el parikrama, normalmente caminando en grupos. A menudo traen a sus niños también. Muchos de ellos lo repiten varias veces. Los residentes a veces resuelven hacer votos de hacer el parikrama cada día, cada semana, cada mes o en días santos especiales. A veces lo hacen miles de personas a la vez. La caminata de once kilómetros alrededor de Vrindavan pasa mayormente por la arena y tierra suelta, y quedan las pisadas de pies desnudas impresas en el sendero. Después de miles de años de práctica, ha llegado a ser tierra sagrada. No es menos que un templo en vida.

Cuando hace el parikrama, será mejor hacerlo temprano en la mañana, antes de la salida del sol, para evitar el calor. Posiblemente decidas comenzar mientras todavía esté oscuro. Para mostrar respeto por esta tierra santa, deberás tratar de hacerlo descalzo (pero cuidado con las piedras). Si este es uno de los días especiales en el mes – luna llena, nueva, o los días entremedio de la creciente o menguante – ya habrá mucha otra gente caminando por el sendero. Todo el mundo camina ligero, hasta las ancianas – y las hay muchas – y mayormente en silencio, excepto por el canto de los nombres del Señor Krishna.

Al caminar por el amanecer se dará cuenta que no todo está en orden en el sendero parikrama. El siglo veinte ha cobrado un fuerte peaje en daños. Donde antes había un sendero por bosques llenos de sombra, hoy en día quedan pocos árboles y muy pronto la arena estará tan caliente que quemará los pies. Hay muchos lugares donde el sendero está contaminado por basura y excremento humano, con un olor muy fuerte. Partes del camino, donde el desarrollo moderno ha construido caminos para autos, son cubiertas de piedrecilla y piedras que pueden cortar los pies. En estos sectores es posible que los vehículos que pasan obliguen al caminante a salirse del camino.

Nadie se queja por tales distracciones. No parecen darse cuenta. Es como si esperaran que sea así como se tienen que dar las cosas. Están absortos en el sentido de la presencia de Krishna que permea Vrindavan entero, sin importar las circunstancias exteriores. Todo se suma a la experiencia, uno supone, del peregrinaje en la India. Tal vez sentirá una tenue sensación de inexpresada tristeza colgada en el aire – como si los árboles y el río, cada vez más dañados, estuviesen anhelando el retorno de Krishna, para volver a poner las cosas en orden nuevamente.

No siempre fue así. Si conversa con los lugareños, se dará cuenta que las condiciones ambientales se han ido deteriorando a ritmo sostenido durante los últimos 30 años. Por supuesto el caso ha sido similar por toda el país, pero es impactante ver que ello sucede en Vrindavan. De todos los sitios, es aquí donde la naturaleza, el hogar mismo de Krishna, es más venerada, y donde uno podría esperar que recibiera el mayor cuidado.

El problema comenzó con el río Yamuna. A ciento diez kilómetros río arriba queda el megalópolis de Delhi, con una población de más de diez millones de habitantes. Dos tercios del suministro de agua potable de la ciudad proviene del Yamuna, y prácticamente todas sus cloacas se vierten en él, mayormente sin tratamiento alguno. A ello hay que agregar la creciente cantidad de efluentes industriales que emiten las fábricas y centrales de energía eléctrica. En toda la extensión del Yamuna entre Delhi y Agra, que incluye Vrindavan, el agua ha sido declarado no apta ni para tomar ni para bañarse. Este hecho propina un golpe mortal al corazón de la cultura de Vrindavan. El agua del Yamuna lava las figuras de Krishna y las deidades en los templos, se toma como bebida purificadora, lava y purifica los pecados de los que se bañan en él, y es el recuerdo eterno de las travesuras de Krishna y su omnipotencia purificadora. Hoy en día los peregrinos ni siquiera pueden bañarse en el río con seguridad. Quedarse mucho tiempo en el agua significa el riesgo de dermatitis.

Una amenaza más lejana pero profunda en el tiempo es el efecto de la deforestación en los montes Himalaya sobre el flujo y caudal del río Yamuna. El alcance y los problemas causados por la deforestación han sido descritos en otro capítulo. Sus efectos sobre el Yamuna han sido de reducir el caudal a una fracción de lo que era habitual, con la consecuencia que las napas subterráneas han bajado, y las vertientes y represas de agua en toda el área se han ido secando. Otro efecto dañino es que la época del monzón trae inundaciones catastróficas que arrastran material fino como lodo y que ha cambiado el cauce del río Yamuna en Vrindavan. Antes fluía alrededor de tres lados de la ciudad, abrazando amorosamente a todos los templos y bosques sagrados. La costanera de Vrindavan está adornada con lugares hermosos de baño, terrazas, bajadas, aleros ornamentales y palacios donde los peregrinos solían bañarse. Actualmente quedan abandonados y derrumbándose, entre las arenas secas y desechos dejados por un río que se bate en retirada. Ahora se encuentra a casi dos kilómetros de distancia de su cauce original, y solo toca la ciudad unos cientos de metros en Keshi Ghat. A cada lado del río se encuentra en continuo aumento una planicie dejado por las inundaciones, un ancho desierto arenoso sin árboles.

¡Y los árboles! Vrindavan, famoso por sus bosques de sagrado kadamba, pipal, tamal, amalaki y vata, ahora se encuentra casi sin árboles. La mayoría de los parques y bosquecillos en los alrededores han sido cortados para dar lugar a la agricultura. Alrededor de la ciudad misma, los pocos árboles que quedan están desapareciendo rápidamente debido al desarrollo irreflexivo y la especulación inescrupulosa. Muchos de los bosquecillos sagrados relacionados con los eventos de la vida de Krishna han desaparecido completamente, y los pocos que quedan se encuentran amenazados. La importancia que tienen los árboles para Krishna, y para toda la conciencia de Krishna en Vrindavan es fundamental. El mismo nombre ‘Vrindavan’ significa bosque de vrinda, la planta medicinal más querida por Krishna. El Srimad Bhagavatam, el libro más sagrado de los devotos de Krishna, nos relata como Krishna y su hermano Balarama entraban en el bosque a pastorear sus vacas. Vrindavan sin árboles es como una madre sin sus niños. Los ciervos y los otros animales del bosque han desaparecido. Hasta los pavos reales, los compañeros infaltables de Krishna en el bosque, están desapareciendo por falta de los árboles maduros que son su hábitat.

La catástrofe final, y quizás la que verá más claramente en su visita, especialmente si viene de Occidente, es el problema de las cloacas. Hasta 1970, Vrindavan empleaba el sistema tradicional en todas las sociedades ecológicas para tratar los desechos humanos. Los baños eran secos, los desechos se sacaban diariamente y se convirtieron en compost. No existe mejor fertilizante – es la mejor solución natural, y es así de sencillo. En 1970 alguien del gobierno local decidió que lo que precisaba Vrindavan era un sistema ‘moderno’ de cloacas. Se hicieron excavaciones profundas y se instalaron conductos debajo de todas las calles, dirigidos hacia el punto más bajo – el río Yamuna – donde iban a ser tratados en una planta de tratamiento de aguas servidas afuera de la ciudad.

Un año después, ocurrió una serie de obstrucciones bajo tierra, que nunca han sido resueltas ni despejadas. Además, se encontró que la capacidad del sistema era totalmente insuficiente – no se habían dimensionado ni el ritmo de crecimiento de la población de Vrindavan ni del impacto de los peregrinos que visitan. Como si esto fuera poco, la cloaca colectora principal nunca se terminó, y la planta de tratamiento nunca fue construida. Como consecuencia, todo el contenido de este sistema inadecuado se vierte directamente en el sagrado río Yamuna, justo arriba del Keshi Ghat. Muchos de los ramales ni siquiera llegan hasta ahí, y sueltan su contenido por acá y allá, donde sea que haya una depresión en el terreno. El resultado es que Vrindavan está lleno de agua contaminada y fuertes olores.

La moraleja es que los sistemas tradicionales que han servido bien por milenios merecen ser mantenidos – normalmente hay buenas razones por las cuales han funcionado bien durante tanto tiempo. Otra conclusión es que el sistema Occidental, desarrollado en ambientes de abundante agua, no es apto para la India. El agua no solo escasea, sino que es tan valiosa que se le considera sagrada. En efecto, debido a la visión Hindú que el agua es por naturaleza sagrada y pura, la tradición Hindú enseña que los desechos humanos nunca deben ser mezclados con el agua. El Manu Smriti dice:

“Uno no debe causar que la orina, mucosa o excremento entre en el agua. Toda sustancia mezclada con estos elementos, o con sangre o con veneno, nunca debe ser vertido en el agua.”

Los Hindúes consideran al agua como un medio potente de purificación, como también una fuente de vigor y energía. Se emplea en todos los ritos sagrados. Es por ello que se pone tanta énfasis en mantenerla pura. El hecho de que Vrindavan se encuentra ahora rodeado por todos lados por aguas contaminadas – el Yamuna por un lado, y el efluente humano por todos los demás – constituye una profunda afronta a su bienestar y función como lugar de purificación y revitalización.

¿Cómo podría haberse producido esta situación? Si a los hindúes, y sobre todo a los devotos de Krishna, son tan importantes los árboles, ríos, agua y animales, ¿Como pueden haber dejado que estos hechos suceden?

Una parte de la respuesta sin duda se encuentra en la negligencia; la población, el gobierno local, y los peregrinos que visitan podrían haber hecho más. Pero existen otras razones más de fondo que han contribuido.

Satish Kumar indica que por más de dos siglos los Indios fueron enajenados de su propia cultura por la educación inglesa. Se les instó a pensar de manera Occidental, y a valorar lo que se valora en Occidente. Sus propios valores fueron relegados a un lugar secundario. En muchos casos ya ni saben cuales eran estos valores ni por que razón se mantenían porque ya no se están enseñando. La familia, la cuna del aprendizaje en la sociedad hindú, se está debilitando como resultado de la migración de la aldea a la ciudad y la consiguiente confusión causada por la vida moderna.

Gandhi hacía advertencias en contra de las consecuencias de la industrialización, que él aseguraba traería la ruina a la India. Muchas de las fuerzas que atentan contra el medio ambiente en Vrindavan son resultados de esa industrialización y del estilo de vida Occidental. La India de las aldeas fue arrasada por la invasión del transporte motorizado y las comunicaciones modernas en las décadas del 70 y 80. El entorno social había cambiado poco en mil años, y estos hechos han generado tremendas tensiones y contradicciones. Buses turísticos y camiones de alta velocidad comparten los caminos con peatones y carretas de bueyes. La televisión expone a los ingenuos aldeanos a las presiones sofisticadas del mercantilismo masificado aprendidas en Occidente, tentándolos con estilos de vida ajenos a su realidad. Los tractores nuevos en los campos presagian la deforestación en aras de la agricultura masificada. El peregrinaje está siendo reemplazado por el turismo. La nueva clase media adinerada de Delhi ahora construye hogares de retiro en Vrindavan, que permanecen vacías en las mejores tierras. Estos son los cambios que temía Gandhi.

Con este telón de fondo, también conviene recordar que durante más de mil años los que gobernaban la sociedad hindú no eran hindúes. Durante 800 años musulmanes gobernaban desde Delhi. Todos los alrededores, incluyendo Vrindavan, llevan las profundas huellas de este régimen que, lejos de fomentar la cultura hindú a veces la suprimía con rigor. A continuación los británicos, empleando su forma más sutil de tiranía, convirtieron a los hindúes en ciudadanos de segunda clase en su propia tierra. Estos procesos de subyugación extranjera han impactado negativamente en el sentido de autonomía e independencia de un pueblo que ha sido gobernado por forasteros durante más tiempo que otras naciones han tenido que aguantar. Es por ello que Gandhi decía que la India no alcanzaría su verdadera independencia hasta que su pueblo descubriera el swaraj – el poder del auto-gobierno – dentro de ellos mismos. Ese día todavía no llega.

La India se encuentra en una encrucijada. En 1990, un informe de la organización WWF dijo, “El tiempo se agota. A menos que se logren medidas inmediatas para que cada niño, mujer y hombre de la India sea socio además de beneficiario del movimiento de la conservación, atestiguaremos en silencio una de las mayores tragedias biológicas de la historia humana.” Algunos dicen que dicha tragedia ya está en desarrollo (1992).

Por toda la India, la gente se encuentra enajenada de su entorno natural y han olvidado los valores ecológicos honrados tanto tiempo por su cultura. Se precisa una señal de advertencia al país entero sobre la destrucción del medio ambiente y su significado para el futuro. Si pudieran ver puestas en práctica en Vrindavan – uno de los sitios más sagrados de la India - sus tradiciones ecológicas de higiene, vida sencilla y respeto por la naturaleza, se darían cuenta que estas tradiciones siguen muy vigentes.

En todo el mundo hay gente trabajando para revertir la marea de contaminación ambiental que está ahogando el planeta, y sus esfuerzos comienzan a tener influencia en los procesos devastadores del desarrollo y comercio internacional. Existen indicios de éxito. Sin embargo, para que exista una esperanza real de una vida humana sana en la tierra, no será suficiente hacerle arreglos al sistema ahora predominante. Será necesario encontrar una nueva manera de comprender nuestro lugar en el mundo y la vida.

Posiblemente el mensaje más profundo – y más sencillo – que se puede extraer de la tradición espiritual Hindú es el valor de la vida simple. La civilización Occidental ha creado el culto del consumidor. La realización del ser humano ha llegado a ser medida en términos de pertenencias. La persona que tiene más cosas es la más avanzada. La persona que viaja a pie es inferior a la que viaja en avión.

En contraste, la realización en la tradición hindú significa la realización del espíritu humano. La vida humana, dice el Sutra Vedanta, tiene el propósito de comprender el espíritu, que es la única vía hacia la plena realización. En la tradición hindú, la persona que toma y que tiene menos es la persona respetada. Una sociedad que mantiene el valor de la vida interior no codicia la riqueza material como medio de alcanzar la felicidad.

En Occidente, hemos desarrollado un estilo de vida que ni la humanidad ni la tierra misma puede sostener – de consumo sin pensar en el mañana. Es una sociedad de vida sofisticada pero de filosofía primitiva. Es preciso plantear preguntas fundamentales sobre la forma en que organizamos nuestras vidas, preguntas que exigen respuestas honestas. Es más que evidente que Occidente precisa de un estilo de vida más sencilla, pero para que sea sostenible en el tiempo, tal estilo de vida deberá ser fundamentado en una ética de mayor profundidad que la actual. Es por ello que tienen tanta importancia los valores espirituales. La gente aceptará el cambio cuando ven algo mejor. En el momento en que la sencillez se valora como un paso necesario hacia la realización humana, la gente comenzará a querer vivir de manera más sencilla.

Todas las religiones del mundo dicen que el materialismo no funciona – que la vida de sencillez es la indicada. El ‘estándar de vida’ más alta es la más sencilla. Eso ha sido siempre el camino hindú – el camino de la vida sencilla, y pensamiento elevado.

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